El Grial ha sido fruto de controversias a lo largo de la Historia, tanto por su naturaleza como por su origen y, aunque solemos atribuirle forma de copa o recipiente, en la que Cristo bebió durante la Última Cena, no fue el cristianismo el primero en hablar de la reliquia, pero sí el primero de dotarlo de un halo sacro que ahuyentara su pasado pagano.

Nuestra visión actual procede de la Edad Media, en la que la búsqueda del objeto sagrado cobra una especial relevancia en poemas y leyendas de caballeros que dedican sus vidas y empeñan esfuerzos en buscar una reliquia cuya forma no conocían del todo. El primero de estos escritores que definió y marcó la concepción del Grial fue Chrétien de Troyes, clérigo de Champaña y autor de obras como Erec y Enide, Lancelot ou le Chevalier de la charette, Yvain ou le Chevalier au Lion y Perceval ou le Conte du Graal. En ellas, apreciamos el ensalzamiento de la caballería y la preeminencia de los mitos artúricos, aunque también la vinculación de la figura femenina a los objetos de poder o a los atributos mágicos. Respecto a la figura femenina, en la tercera de estas obras se aprecia que hay un claro enfrentamiento entre el amor y la guerra y que el caballero Lancelot se pone al servicio, no de dios, sino de una mujer, lo que evidencia la unión en la producción de Chrétien de Troyes entre el Grial pagano y el nuevo Grial cristiano: la mujer como dadora de vida, como diosa, como figura que puede conceder la inmortalidad y el Grial como un objeto mágico que concede esa vida eterna.

No obstante, su obra más significativa es la última, Perceval ou le Conte du Graal. La obra quedó inacabada y no existe una definición que muestre con claridad al Grial como una copa. En cualquier caso, el héroe viviría en un bosque junto con su madre viuda y, al encontrarse con unos caballeros de la Mesa Redonda, decide unirse a ellos hasta llegar finalmente a Camelot y emprender una serie de aventuras, tanto iniciarse en los secretos de la caballería como participar en asedios, hasta recibir la invitación del Rey Pescador a su castillo que, enfermo, necesita del Grial para curarse y sobrevivir. Invita a cenar a Perceval y, a lo largo de la velada, le muestra varios objetos, como una espada, una lanza (cristianización del mito celta de la Lanza de Lug, que se identificaría con la lanza de Longinos), candelabros de oro fino (que algunos han identificado como un guiño a la Pascua judía), etc. El último de los objetos mágicos que aparece es el Grial. M. Fernández Urresti extrae el siguiente fragmento de El cuento del Grial, en el que se hace una descripción de la presentación del objeto (Urresti, 2016):

Una doncella, hermosa, gentil y bien ataviada, que venía con los pajes, sostenía entre sus dos manos un grial. Cuando allí hubo entrado con el grial que llevaba, se derramó una claridad tan grande que las candelas perdieron su brillo, como les ocurre a las estrellas cuando sale el sol, o la luna. Después de esta, vino otra que llevaba un plato de plata. El grial, que iba delante, era de oro fino puro; en el grial había piedras preciosas de diferentes clases, de las más ricas y de las más caras que haya en mar ni en tierra; las del grial, sin duda alguna, superaban a todas las demás piedras.

En todo momento, el caballero evitar hacer preguntas, tanto sobre la invitación, como sobre la procesión y el grial, siguiendo los consejos que le dieron en el castillo de Gornemant sobre la caballería y para no ser juzgado por simple. Después del banquete, todos se retiran a descansar y, al despertar, viendo que el castillo se encuentra desierto, lo abandona. Al salir, encuentra a una doncella con el cuerpo yacente de un caballero. Le pregunta si en el castillo del que viene ha visto el grial, la lanza y a sus portadores. Perceval responde que sí los había visto y también explica que no hizo ninguna pregunta al respecto, por lo que la joven, llorando más aún, le reprocha que, de haber formulado las preguntas que rondaron su cabeza, el Rey Pescador habría sanado de sus heridas y el reino hubiera vuelto a florecer.

Llegados a este punto, cabe destacar que fue la Iglesia la que se empeñó en identificar el Grial descrito por Chrétien con el cáliz de Cristo, la procesión como una ceremonia litúrgica y a la doncella como la propia Iglesia católica, aunque no hay mayor descripción que justifique el carácter religioso del relato, aunque todas las reliquias aparecidas sí beben de la mitología celta. Al morir el autor, la obra quedó inconclusa y, por tanto, la búsqueda del Santo Grial que emprendería el héroe sería interrumpida.

