Siempre, desde pequeños, hemos oído hablar, de una fuente u otra, de Babilonia. Su representación en el imaginario colectivo nos da a entender la gran importancia de esta ciudad dentro de la historia humana, reflejada en la actualidad como la idea del pecado que nos han transmitido algunas fuentes grecolatinas y el Antiguo Testamento; la ciudad de leyes que impone el control exhaustivo sobre las personas y las esclaviza, la sodomía y los pecados más ominosos, todo en rededor de un halo mítico y legendario donde confluyen dioses y mortales, pero también realidad histórica y arqueológica.

Es así como Babilonia se ha forjado en nuestro ideario como una ciudad llena de pecados, de excesiva ostentosidad y codicia reflejada en grandes obras como la mítica Torre de Babel, los famosos Jardines Colgantes o las grandes Murallas, formando parte de las Siete Maravillas del Mundo antiguo estas dos últimas. Vemos, entonces, una ciudad llevada a su destrucción por la soberbia de la humanidad antes los dioses, que pasa a la historia como el símil del Imperio que esclaviza las religiones verdaderas (en este caso judaísmo), el gran Imperio que cae por su propio peso dominado por su desenfreno y actitud pecaminosa, sacudidos por todo tipo de males y desastres y que servirán de ejemplos en un futuro para justificar el poder de Dios.

Sin embargo, ésta es la idealización que hoy posee la gente de fe en las historias del Antiguo Testamento o, en su defecto, la imagen que se obtiene de Babilonia sin un conocimiento previo, muchas veces tergiversado por la cultura popular influenciada por la religión predominante y que podemos hallar en todo tipo de manifestaciones culturales y artísticas. También huelga decir que, desde aquí, no idealizaremos ningún imperio y/o civilización antigua porque, todo sea dicho, sería incurrir en un error muy común por parte de aquellas y aquellos que se dejan llevar, muchas veces, por la pasión y la romantización del pasado que, por el pensamiento crítico, la historiografía y la ciencia.

Si bien, dicha realidad es muy distinta a la versión aportada las fuentes antiguas que incluyen desde inscripciones cuneiformes, hasta textos grecolatinos que exaltan la ciudad como cuna de la humanidad, por su gran tamaño, por el reflejo de sus grandes obras y por su prolongación en el tiempo. Este eje cronológico abarcaría desde la fundación que comprendería desde la primera dinastía babilónica en el 1894 a.C. con el rey Sumuabum, pasando por Hammurabi con sus famosas leyes y el ideal monárquico oriental de supuesta protección al débil (huérfanos, viudas y ancianos), hasta el último rey de la dinastía neobabilónica, Nabónido, la conquista del Imperio Persa en el 539 a.C., la muerte de Alejandro Magno en el palacio de la ciudad en el 323 a.C. y la subsiguiente decadencia que llevó la ciudad de entre ríos a su total abandono.

Arqueología en Babilonia: historia de la ciudad y su yacimiento

Babilonia fue la ciudad principal desde el punto de vista religioso, cultura, político y económico en Mesopotamia. Los clásicos sacan la palabra Babilonia del acadio Bab- Ilim (la Puerta del Cielo).

Era una ciudad tan relevante que la importancia de las ruinas que nunca llegó a olvidarse su ubicación real, donde se conservaba a modo de tell[1] con el nombre de Babil y que permitió mantener una certeza del lugar donde se extendía la ciudad de Babilonia, sede de su dios principal: Marduk. No obstante, durante mucho tiempo, viajeros movidos por la historia y las leyendas de la Biblia principalmente, tales como Benjamín de Tudela que rescató en las memorias de sus travesías en su Libro de Viajes (1159/67 – 1172/73) sabían que Babilonia se situaba en esta región próxima al Éufrates, aunque, con probabilidad, diesen con otros asentamientos como bien pudo ser Borsippa.

Babilonia fue capital de provincia en época de la Tercera Dinastía de Ur, y en el s. XVIII con el rey Hammurabi se convirtió en capital neurálgica de Mesopotamia. La primera dinastía babilónica caería cuando la ciudad fuese saqueada por los hititas en el 1600 a.C. Los sucesores quedaron al cargo de los casitas, lo que les convertiría en la estructura de poder más sólida de todo el Estado (1600 – 1157 a.C.).

