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Por otra parte, Andes considera muy importante que “A mayor cultura y encumbramiento, mayor cortesía y humildad” (norma 4). Sucede muchas veces que el ascenso marea a ciertas personas con “algunas hilachas de conocimiento o niveles de ascenso social y político”, desorientándolas y ensoberbeciéndolas a tal punto de creerse “reyezuelos con el mundo a sus pies”, clientelistas y gustosos de “servil adulación”. Estas personas devienen en caudillos arrogantes. Víctor Andes es mordaz ante esta situación: “el éxito no es credencial de soberbia e intolerancia”. Y nos da un ejemplo de esta desviación:

En efecto, en cierto lugar existe un c. llamado Lucrecio, con cierta formación cultural y política, que llegó a asumir la principal responsabilidad administrativa de una empresa agroindustrial, con el concurso del Partido y del UNIR. Asumió tal responsabilidad después de ser dirigente sindical y político. A pocos meses de presidir la administración devino en soberbio, pedante, despectivo, evadía el control colectivo y las reuniones orgánicas, so pretexto de “mucho quehacer”, “que perdía tiempo”. Terminó siendo autoritario y despótico. En la administración fomentó el dispendio y la ostentación, hasta entró en conflictos familiares por conductas “donjuanescas”. Así fue burocratizándose y aislándose de los trabajadores, del UNIR y del Partido. A esto se sumó errores administrativos, acusaciones de malos manejos económicos, la conspiración de los enemigos de la industria que buscaban liquidarla, etc. Todo esto condujo a la destitución del cargo jerárquico que ocupaba.  Pero llegó a algo peor: lo subrogaron del centro de trabajo sin beneficios sociales alguno, ante la total indiferencia de los trabajadores (párr. 19).

Hoy es un vendedor ambulante más, que no se repone bien de la ceguera producida por la soberbia caudillista y sectaria, por el engreimiento y la ingratitud, por la falta de sencillez y el espíritu solidario.  Esto ocasionó una gran frustración a los trabajadores y desprestigio de la izquierda y del Partido (párr. 20). 

Al analizar el caso, Andes señala que las causas de la degeneración de Lucrecio fueron las deficiencias ideológicas, políticas y técnicas: descomposición ideológica, falta de una oportuna fiscalización partidaria y nuevas condiciones ocupacionales. El fracaso de Lucrecio no solo fue personal, también fue del aparato partidario, reflexiona. Sabe bien que “no es el primer Lucrecio que aparece, ni será el último”. De la experiencia negativa extrae una moraleja: “Todo acto y palabra que resta la confianza y afecto de las masas y del Partido conducen al fracaso y a la ruina”. Por ello, “la sencillez, la afabilidad, la práctica solidaria, la reciprocidad andina, deben ser el lenguaje de una cultura superior y de quienes llegan a la cima del éxito”.  Debemos “tratar a los demás como queremos que a nosotros nos traten”. Así también, se forja el hombre nuevo y se promociona el proyecto.

La situación descrita líneas arriba nos lleva a tratar un tema de importancia especial para la institucionalidad partidaria de Patria Roja: los estilos de dirección y de trabajo interno y externo. En un manuscrito titulado “Sobre el caudillismo”, Víctor Andes señala:

El caudillismo individualista y utilitario no contribuye a desarrollar los cuadros nuevos ni acrecentará la organización en el seno de las masas trabajadoras ni edificará el frente único lo más amplio posible, pero cómo forjar el frente único en el ámbito político si los propios comunistas en general no saben unirse con sus mismos cc.; si por delante solo tienen el mío y no el NUESTRO. Si solo saben utilizar, manipular y liquidar es imposible construir el frente único si no se pone por delante lo colectivo, lo patriótico, la prosperidad y la integral transformación de la sociedad deponiendo las mezquindades subalternas del individualismo. Las clases dominantes del Perú carecen de altruismo y de formas patrióticas; no los anima eso: la vocación emprendedora; ni luchan por un Perú grande que aspiraron nuestros héroes y mártires. Los ricos del Perú, afirma Macera, temen a los héroes.

