Me gustaría comenzar este artículo aclarando que mi intención no es posicionarme frente a unos ciudadanos “víctimas” y otros “verdugos”, no se trata de justificar el racismo y la xenofobia que intentan escudarse tras el nacionalismos que, en mi opinión, fomentan algunos grupos de poder entre los y las dominicanas, ni se trata de victimizar a la población haitiana y olvidarse de la miseria en que sus propios políticos han sumido esta nación, se trata de dejar claro que los y las ciudadanas de ambas naciones tienen derechos y deberes y que es responsabilidad de los gobernantes de ambas naciones garantizar esos derechos.

Cómo empezó todo

katia 1Se podría decir que las relaciones entre Haití y República Dominicana han estado históricamente marcadas por la confrontación. Uno de los hechos más relevantes ha sido que la independencia dominicana no ha sido de la colonia española, sino más bien de Haití, quienes ocuparon el territorio dominicano durante un período de 22 años, por lo que en etapas posteriores se ha seguido alimentando, desde diferentes esferas del poder la eterna amenaza de la invasión haitiana, a la parte dominicana de la isla. Aunque durante el siglo XX las relaciones han tenido etapas de amistad e intercambio, también han estado marcadas por confrontaciones y conflictos políticos, que enturbiaban las relaciones de paz entre ambos países.

Los límites fronterizos entre ambas naciones fueron resueltos durante el siglo XIX y se reafirmaron con el tratado de 1929, que facilitó las relaciones de paz entre ambos. Pero los gobiernos dictatoriales, de ambos países, insistieron en tratar las relaciones como si siempre estuvieran a punto de enfrentarse.

Durante el mandato del dictador Rafael Leonidas Trujillo (1930-1961) se elaboró un discurso anti-haitiano, que contribuyó a la producción de prejuicios y estereotipos (que han perdurado en el tiempo), además del constante rumor de expansión haitiana, dándole un carácter peligroso a una inmigración haitiana que apenas comenzaba y que se atribuía a una supuesta estrategia de “re-ocupación del territorio dominicano”. Esta situación llegó al extremo cuando en 1937 Trujillo ordenó la matanza de haitianos, con el fin de erradicar la población haitiana en territorio dominicano, en lo que se conoce como “la masacre del perejil”.

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Durante el gobierno de Juan Bosh, hubo una crisis que se desató por el ataque de las tropas milicias de Duvalier a la Embajada dominicana en Haití en el año 1963 lo que hizo que el gobierno de Bosh rompiera relaciones con la nación haitiana.

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Con la llegada de Balaguer al poder, en el año 1966, se mantuvieron “relaciones de armonía” con el gobierno haitiano, ya que Balaguer fomentó la importación masiva de trabajadores haitianos, con la firma de acuerdos entre ambos países, de los que se beneficiaban mutuamente, tanto el tirano de Duvalier como Balaguer (a quien también se le podría catalogar como tirano). En este período se fomenta la prevaricación de funcionaros de inmigración y aduana (de ambos lados de la frontera) para facilitar los desplazamientos. La inmigración irregular no tenía ningún control en la frontera de ambas naciones, facilitando así la mano de obra barata, en la que los empresarios no tenían que invertir en recursos de salud, seguridad social, salarios justos, etc.katia 4

Durante los años 80, los cambios políticos en ambas naciones marcan también un giro en las relaciones entre los dos países, caracterizado por un fuerte tensión en el plano migratorio y en los intercambios comerciales realizados en la frontera. La tensión entre ambas naciones se agudizó durante el segundo mandato de Balaguer, ya que el presidente Aristide denunció ante la ONU el trato de esclavitud que recibían sus conciudadanos que trabajaban en el sector azucarero. Balaguer también estuvo presionado por la comunidad internacional ya que, al parecer, apoyaba a los golpistas contra Aristide.

Durante los sucesivos gobiernos de Haití y República Dominicana se firmaron acuerdos bilaterales con el fin de mejorar las relaciones entre ambas naciones, pero siempre se ha mantenido la idea de que la nación dominicana está siendo invadida por la población haitiana, sobre todo por grupos de poder en la nación dominicana, mientras en Haití, había grupos de poder que alimentan el odio y el rechazo hacia la nación dominicana.

Conflicto actual

El último episodio conflictivo enciende la mecha de un conflicto que siempre ha estado latente: durante el mes de junio de 2013 Haití prohíbe la importación de pollos y huevos desde la nación dominicana, alegando un brote de gripe aviar en la parte dominicana, con unas pérdidas de alrededor de dos millones de dólares, según las asociaciones de avicultores dominicanos. Posteriormente, en el mes de julio el gobierno de Haití prohíbe también la importación de plásticos desde la parte dominicana de la isla, alegando que no eran de buena calidad y que su país intentaba reducir la contaminación de plástico en sus aguas.

Vigilia - Ayuno JCE.Como respuesta, en septiembre de ese mismo año, el Tribunal Constitucional de República Dominicana emitió una sentencia que establece que los hijos de todos los extranjeros “en tránsito” nacidos en la nación dominicana, después de 1929 no se considerarían dominicanos, dándole a la Ley del 29 un carácter retroactivo. Esto perjudicaba enormemente a la población haitiana asentada en República Dominicana, ya que los tratados firmados en aquella época le daban un carácter “de tránsito” a los inmigrantes que llegaran a trabajar al lado dominicano de la isla. En respuesta a esto Haití retiró a su embajador designado en República Dominicana. Desde ese momento se desata una política de acusaciones entre ambas naciones, utilizando ambas la estrategia del nacionalismo para enaltecer el racismo de unos ciudadanos contra otros.

