Venimos al mundo con un cerebro de gran tamaño y muy activo, pero a su vez poco desarrollado.

A menudo nos preguntamos porque el parto humano es tan complicado. Puede que a muchas personas no se lo parezca así de primeras ya que estamos acostumbrados a que nazcan niños todos los días. Pero el proceso del parto es dificultoso tanto para la madre como para el/la bebé que está en camino.

Hasta ahora ha estado vigente la Hipótesis del Dilema Obstétrico (OD). Para poder entender a que se refiere esta hipótesis, tenemos que conocer  la estructura de la pelvis.

La mayoría de los paleoantropólogos está de acuerdo en que cuando los homininos empezaron a caminar sobre sus miembros posteriores, hace alrededor de más de tres millones de años, la cintura pélvica cambio para facilitar la marcha bípeda. El estudio de la pelvis es importante en nuestra historia remota, ya que se pueden ver las diferencias dadas a través de la evolución en las diferentes especies de homininos y las pertenecientes a nuestros parientes más cercanos, como son los chimpancés.

             

A grandes rasgos podemos decir que la pelvis es una estructura compleja constituida por dos coxales y por un hueso triangular llamado sacro. Este se encuentra en la base de la columna vertebral y cierra la pelvis por la parte posterior. Unido a los coxales y a partir del anillo que se forma, sobresalen dos alas que se proyectan lateralmente. El anillo protege tramo inferior de los intestinos y soporta el peso de la parte superior del cuerpo. En la mujer, cumple la función de canal del parto, por lo que la pelvis se modifico y se adapto a esta circunstancia. A su vez cada coxal está compuesto por el Ilion (el ala y parte superior del anillo), el isquion (parte inferior del anillo) y el pubis (la parte superior delantera del anillo).

   

El ilion y el isquion han sufrido numerosas modificaciones en el linaje evolutivo de los homininos desde que este se separara del linaje del chimpancé. En los Australopithecus afarensis (Lucy) por ejemplo, la pelvis es alargada, con alas iliacas e isquion más largo que facilita el parto. En el ser humano, las alas iliacas se proyectan hacia los lados de la pelvis. En cambio, en los chimpancés son altas y estrechas y arrancan de la parte posterior. El isquion, radicado a ambos lados de la pelvis, es más corto en los chimpancés.

       

En los homininos las alas iliacas se hallan siempre a los lados, pero el ángulo que forman con el canal del parto varia de una especie a otra. En la nuestra, la orientación de las dos alas es casi paralela, por lo que, vista de frente, nuestra cadera muestra el aspecto de un cuenco cerrado. El isquion también difiere, desde la gran longitud en homininos anteriores a la reducida talla en nuestra especie. Esta estructura facilitaba los partos, pero hay que concretar que los volúmenes cerebrales, también eran más pequeños.

Los seres humanos nacemos muy indefensos, demasiado temprano y necesitados de un largo periodo de desarrollo, lo que se conoce como altricialidad humana. Esto sucede porque la locomoción bípeda estrecho el canal pélvico a lo largo de la Evolución, para facilitar la marcha bípeda y a su vez, nuestro volumen cerebral comenzó a crecer, lo que dificultó más este proceso. Al ganar el parto en complejidad, la pelvis femenina se ancho adaptándose a estas características.  Las demás crías de mamíferos y las de nuestros parientes más cercanos, los chimpancés, nacen bastante más desarrolladas que los bebés de nuestra especie. Para que esto sucediera, el embarazo humano debería alargarse, pero a la luz de las investigaciones y de las hipótesis planteadas, esto sería inviable.

Hasta ahora, se ha creído que una pelvis ancha dificultaba la locomoción y la carrera, pero a lo largo de los hallazgos encontrados en los últimos quince años, se han observado diferentes rasgos anatómicos discordantes y muy variables, que han difuminado los límites entre los atributos propios de los Australopithecus y los del género Homo. Sin embargo, en los nuevos fósiles estos rasgos no aparecen combinados según lo esperado. Por ejemplo, A. sediba posee el cerebro pequeño típico de su género, pero al mismo tiempo una pelvis similar a la de Homo. Por su parte, la combinación de características de H. naledi es exclusiva de esta especie. Tampoco se han visto diferencias a nivel de eficacia locomotor entre hombres y mujeres actuales.

A la vista de estas investigaciones, se han planteado otras hipótesis alternativas al parto complicado, como es la “Hipótesis metabólica y Energética”, acuñada por Holly Dunsworth, antropóloga de la Universidad de Rhode Island. Según esta hipótesis, el parto sobreviene cuando la madre ya no puede seguir cubriendo las necesidades nutricionales y metabólicas del bebé. Además, teniendo en cuenta el tamaño del cuerpo de la madre, la gestación humana es un poco más larga en comparación con otros primates y el tamaño de los bebés son de mayor tamaño de lo esperado.

Las restricciones metabólicas que debe de soportar la madre condicionan la duración del embarazo y el crecimiento del feto, sobre todo del cerebro en el último trimestre del embarazo. Después del parto, el recién nacido sigue alimentándose de la madre, lo que sigue imponiéndole unas demandas metabólicas, aunque las necesidades cambian ya que asimila mejor más ácidos grasos de cadena larga esenciales para el crecimiento cerebral.

       

Otra posible hipótesis que se contempla es la nutrición como punto de partida del parto complicado. En la formación del esqueleto Jonathan Wells del Colegio Universitario de Londres y sus colaboradores, plantean que los problemas en el parto surgieron con la agricultura que modifico la alimentación humana. Un aumento de carbohidratos por el cultivo de cereales en la alimentación y no la pelvis femenina, imponen restricciones en el parto.

           

Estas hipótesis pueden ser un ejemplo de cómo los cambios a lo largo de nuestra existencia afectarían a la morfología pélvica. Como dice C. VanSickle, en su artículo sobre el estudio de la pelvis “por un lado, tal y como apuntan los recientes restos fósiles, el parto podría no ser el único condicionantes de la evolución de la pelvis en los homininos, y por otro, que los especialistas necesitamos conocer mejor la alimentación de los homininos para interpretar las diferencias en las pelvis fósiles”.

Como podemos ver, algo tan normal como dar a luz, se convierte en un conflicto evolutivo. Abre las puertas a diferentes hipótesis y los nuevos indicios e investigaciones ponen en entredicho explicaciones que durante años se han dado como causa de esa dificultad en el parto humano. Y quizá el problema no solo sea dar a luz a un bebé con cerebro voluminoso sino en engendrarlo. Y también es posible que una hipótesis no excluya a otra.

                   

                                                     Amaia Castresana Palma

Referencias

VanSickle, C. “La evolución de la pelvis humana” (2018) Investigación y Ciencia. American Scientist Magazine

Wells, J.C., DeSilva, M., y Stock, J.T. “The obstetric dilemma: An ancient of Russian roulette, or a variable dilemma sensitive to ecology? (2012) American Journal of Physical Anthropology, vol. 149 (555) págs. 40-71

Shipman, P.  “El difícil trance del parto humano” (2014) Investigación y Ciencia. American Scientist Magazine

Dunsworth, H.M. “El dilema obstétrico se deshizo” Capitulo 2 “Costoso y lindo: bebés indefensos y evolución humana” (2016) Santa Fe: Escuela de Investigación avanzada.

Dunsworth, H.M., Warrener, A.G., Deacon, T., Ellison, P.T. y Pontzer, H. “Hipótesis metabolic de la altricialidad humana” (2012) PNAS 109 (38) 15212-15216; https//doi.org/10.1073/pnas.1205282109.

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