Finalmente, y, como diría José Carlos Mariátegui, la conquista del hombre no solo debe ser del pan, sino también de la belleza, Andes también gustaba de la poesía. Si bien no escribió poemas propios, se sabe que hizo algunos “arreglos” a sendos poemas de autores cuyos textos podrían guardar algún mensaje importante para la causa revolucionaria. Es el caso del poema Madre del peruano Federico Barreto. Los arreglos los podemos observar en negrita y subrayado.

El revolucionario y la familia

La vida del ser humano es el camino del individuo, la familia, el grupo y la sociedad. Como toda especie gregaria, está “motivado” a juntarse, a reunirse con otros semejantes para garantizar la subsistencia. Las ciencias sociales dan cuenta de la enorme importancia de la familia para el individuo y la sociedad. La sociedad es el mecanismo que permite la supervivencia de la especie, así como la familia es el mecanismo que permite la supervivencia del individuo (Silva Santisteban, 2018). La familia es el primer agrupamiento de nuestra especie. He aquí su importancia: genera lazos y estrecha las relaciones humanas, distribuye los roles y divide el trabajo, canaliza la sexualidad y la reproducción. Para efectos prácticos, la familia continúa siendo el mecanismo de supervivencia del individuo por excelencia.

Víctor Andes conoció a la mujer que sería su compañera de vida, de ideas y madre de sus hijos en la ciudad de Tumbes. Fueron circunstancias particulares. Distinto a lo que podríamos pensar, no se conocieron en una reunión social o alguna festividad urbana o pueblerina. Se conocieron en una actividad sindicalista, en la que Andes estuvo destacado para cuestiones de organización y dirección. Luisa Espino Rodríguez, su esposa, nos cuenta:

“Muchos jóvenes en esa época se conocían en una fiesta, en el cumpleaños del amigo o en un baile social, pero nosotros nos conocimos en la lucha. En Tumbes realizábamos una Convención Regional del SUTEP, yo ya trabajaba en la docencia, yo tenía en ese tiempo 23 o 24 años más o menos y era egresada del Indoamérica[1]. Entonces yo lo conocí allá en Tumbes, más o menos fue el año 1978 y, ¿cómo es la vida no?, en pocos meses nos juntamos” (entrevista 3,2011).

De la unión de esta pareja, nacieron cuatro hijos: dos varones y dos mujeres. En este caso, ambos contribuyeron al sostenimiento familiar, sea con el trabajo asalariado, sea con el autosostenimiento, sea con el apoyo de la familia extensa de ambas partes. La reciprocidad y solidaridad será siempre la “marca de agua” de las familias peruanas en todas las temporadas.

En 1979 fui subrogada. Éramos 60 profesores subrogados… estuvimos un año sin sueldo. Eso sucedió en Tumbes… hicimos muchas luchas, marchas, tomas de locales. Tomamos el consulado de Ecuador, y dentro de todos aquellos maestros que tomaron el consulado estaba una mujer que era la que hablaba… Fue algo muy bonito esa parte: nadie sabía que, en ese consulado, que paraba resguardado las 24 horas del día, lo hayamos tomado. Nadie lo creía, ni los mismos guardias que se habían asustado. Fue un grito al cielo que salpicó a los medios internacionales. Ellos nos sabían cómo se tomó el consulado. En esas vicisitudes nos habíamos conocido con el compañero. Yo recuerdo que salió una nota que lo recortó y lo guardó. En el Comercio había salido “Profesores de Tumbes toman el consulado de Ecuador” … o algo así (entrevista 3, 2011).

Para fines de 1979 la pareja decide trasladarse a Trujillo, y allí empieza su historia familiar.

La dedicación a “tiempo completo” al trabajo político por parte de Víctor Andes no fue motivo para el “abandono o la ausencia permanente” del hogar y sus hijos. Fue un padre siempre presente. Doña Luisa, lo recuerda así:

(…) a pesar de su intenso trabajo político partidario no descuidaba su casa, a sus hijos. Cuando eran pequeñitos venía, los bañaba, hasta ayudaba a lavar los pañales. Él se dedicaba al hogar a atender a sus hijos. (…) Compartía las tareas del hogar en los momentos que se encontraba en casa, (era) cariñoso y estricto con ellos. Los hacía leer el poema de Christian Barnard “¡Si piensas que estás vencido, vencido estás! (…), y el poema de Federico Barreto, “Madre mía”, claro con algunas modificaciones que él le hizo. Cuando llegaba de viaje siempre les traía algo: frutas, algunas golosinas o algunas prendas de vestir. Ah, compró el libro “Yo soy el Diego”, porque mis hijos desde niños estaban en una academia de fulbito del barrio “Los años maravillosos” y jugaban siempre. Y ese libro lo compró para que comparen y saquen lecciones de la vida de un gran jugador (entrevista 3, 2021).