Durante la segunda mitad del segundo milenio, su monarca fue apelado como el “Gran Rey” (sarru râbu), junto a los de Hatti, Mittani y Egipto. Dominaron Elam y, por primera vez, un reino mesopotámico colonizó Dilmun[2], actual Bahrain, y lo explotó a conciencia. Cartas con el sello casita se descubren hoy en Bahrain.

Ya en el primer milenio a.C., la hegemonía oriental pertenecía al Imperio Asirio lo que les llevÓ a pretender la “ciudad sacra”; mientras tanto, en Babilonia, las tribus de pastores arameos y caldeos asentados en la región luchaban por su independencia. Entretanto, los asirios la conquistaron y destruyeron varias veces, recuperándose siempre. Con la Dinastía Caldea (625 – 539 a.C.) consiguieron acabar con los asirios gracias al apoyo de los medos y dará comienzo a la etapa conocida como Neobabilonia.

Se sabe por la investigación arqueológica que el período más arcaico de Babilonia fue destruido por el curso bajo del Éufrates. Por lo tanto, los restos han sobrevivido en estos yacimientos son de la época de la dinastía neobabilónica caldea (Nabopolassar, Nabucodonosor II y Nabónido), la cual reconstruyó totalmente la ciudad tras la represión de Sennakerib. Con Nabucodonosor (604 – 562 a.C.) levantaron la megalópolis, la mayor conocida del Oriente Medio antiguo, junto a la unificación de todos los pueblos de la región. Con Nabónido (556 – 539 a.C.) comenzó a intuir el peligro que suponía la geopolítica medo-persa, movida a su vez por el crecimiento inexorable del imperio neobabilónico. Es entonces cuando Nabónido inicia una expansión territorial hacia Arabia que no llegaría a cristalizar debido a la rápida intervención y conquista del rey Ciro en el 539 de Babilonia. Asimismo, Babilonia fue incorporada en el s. VI a.C. al Imperio Persa, que ulteriormente pasó a manos del rey helenístico Alejandro Magno por un tiempo efímero. De ahí a sus sucesores aqueménides, que perdieron su posición ante la ciudad griega de Seleucia, a las orillas del Tigris y, con el tiempo, a su decadencia y abandono.

Para entender la importancia de los hallazgos arqueológicos que poseemos de Babilonia hay que hacer hincapié en la historia de su descubrimiento y, sobre todo, en la figura de Robert Koldewey (1855 – 1925) y Walter Andrae (1875 – 1956) y el interés “arqueológico” de Alemania.

Este interés por la antigüedad monumental en Alemania se había formado en la escuela de arquitectura, en Berlín particularmente, donde Friedrich Adler asentó las bases de la investigación arquitectónica “arqueológica”. Su método se aplicó en excavaciones en Olimpia y Pérgamo. El método se insertaba además en la filosofía de objetividad y registro minucioso que impregnaba la ciencia alemana en general, haciendo un exhaustivo control estratigráfico, formando registros junto a las mediciones y cotas con sus pertinentes anotaciones. Entre los alumnos que asistieron a estas excavaciones se encontraba Robert Koldewey, el cual participó en excavaciones de Pérgamo, Samos y Priene.

  1. Koldewey estudió arquitectura e historia del arte. Fue formado por Adler y pronto trabajó en las excavaciones de Assos y Lesbos. Excavó junto a Bruno Moritz y Ludwig en Surghul y al Hibba. Estos dieron sus propias visiones posteriores a la forma que atribuían a lo encontrado, incluso entre las conclusiones, el propio Koldewey se sorprendería de sus conclusiones erróneas, vista desde una postura del estudio de arquitectura clásica. Se planteaba entonces una neuva problemática, debido a que la realidad del adobe y la realidad mesopotámica eran una vertiente novedosa. Por sus experiencias vividas en estos territorios con los nativos, su forma de pensar, los edificios, ruinas, etc., junto al continuo pensamiento y reflexión del arquitecto, le llevaron a su maduración. Tras su vuelta a Alemania y el avance en su estudio y actitud intelectual y física ante este campo, en 1898, le llevó a ser responsable por parte de la Asociación Orientalista Alemana de llevar a cabo la misión alemana en Oriente llamada “Babilonia”.

