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¡Esa noche la escuchamos! Era como un susurro, como un lamento, como un canto quedito, como el murmullo de muchas voces; hasta que llegó la voz del difunto que se quería comunicar. Nosotras nos espantamos, yo le pegunté a Elsy, que si qué le estaba pasando a mi abuelita -ella me dijo- son los muertos que están intentando ganarse para hablar.

No sé qué hora era, pero salimos a buscar a mi tía que vivía del otro lado de la calle. Ella no se sorprendió, solo nos preguntó qué si ya sabíamos a quién querían mandar a mandar a llamar. Mi prima le dijo que no.

Me dijo entonces a mimina le pasa eso, los difuntos la tocan y ella tiene que dar el mensaje a la familia, a ves es solo para decir que está bien, a veces es para pedir que prendan una veladora porque están a oscuras, unos lo que quieren es regañar a su familia aquí, a sus hijos, o esposo, o esposa.

Este episodio lo viví cuando era adolescente, tal vez mis recuerdos están alterados por las muchas narrativas posteriores de historias muy parecidas. En mi comunidad las historias de espíritus que se aparecen en los manantiales, en las betas, en los munimentos, en los ríos o en las pozas eran muy comunes. Poco a poco estas historias se van diluyendo con el ritmo de la vida, con la introducción de la tecnología.

Los pozos donde iban a lavar las mujeres era el punto de encuentro para compartir platicas. Las mujeres más jóvenes sacábamos agua del pozo para llenar las bateas de las mujeres que de dedicaban a tallar la ropa en las piedras, esas piedras alisadas de tanto uso. Dicen que esos pozos eran tan viejos como años tiene la comunidad. pero, aun así, cada mujer reconocía su piedra, piedra que perteneció a su madre, y anteriormente perteneció a su abuela y así hasta llegar al momento en que se juntaron las mujeres para achicar los pozos y poner los lavaderos, sí; fueron las mujeres porque en ese tiempo los hombres solo se dedicaban a la milpa. Fue en esos pozos donde escuché muchas historias, donde nosotras como adolescentes contamos nuestras propias historias mientras nos bañábamos a guacalazos. Hoy esos pozos están llenos de maleza, porque ya hay agua potable en la comunidad y ya las mujeres no bajan al pozo. Los molinos de nixtamal, que era otro punto de encuentros para las mujeres, también están cayendo en desuso, ahora venden las tortillas hechas y ya no hay necesidad de ir a moler el maíz.

Las historias se van quedando sin oyentes, es por eso por lo que quien todavía tiene necesidad de ser escuchado, aprovecha cualquier momento, cualquier lugar para contar los momentos de angustia que se viven dentro de su familia. La creencia de que los muertos se comunican para dar mensajes sigue vigente, pero ahora empieza a tener una connotación de ignorancia, porque ser moderno significa dejar de creer en ese tipo de cosas.

¿Historias que tienen que ser contadas para justificar los problemas de una familia? ¿historias que tienen que ser escuchadas para entender que aun en medio de una modernidad que va diluyendo todo, la parte espiritual sigue vigente dentro de la vida diaria? Tal vez esas historias dan respuesta a lo que la lógica no puede dar.

Me encontré de casualidad a una mujer en el cementerio frente a la tumba de su madre. Me contó la enfermedad y muerte de su madre, la muerte de su hermana menor. Los problemas que tuvieron para repartir las tierras y casas que tenían. Fueron tantos los problemas que terminaron por dejar de hablarse entre hermanos abandonaron las tierras y la milpa porque no se ponían de acuerdo en quien se las tenía que quedar, hasta que su madre se comunicó con ellos por medio de una de sus nietas.

Hubo una vez que se comunicó doña chencha. Porque ya los hijos se habían dejado de hablar, entonces dicen que cuando llegó lo primero preguntó por su hija la mayor. ¡Es que mira! Ella casi no estuvo enferma, pero de prontito se enfermó, dicen que tenía algo en el estómago y la llevaron al doctor, pero dijo que no tenía nada. Pero ni tantito pasó, otra vez estaba enferma y que la llevan a curar, y pues ya les dijo la curandera que ese mal era grande, que estaba bien trabajada y que no sabía se podía hacer algo, pero que lo iba a intentar. Porque pues ya el otro trabajo lo habían amarrado bien desde hace tiempo. Pero la difunta no aguantó mucho, enseguidita se puso bien mala y se murió. No se murió aquí, se la habían llevado sus hijas. Ya la trajeron después.

La cosa es que dicen que, a una de sus nietas, la que vive allá cerca del cruce, a esa dicen que la tocan los muertos. De pronto como que se desmalla y ya dice a quién quiere que manden a traer. Así como a mimina ¿te acuerdas? Pues igualito. Dicen que ese día la difunta llegó bien enojada, pero antes de eso dicen que pedía mucha caña. Y por más que le daban dicen que pedía más. Así estaba la muchacha y dicen que deveras costó que terminara de llegar. Y ya pues mandó a traer a su tío que es el que vive ahí y hablo con él. Dicen que estaba bien enojada y le dijo que tal día los quería a ver a todos reunidos. Entonces vino a decirles a los hermanos y mandaron a traer a la de allá, que ves que después falleció, dicen que por lo mismo. Ya dicen que le prepararon un Zacahuil, y la caña y estuvieron esperando casi todo el día. Y nada que llegaba, entonces la que vive allá abajo dicen que decía que era mentira que no iba a llegar y que se va, porque dicen que tenía el horno con leña para el pan. Pues dicen que apenas se había ido, cuando empieza y dicen que hacía bien feo y ya empezó a pedir caña ¿ya viste que la muchacha bien menudita? Pues sus buenos litros de caña se llevó. Y ya cuando estaba llegando lo primero que dijo que donde está su hija mayor. Y ya la fueron a traer. Y empezó a hablar, que ella los estaba viendo cómo se estaban peleando por las cosas. Es que nada más se murió y ya ves que tenía los terrenos y la milpa, pues eso se lo empezaron a pelear, y que la mayor se lo quería quedar, pero como ahí vive la hermana pues quería que se fuera, pero es que ella fue la que la cuido. Y luego el del cruce que se quedó con las milpas que, porque es el varón, pero a él ya le habían dado sus tierras desde hace tiempo. bien enojada dicen que empezó a regañarlos a todos. Que ella no podía descansar allá, porque ellos se estaban peleando y ya no se hablaban. Ahí estaban todos los hermanos hasta la que vive lejos, que ahora ya murió. Así dicen que estuvo hablando un rato y después ya cuando se fue, la muchacha nada más no regresaba, ¡deberás! Les costó que regresara. Dicen que la siguen tocando los muertos. Pero a saber, la gente cuenta muchas cosas.

Los nombres de la narración no son reales, por acuerdo con las personas que me contaron si historia.

Aracely S. Cruz

Aracely S. Cruz

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