Hay una anécdota que doña Luisa recuerda con especial atención:

En Moro, un distrito de Chimbote, donde yo trabajaba en el magisterio, sucedió un desastre natural: las lluvias ocasionaron el desborde del río, cierre de carreteras y bloqueo de puentes. El pueblo quedó aislado, (por lo que) la población se organizó para restablecer una vía alterna… Todos fuimos a contribuir con la población… (Fui) con mi hija Micaela que ya estaba de dos añitos, yo ayudando en el preparado de los alimentos, mientras los hombres construían la vía alterna. En ese proceso él estaba viniendo hasta el tramo que dejaban los autos de Chimbote y allí nos encontramos. Fue una sorpresa muy agradable. Se unió al trabajo y como ya lo conocían fue halagador para ambos, porque siempre con él nos unió y nos une un lazo de solidaridad hacia el pueblo, porque somos parte de él, de sus luchas (entrevista 3, 2021).

Las ideas asumidas por una persona, puede que no siempre sean compartidas por su entorno más inmediato como es su familia. Aún más con las ideas políticas:

Ocurre como con muchos camaradas, la familia no puede conocer e identificarse con las ideas, desconocer el trajinar que se realiza, pero el respeto y afecto que brindan los convierte en una gran fuerza de apoyo y reserva, porque intuyen que se actúa con desprendimiento, honestidad y coherencia. Sus padres y hermanos, podrían tener retazos de su vida, pero bastaba ello para tenerle absoluta confianza (entrevista 1, 2021).

Para su familia, Víctor Andes es un modelo de estudio, de perseverancia y de energía. Sienten “cariño y admiración” por lo que ha hecho por su patria, aunque no se conozca mucho su historia. Una frase de Víctor Andes dejó grabada en la memoria de su hermano es: “La vida es para el pueblo y la revolución” (entrevista 2, 2021).

Dos pasos atrás…

Los hombres nacen, crecen, se reproducen y viven. Es el curso natural de la vida; un trance insoslayable. Como todo ser humano, llega un momento en que el vigor de la juventud va cediendo lentamente a las reflexiones y dolencias de la edad madura y el anuncio de un postrer retiro. Es una etapa inquietante para las personas acostumbradas a los trajines de la militancia partidaria y el trabajo político y de masas, como es el caso de los veteranos militantes comunistas de Patria Roja de fines de los años 60 y las décadas de los 70 y 80. Nos referimos a aquellos hombres y mujeres que desde su primera juventud dedicaron sus mejores años y se “jugaron la vida” por la construcción partidaria para edificar una sociedad nueva: clandestinidad, persecución, prisión, destierros, atentados, querellas, broncas de puño limpio, arma blanca o de fuego, debates, hambre, largas caminatas, amarguras, alegrías, tristezas, decepciones… y mucho más. Todo ello hace estragos en la salud de cualquier ser humano. Y los comunistas son seres humanos.

Muchas veces, tratamos de ignorar las señales de alerta de nuestro organismo. Pero llega un momento en que “todo lo vivido se empoza y pasa factura”. A pesar de los esfuerzos por contradecir la naturaleza, a veces es tarde. En junio de 2008, Víctor Andes decae producto de una enfermedad progresiva y multisistémica. El veterano militante comunista, tras innumerables jornadas de lucha política y social se detiene. Su última participación oficial fue en 2010, invitado al acto inaugural del VIII Congreso Nacional de Patria Roja:

La enfermedad de Víctor Andes es producto de la vida. Disponer toda la vida y no prestar debida atención a la salud. Es diabético. Pensaba, talvez que nunca le pasaría factura. “Los militantes somos de acero inoxidable” era dicho común. Su enfermedad es muy compleja y requiere de tratamiento oportuno y sostenido; entonces, diversas circunstancias incidieron en su desatención. Para él fue un tema secundario. Es preciso señalar que, en ningún instante su Partido dejó de preocuparse sobre su salud y bienestar… su familia siente gratitud por ello (entrevista 1, 2021).