Mientras se cuecen todas estas tramas políticas hay ciudadanos, en ambos lados, que han intentado vivir en armonía y han sabido ser receptivos en los momentos de desgracia en cualquiera de las dos naciones. Sin embargo, no es menos cierto que el discurso político que cala constantemente es el de invasión (al territorio dominicano por parte de los haitianos) o el de racismo y xenofobia generalizados de los/as dominicanos hacia los haitianos. Lamentablemente no puede negarse que hay un racismo histórico en buena parte de la nación dominicana hacia la población haitiana, ya que es la nación de la que se independizó y de la que se escucha constantemente que los inmigrantes se apoderan de los recursos públicos, ocupan plazas de trabajo y contribuyen a empeorar la situación socio.-económica de una nación que es ya de por sí empobrecida. Pero todo esto no deja de ser parte de ese discurso que intenta vender la idea de un “Estado-nación” dominicano, cuya identidad y soberanía se ve amenazada por la presencia de inmigrantes haitianos, pero ¿Se pone a todos los inmigrantes que habitan la nación dominicana en la misma balanza que a los haitianos? Como en todas partes, depende de la nación de la que se emigre y el estatus de esos emigrantes, serán emigrantes de primera, segunda, tercera o ínfima categoría en la escala social.

Dice Michel Foucault que “el discurso es aquello que nos permite hacer declaraciones verdaderas o falsas. Que consta de un conjunto de reglas discursivas que determinan lo que es posible conocer o lo que es posible concebir, fijando los límites de lo que hacemos y de lo que pensamos. Entre las reglas se encuentran las de exclusión (que nos dicen lo que no puede ser incluido), las de clasificación (con las que catalogamos cosas y atributos) y las de orden (las maneras en la que relacionamos las cosas).” (Lewellen, 2009. 256-257).  Para Foucault “todos los discursos están relacionados con unas condiciones históricas particulares”. En el caso del conflicto dominico-haitiano los discursos proclamados desde algunas esferas de poder dan cuenta de la escalada que ha ido tomando este conflicto, que se ha gestado desde hace ya muchos años y en el que la participación de los gobiernos de ambas naciones ha tenido un papel protagónico.

Los discursos que promueven la exaltación de un nacionalismo que fomenta una exacerbada xenofobia no son una reafirmación de la identidad dominicana o haitiana, más bien sólo un indicio de no reconocimiento de una sociedad diversa en la que haya cabida a diferentes grupos, de distintas nacionalidades, con distintas costumbres, culturas, etc. Los que emigramos también “sufrimos mutaciones” de nuestras identidades, sin que ello signifique la pérdida total de esa identidad inicial, desde la que hemos partido. El discurso de nacionalismo fomentado desde algunos grupos de poder en la nación dominicana tan sólo fomenta la exclusión y el rechazo de personas que  sólo buscan mejorar sus condiciones de vida.

Está claro que no se deben hacer nunca generalizaciones, menos desde una visión antropológica, ya que hay personas que ocupan cargos en el Tribunal Supremo que han estado en contra de la emisión de esta ley así como personalidades de la esfera pública y ciudadanos en general que no se hacen partícipes de estos discursos. Pero lo más peligroso es la forma en que estos discursos calan entre los ciudadanos en ambas naciones e incluso el impacto en la comunidad transnacional de ambos países.katia 6

No es culpa de las clases más desfavorecidas el verse en la necesidad de emigrar en busca de una mejora en sus condiciones de vida, la pobreza de nuestros países obliga a que muchos ciudadanos dejen sus lugares de origen para que sus familias vivan en mejores condiciones socio-económicas que las que ellos y ellas han vivido. Es comprensible el miedo a nuevas situaciones, para las sociedades que se convierten en receptoras, pero la solución no está en atacar la emigración o en fomentar discursos de exclusión. La escasez de recursos de una nación no se puede achacar a la emigración, la solución a esto la deben aportar las administraciones públicas, ampliando los recursos y destinando los presupuestos a las demandas de la población. Lamentablemente esto no es lo que se hace en nuestras naciones y es mucho más fácil achacar la culpa de la falta de recursos a los migrantes, que aceptar la falta de honestidad en el manejo de recursos e incluso la ineptitud, en algunos casos.

Para concluir, me gustaría pensar que en algún momento los gobernantes de las naciones dominicana y haitiana dejarán de lado sus posicionamientos e intentarán reestablecer las relaciones, iniciando un proceso de paz entre ambos países, con el que sólo saldrán beneficiados los y las ciudadanas de ambas naciones. Es posible que desde ambas naciones haya quienes puedan sacar alguna tajada política a este conflicto, pero no representa ningún beneficio para los y las ciudadanas de ambas naciones. Después de todo, y como siempre, mientras hay quienes emiten discursos de exclusión desde algunas esferas del poder, en ambos países, hay ciudadanos y ciudadanas de ambas naciones que han mantenido una convivencia pacífica desde hace muchos años.

  Kattya Nuñez

Referencias

Foucault en Lewllen, T. C. (2003), Introducción a la Antropología Política. Bella Terra, S.L. Barcelona. pp. 256-257.

http://es.wikipedia.org/wiki/Crisis_diplomática_entre_República_Dominicana_y_Hait%C3%AD_de_2013

http://www.revistafuturos.info/futuros_9/rel_hrd_1.htm

http://www.elcaribe.com.do/2013/06/14/migracion-comercio-avivan-conflictos-entre-haiti#sthash.ajx7d575.dpuf

http://es.wikipedia.org/wiki/Masacre_del_Perejil

http://quhist.com/masacre-perejil-haiti-republica-dominicana-trujillo/

http://hoy.com.do/desde-la-ocupacion-haitiana-hasta-la-veda-a-pollos-y-huevos/)

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