En el verano de 1989 Francis Fukuyama publicaba en la prestigiosa y muy conservadora revista The National Interest la tesis principal de su obra cumbre ¿El fin de la historia? Donde exponía que ante el colapso del bloque soviético terminaba la confrontación entre dos maneras de entender el mundo, el comunismo soviético y las democracias liberales, siendo estas últimas las vencedoras de la contienda, dando por finalizada la evolución ideológica de la humanidad, donde la única forma de establecer relaciones socio-político-económicas es dentro del marco del capitalismo.

La caída del bloque soviético en la década de los noventa del siglo pasado produjo una profunda crisis en las escuelas de pensamiento marxistas de todo el mundo, dejando el campo libre para que los liberales económicos impusieran sus tesis económicas en todo el mundo. Comenzaba el trabajo de destrucción de todos los derechos duramente conseguidos desde la aparición del movimiento obrero.

La realidad resultante de la caída del Bloque Soviético ha sido ampliamente estudiada y analizada por parte de distintas corrientes ideológicas, son muchos los ensayos filosóficos, económicos y políticos, que con más o menos acierto, han analizado la situación actual.

Mientras tanto, la población mundial ha asumido la realidad sin oponer resistencia, sin un horizonte al que avanzar, la implantación del capitalismo global (globalización) se ha instaurado como un martillo pilón en todo el planeta.

Existen corrientes alternativas ideológicas al capitalismo, como el propio Fukuyama reconoce en su ensayo, pero no revisten el suficiente atractivo para que puedan convertirse en un catalizador de masas.

Por otro lado, el espectro ideológico se ha reducido tanto por el sector de la izquierda, que lo que hace cincuenta años estaría enmarcado dentro de un “centro-izquierda” político, hoy son vistos como radicales jacobinos que pretenden acabar con el sistema, y aunque siguen existiendo grupos de resistencia “anticapitalistas” es necesario saber que el objetivo no es, y no puede ser, derribar el capitalismo, sino “superar” al capitalismo, dirigiéndonos a una sociedad “postcapitalista”.

Hace treinta años que la historia, si no ha finalizado, como sugiere Fukuyama, se puede decir que está pausada, es la hora de volverla a “echar a andar”.

Como hemos dicho anteriormente, la realidad ha sido analizada desde mil y un prismas, se han detectado los puntos flacos y fortalezas del sistema, se ha puesto la voz de alarma en las distintas consecuencias ecológicas, económicas y sociales al que nos aboca el sistema capitalista, pero aún no ha surgido una teoría que ilumine un nuevo horizonte donde se establezcan nuevas relaciones humanas. El análisis debe de dar paso a la transformación, de no ser así es un trabajo incompleto.

La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, para caminar.

Eduardo Galeano

Manuel Carmona

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