Hoy en día, Víctor Andes está en otra etapa de su vida: sus días transcurren en compañía de sus seres queridos, “cuida su salud y apoya en las diversas labores del hogar”. Ocasionalmente acompaña a Luisa en algunas actividades partidarias, siempre “expresando su alegría al saber del Partido y de sus camaradas. Solo él puede sentir la magnitud de lo que ello representa”. A pesar de todo, el camarada Víctor Andes no ha dejado de ser un referente de militante comunista ejemplar.

A manera de conclusión

Víctor Andes es un hombre de Partido. Un militante comunista disciplinado, orgánico e institucional. Fue un líder nato que formó a varias generaciones de líderes políticos y sociales y los orientó a luchar por las causas populares. Su trabajo partidario comprendió las aulas escolares y universitarias, el campo popular, principalmente en las organizaciones campesinas ronderas y los frentes de defensa; y el desarrollo partidario integral. Es recordado por sus camaradas con respeto y admiración, cariño y solidaridad; es considerado por el pueblo rondero como un padre, un maestro, un líder defensor de los derechos a la vida y la dignidad y por la gente del pueblo que lo conoció: un hombre inteligente y de respeto. Un hombre de su tiempo.

Los hombres que luchan toda su vida son indispensables, señala una máxima de Bertolt Brecht. Es la verdad. Sobre todo, en estos tiempos en que la política está tan venida a menos, tan desprestigiada. Rescatar historias y reconocer trayectorias como la de Víctor Andes debe ser una prioridad institucional. La historia de este veterano militante comunista es una parte de la historia del Partido Comunista del Perú – Patria Roja, y la historia de Patria Roja es una parte de la historia de la izquierda peruana, y también una parte de la historia del Perú. Las nuevas generaciones deben saber que entre nosotros también han existido hombres heroicos que han dado y siguen aportando lo mejor de ellos para que nos heredemos un mundo distinto: más humano, más fraterno y más habitable. Hombres que hicieron política, la más humana y revolucionaria: la del servicio al pueblo, a los más vulnerables, de la transformación social con dignidad. Que la memoria institucional no se pierda en mezquindades supinas, depende también de nosotros.

Wilmer Valverde Rodríguez[2]

Antropólogo Social por la Universidad Nacional de Trujillo, Magíster en Gestión Pública por la Universidad César Vallejo. Investigador y docente universitario. Contacto: [email protected].

Referencias

Andes Gonzáles, Alfredo. (marzo de 2005). Mi ingreso al partido. El Militante. Boletín interno del Comité Central del Partido Comunista del Perú – Patria Roja.

Confederación General de Trabajadores del Perú. (febrero de 2021). Historia. http://www.cgtp.org.pe/

Huber Stephens, Evelyne. (1983). El gobierno militar peruano, la movilización obrera y la fuerza política de la izquierda. Cuadernos Políticos, 37, 81-104.

Lenin, V. I. (1975). ¿Qué hacer? Problemas candentes de nuestro movimiento. Edición en Lenguas Extranjeras, Pekín 1975.

Meza Aguirre, Gilberto R. (2015). Lecciones de las luchas y conquistas del SUTEP. https://sutep.org/

Moreno Rojas, Alberto. (2008). Democracia directa y estrategia revolucionaria. 4ta edición. Ediciones Patria Roja.

Partido Comunista del Perú – Patria Roja. (febrero de 2021). Vigencia del partido.  https://patriaroja.pe

Silva Santisteban, Fernando. (2018). Antropología. Conceptos y nociones generales. (1ª edición digitalizada. Lima: Fondo Editorial de la Universidad de Lima.

Sindicato Unitario de Trabajadores en la Educación del Perú. (febrero de 2021). Historia del Sutep. https://sutep.org/

[1] Se refiere al Instituto de Educación Superior Pedagógico Público “Indoamérica”, hoy convertido en Escuela de Educación Superior Pedagógica Pública.

[2] Antropólogo Social por la Universidad Nacional de Trujillo, Magíster en Gestión Pública por la Universidad César Vallejo. Investigador y docente universitario. Contacto: [email protected].

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