
De los usos espúreos de la filosofía y el lenguaje.
¿Para qué sirve la filosofía? Me preguntas mientras clavas en mi tu pupila azul. Filosofía eres tú. ¿Para qué sirves tú? ¿Para qué sirve mirar un cuadro? Venga, utilitarismos los justos.
Por supuesto que hay filósofos mala gente e ideologías que pueden bucear en las teorías y manipular los argumentos y, sobre todo, el lenguaje para destruir todo atisbo de humanidad en el relato. Y por supuesto que el lenguaje tiene mucho poder. De hecho, es el mal uso del lenguaje lo que nos ha traído al lugar donde estamos. ¿Y dónde estamos? Pues en una época rancia y obtusa, estulta, violenta y fea. Yo la llamo la era del estiércol. Hay destellos de esperanza, sí, pero ahora estamos a lo que estamos y la frase de azucarillo no nos dura ni lo que tardamos en sorber el café.
Cuando escuché que el tal Peter Thiel había estudiado filosofía, pensé ‘¿Pero qué filosofía ha estudiado este ser si no hay filosofía mala?’ (mi ingenuidad, como siempre, haciéndome todo el lío) Buceé, ahora yo, en la biografía del señoro y leí que estudió Filosofía del siglo XX en Stanford. Vaya, vaya, así que esas tenemos. Te saltas veinte siglos de historia de la filosofía y vas de filósofo. No, hijo, no. Cinco años de carrera o te quedas en transhumanista de saldo.
Además, qué pinta un alemán en California y por qué está tan obsesionado con una tecnología al servicio del mal. Y, sobre todo, por qué se ha puesto de moda y escuchamos oír hablar de él todo el rato. Pues porque estamos ante un nuevo new age, valga la redundancia (o la repugnancia). Lo que Peter llama ‘libertad’ es, en realidad, un sistema socioeconómico basado en el sálvese quien pueda y gilipollas el último. ¿Es Peter pariente de Ayuso? ¿Quizás de Ronald Reagan? De sangre posiblemente no, pero pariente de ideas estrafalarias nadie lo duda. Aunque me da en la nariz que la de Chamberí en esa cabeza de chorlito solo tiene polvo de estiércol.
Me pregunto qué pensaría el comisario Guido Brunetti de esta caterva de imitadores de Biff Tannen. Seguro que tras comerse un par de gruesas chuletas a la milanesa con pastel de polenta diría algo así como ‘Yo no voy a opinar, pero que no se entere Paola’. Y, hablando de Biff, el archienemigo de los adorables McFly, pues qué bueno volver a verte. He leído que sus guionistas Robert Zemeckis y Bob Gale se inspiraron en Trump para crear al patético personaje de la saga, pero fue después de revisitar ‘Regreso al futuro II’ y volverme tarumba otra vez con las paradojas espacio temporales. (¿Cuántos Marty hay? ¿Uno cada segundo? ¿Por qué no se chocan constantemente como las partículas de un átomo?) Pero, sobre todo, fue después de quedarme ojiplática con la escena de Marty visitando al Biff alternativo de 2015, cuando va a preguntarle dónde consiguió el almanaque deportivo del demonio. Era ganchito Trump.
Y, volviendo al estiércol, Peter no fue uno de los tecnócratas progresistas del valle del silicio (Silicon Valley) como he leído por ahí, de hecho, Peter nunca ha sido progresista. Según Jonathan Taplin, autor del libro The End of Reality (El Fin de de Realidad), ha estado vinculado a la extrema derecha desde los 16 años y esto ya me cuadra más. Individualismo extremo, anarcocapitalismo y dando charlas sobre el anticristo. En resumen: un psicópata de manual que se une a la lista de villanos de esta nueva era. Éramos pocos y parió la abuela. Lo que no se es qué pinta Habermas en todo este embrollo (emoticono pensativo) porque he leído que fue alumno suyo y seguidor de su legado. ¿Perdón? lo que el tío Habermas decía es que la integración social y la legitimidad política no deben basarse solo en el poder ni en la agregación de intereses, sino en procesos de deliberación racional entre ciudadanos libres e iguales. Habermas acuñó el término: ‘democracia deliberativa‘, sin embargo, a Peter la democracia le gusta menos que a Soto Ivars el champú.
(Me pregunto qué le parecerá a Juan la mítica escena de Memorias de África en la que Robert Retford lava el pelo aMeryl Streep. ¿Entenderá el contexto?)
Lo más irónico de todo (o yo que sé) es que Peter pertenece a esa estirpe de ultraliberales que promulga el ideario tontuno del hacerse a uno mismo cuando él solo no hubiera sobrevivido ni cuatro horas fuera del vientre de su madre. De hecho, nadie sobrevive ni consigue nada solo en la vida. Ni Superman. Es la falacia más grande jamás contada, la más arraigada y la que tiene más suscriptores. Peter y sus teleñecos te necesitan a ti y a mi para conseguir sus fines y no, no vas a vivir en la planta 27 del edificio más alto de Hill Valley. ¿Quieres llevar una piñata de plástico y quemarte la piel como el paleto de los burpees? Es que clama al cielo.
En definitiva, no podemos dejar el mundo en manos de gente que cree que el anticristo es Greta Thumberg, por el amor de dior, seamos serios.
Susana R. Sousa