Este no sería, sin embargo, el único relato sobre el Grial. En la Edad Media, especialmente durante las cruzadas, se popularizaron otros relatos como L’Histoire du Saint Graal (Robert de Boron), conformada por tres obras, Josph d’Arimathée, Merlín y Perzeval, con las que sí podemos hablar de una cristianización del objeto en cuestión, en especial el primer título, pues se identifica al Grial como el cáliz de Cristo, puesto bajo custodia de José de Arimatea, que revela la existencia de un linaje del grial, ya que esa copa contenía la sangre de Cristo.

Siguiendo esta línea, nos encontramos con el Parsifal de von Eschenbach, que vinculó el Grial con los caballeros templarios y se atrevió a completar la obra de Chrétien de Troyes alegando tener una fuente fiel a la realidad de la historia en el personaje de Kyot de Provenza, que parecía saber la verdad de su paradero de la reliquia gracias a que un astrólogo judío la escribió en Toledo, tal vez en árabe, dotando a la historia de aires orientales. Von Eschenbach describiría el Grial como una piedra verde caída del cielo que habría formado parte de la corona de Lucifer, algo que pronto se relacionaría con la alquimia y la piedra filosofal, que también concede la vida eterna.

La cristianización del mito se hace efectiva con la inclusión de Feirefiz, musulmán y hermanastro de Parsifal, y de Gahmuret, su padre y caballero cruzado de la familia de Anjou, que se casaría con una princesa musulmana y, a su vuelta a Europa, lo haría con una reina cristiana de la que nacería Parsifal. A su muerte, la historia empieza a cobrar similitud con la de Chrétien de Troyes, ya que el héroe vuelve a ser hijo de una madre viuda y sería invitado al castillo del Rey Pescador, en el que volverá a guardar silencio ante la procesión de la Santa Lanza y la Piedra del Grial. Duerme y, al despertar, encuentra vacío el castillo. En este caso, fue una hechicera quién le recriminó no haber preguntado qué era el Grial, pero el resultado es el mismo: el reino y el Rey Pescador han desaparecido por no haberse compadecido de su dolor y Parsifal jura no descansar hasta encontrar el Grial. A lo largo del relato, un ermitaño de nombre Trevrizent, le hará de guía espiritual y le revelará que el Grial se encuentra en el castillo de Munsalvaesche (más adelante en el tiempo, Otto Rahn, aficionado al esoterismo y miembro del Partido NAZI, emprenderá la búsqueda del Grial en base a esta referencia, lo que lo llevará a buscarlo en Montségur. Finalmente, la afición al ocultismo de algunos dirigentes nazis y la tradición del Santo Grial de Montserrat, llevó hasta el monasterio a Heinrich Himmler).

Su vinculación con el Temple, con las cruzadas y la pretensión de alejar sus orígenes paganos han hecho que el Grial sea una de las reliquias más extendidas y más “buscadas”, dando pie a numerosos best-sellers y también a películas que hacen del Grial un objeto tópico en forma de copa o cáliz. En España, por ejemplo, podemos citar dos griales que son considerados como verdaderos: el cáliz de doña Urraca en San Isidoro de León y el cáliz de Valencia. De todos modos, parece ser que también residió un tiempo en San Juan de la Peña. En Dinamarca tenemos el caldero de Gundestrup, en Antioquía, en Irlanda, en Génova, en Roma y en Glastonbury también hay pretendientes a ocupar el trono del Grial auténtico. Quizás, según nos indican sus descubridores Margarita Torres y José Miguel Ortega, el cáliz de doña Urraca puede ser el que más se ajuste a la cronología de Cristo (si lo tomamos como el cáliz de la Última Cena).

En cualquier caso, sigue siendo un objeto legendario que despierta un interés generalizado, proveniente de culturas paganas que lo relacionaron con la vida eterna y con las sacerdotisas, y que empezó a cobrar forma en la Edad Media a través de las historias de caballería como el Perceval de Chrétien o el Parsifal de Eschenbach, llegando hasta nosotros como una copa que nos hemos encargado de explotar hasta la saciedad con novelas y películas comerciales en las que se ven involucrados templarios, cátaros, nazis, illuminatis y masones (todo en uno) para conseguir a saber qué objetivo, consiguiendo crear un mito mayor que el medieval y deformando la historia real, concediendo a algunos episodios históricos (como la cruzada albigense) de un cierto tufo a esoterismo que, tal vez, se aleje del acontecimiento en sí.

Rodolfo Padilla Sánchez

Referencias

Bueno, L. F. (2015). Templarios, nazis y objetos sagrados. Barcelona: Círculo de Lectores.

Los otros Santos Griales. (03 de Marzo de 2014). Obtenido de ABC Cultura: https://www.abc.es/cultura/20140327/abci-otros-santo-grial-201403271152.html

Troyes, C. d. (2018). El cuento del Grial. Madrid: Alianza Editorial.

Urresti, M. F. (2016). Crónica Negral del Grial. Barcelona: Aguilar.

   Send article as PDF   
anthropologies

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.