Esta misión dirigida por Koldewey, estuvo abierta interrumpidamente entre 1897 y 1917. Su campamento fue instalado en el corazón del campo en ruinas, en la aldea de Kowairesch, junto al Éufrates, donde comenzó a topografiar el yacimiento. Por primera vez, se tenía ante los ojos el relieve de lo que había sido la gran Babilonia: se obtuvo el contorno entero de la ciudad, su doble sistema defensivo y una superficie urbana de unas 1000 ha. Tras establecerse un punto 0, comenzó la excavación dividida en sectores, ordenadamente, con una metodología de registro minuciosa de cada objeto o dato dado de la mano del, cada vez más común, uso de la fotografía y el dibujo de planos y bocetos. Aplicó todo lo aprendido en la escuela de arquitectura clásica y lo aprendido en la arquitectura de adobe de los edificios excavados en al Hibba, en Tello y de los mobiliarios de los campesinos orientales. Koldewey comenzó a comprender que los muros existían, pero para la huella arqueológica del adobe resultaba preciso excavar con método y cuidado para distinguir en el tell lo que eran derrumbes, rellenos o los propios muros, esto es, la estratigrafía. Y así, junto a la fotografía y el dibujo de los planos, comenzaron a percibirse elementos arquitectónicos que antes eran ignorados. De repente, todo se transformaba entonces en una ciudad llena de muros, calles, patios semiconservados, estratos de destrucción, reconstrucciones, etc.

Las publicaciones de la misión alemana serán los mejores exponentes de la nueva metodología arqueológica de la época y que marcará un antes y un después en la materia.

Uno de los elementos de mayor valor histórico-arqueológico del Museo de Berlín, de hecho, resultará ser la Puerta de Ishtar. Su reconstrucción fue posible gracias al método llevado a cabo, en el control minucioso de todos los objetos encontrados, con su catalogación de los fragmentos y anotación en relación a los planos dibujados. La memoria de la excavación se publicó el año final de la 1ª Guerra Mundial (1918) y es un prodigio de documentación, ya que se poseen todos los planos hechos, la datación y cotas de los objetos; la clasificación por colores distintos para las diferentes fases con los cortes estratigráficos detallando derrumbes, objetos, agua freática y las propuestas de reconstrucción de los edificios.

En 1904, R. Koldewey, había entregado a su discípulo predilecto, el arquitecto Walter Andrae, la dirección del gran proyecto Assur. Éste, como la mayoría de los directores que se formaron en las escuelas de Koldewey de Babilonia, aplicó allí la metodología de su maestro, mejorando y avanzando en muchos aspectos todavía más el legado de Koldewey. Aunque la excavación en Assur se cerraba en 1914, la documentación que hace posible la mayor parte de lo que hoy se sabe de la capital asiria corresponde a aquella época iniciada por su maestro el 22 de marzo de 1899.

Con esto se conseguiría la total madurez de la arqueología moderna en Mesopotamia, habiendo nacido apenas unos años antes.

En cuanto a los restos arqueológicos de Babilonia, podemos decir que, probablemente, tuviera un plano rectangular en época de Nabucodonosor, con la mayoría de los edificios importantes. A saber, estructuras ceremoniales, palacios y templos situados en la zona norte y centro de la ciudad, dando en total 1000 ha. de entramado urbano calculado, gracias, también, a los restos de la muralla, de una longitud de unos 11 km., donde se hallaron torreones defensivos y 8 puertas principales que llevaban a diversos puntos de Mesopotamia y colmadas sus salidas con puertas dobles abiertas en las que, según Koldewey, pudieron albergar hasta 556 figuras, de las cuales se conserva la Puerta de Ishtar. Esta puerta era un recinto abovedado y fuertemente fortificado que servía de entrada norte al recinto interior del doble amurallado de Babilonia. Suponía el inicio de la famosa Avenida de las Procesiones, que recorría la parte monumental de la ciudad y en la cual se hacía un recorrido en el Día de Año Nuevo. Estaba decorado con los característicos ladrillos vidriados de color azul que mostraban imágenes de leones y grifos. Muestra un refinamiento acusado respecto al arte asirio en su decoración, tanto en los motivos figurativos como en los abstractos.

Otro de los elementos arquitectónicos de mayor importancia es el Etemenanki, el cual se cree que es la Torre de Babel del Antiguo Testamento, situada en el centro de la ciudad en un témenos[3], cerca del Esagila[4], el cual estuvo fuera del recinto sagrado, perteneciendo a un conjunto de dos edificios: el propio templo y otra construcción anexa.

Existieron tres palacios durante este período, uno que estaba al norte, que los alemanes llamaron Palacio de Verano, y los otros dos al lado de la puerta de Ishtar fuera y dentro de la muralla del recinto interior, uno el Palacio Norte y otro el Palacio Real.

El palacio de norte estaba muy mal construido, compuesto de grandes muros de ladrillo y mortero de cal. Mientras que el Palacio Real fue localizado cerca de la entrada de Ishtar, a través de la cual se realizaría una marcha con una función procesional y que empezaría en el Palacio Norte a las afueras del muro. El Palacio Real era un inmenso complejo a modo de ciudadela situado entre la puerta de Ishtar, la Avenida de las Procesiones, el río Éufrates y los Jardines Colgantes, posiblemente situados al oeste del palacio y no en las cercanías de la puerta de Ishtar, como creía Koldewey. Disponía de tres grandes patios interiores y otros dos menores. Fue sucesivamente ampliado por Nabucodonosor II, quien instaló allí su salón del trono, al cual se accedía por el último de los patios. Su planta, un rectángulo de unos 275 x 183 m., contenía un espacio laberíntico que contrastaba con la regularidad urbana de la ciudad. Además del salón del trono, de unos 52 x 17 m y decorada con azulejos policromados y bajorrelieves, contenía oficinas administrativas y archivos, el harén real, barracas y habitaciones para el rey y su servicio.

Una pequeña visión de Babilonia en la actualidad

Como se ha dicho en la introducción, en el ideario actual, Babilonia ha pasado a significar una gran urbe poderosa en la que el pecado dominaba todos sus estratos y que pasaría como legado a Roma, debido a las persecuciones de cristianos, cayendo en el lado malvado del maniqueísmo cristiano frente a la ciudad de Dios. Probablemente, esta idea de Babilonia, surja con todas las disputas que se dieron durante el primer milenio a. C. con las rebeliones de Judea y su posterior destrucción por parte de los babilonios, esclavizando a su población y haciendo trabajar sus campos, “importándolos” a Mesopotamia. No obstante, gracias a las inscripciones y textos que se han podido conservar, aparte de otra serie de fuentes grecolatinas, la misma Babilonia era un centro multicultural, algo que se achaca en el Antiguo Testamento, castigándola Dios con una gran variedad de lenguas para que no se entendiesen entre ellos, lo que generó una confusión, para que volviesen a aprender y quedasen libres de pecado.

Así es la percepción de Babilonia y que se refleja en culturas como el rastafarismo, en el que Babilonia es aquella fuerza opresora que esclaviza al pueblo con sus leyes. Este reflejo se ve esclarecido en muchos grupos de música reggae o de claras raíces cristianas y en especial en la música negra, como se ha dado en las discografías de diversos artistas del pasado siglo y del presente. Un ejemplo de ello es Bob Marley en el que es muy recurrente este tema junto al camino de vuelta a Sion o la famosa canción de By the rivers of Babylon de Boney M.

Álex Negro  

 

Referencias

Córdoba, J. (1989): “Babilonia. Pasado y presente de un mito”, Cuadernos (Primera serie) III.

Finkel, I. L.; y Seymour, M. J. (2008): Babylon, British Museum Press, London.

Liverani, M. (2012): El antiguo Oriente. Historia, sociedad y economía, ed. Crítica, Barcelona.

Roaf, M. (1993): Mesopotamia y el Antiguo Oriente Medio. El amanecer de las civilizaciones, ed. Folio, Barcelona.

Van de Mieroop, M. (2003): “Reading Babylon”, American Journal of Archaelogy 107, pp. 257 – 275.

 

Imágenes

Cabecera: https://tincolycklama.org/2017/04/09/searching-babylon/

Otras imágenes: Wikipedia

Planos y recreaciones por ordenador: http://www.kadingirra.com/introduction.html

[1] Término general arqueológico de origen árabe que designa una colina formada por la colmatación y acumulación de sedimentos a lo largo del tiempo.

[2] Archipiélago situado en el Golfo Pérsico. Dilmun era el principal enclave comercial entre Mesopotamia y el Valle del Indo.

[3] Espacio sacro consagrado a un dios específico.

[4] Templo dedicado al dios babilonio Marduk.

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