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La batalla de Talavera, 3 de septiembre de 1936.

Talavera del Tajo, así llamada durante la época republicana, era una población con un gran número de habitantes, más incluso que la capital de la provincia, Toledo.

En las fechas previas a la toma de la ciudad por parte del bando sublevado, la ciudad se preparó para aguantar la ofensiva. Eran tiempos difíciles en plena guerra civil. La población prácticamente ejercía una economía de subsistencia con el único afán de arreglarse con lo que se tenía, sin ninguna aspiración más allá de la supervivencia. Siempre exceptuando la situación de varias familias con poder económico, que albergaban las mejores viviendas de la ciudad y disfrutaban de una posición socio-económica privilegiada.

La ciudad se preparó para la ofensiva con abundante artillería, un tren blindado y en torno a 10000 combatientes. El ejército sublevado acometió la toma de la ciudad con un ejército de unos 3500 hombres (con más preparación y mucho más organizados). Estaban encabezados por el General Yagüe, y gran parte de esos hombres, curiosamente, eran marroquíes que lucharon junto al bando nacional, es por ello por lo que le llamaban “Ejército de África”.

Al tomar las zonas más altas alrededor de la población, entraron estratégicamente en la ciudad desencadenando un gran número de asesinatos y tropelías espeluznantes.

Las personas que eran “susceptibles de ser fusiladas” eran muy diversas. Personas que formaban parte del Gobierno legítimo Republicano, sindicalistas, masones, profesoras/es, escritoras/es, intelectuales, milicianos, campesinas/os, jornaleras/os, etc… En definitiva, toda persona que no fuera afín a la ideología fascista de los rebeldes, y su complicidad con la Iglesia, ya que “iban de la mano”.

En la masacre que se llevó a cabo en la calle Carnicerías, fusilaron a decenas de personas y en vez de retirar los cadáveres, los dejaron inertes junto a pequeños ríos de sangre durante varios días. Esto era una forma de demostrar y advertir a la población sobre las consecuencias de tener una actitud de rebeldía ante el avance fascista.

Pero no solo se produjo esa tragedia. También se produjeron ajusticiamientos de unos 10 minutos en diversas zonas de la ciudad y caminos de los alrededores, todas con el mismo final, fusilamiento, personas quemadas vivas y maniatadas, se arrojaron cadáveres al río Tajo a su paso por la ciudad, fusilamientos también en la tapia del cementerio, fosas comunes llenas de cadáveres, etc.

Durante la Guerra Civil (1936-1939) se produjeran actos de este tipo por parte de los dos bandos en las diferentes contiendas a lo largo de todo el país, pero una vez terminada la guerra, concretamente a partir del 1 de Abril de 1939, la represión hacia los vencidos no cesó. El nuevo régimen fascista tomó el poder en todo el país y continuó la represión hasta la muerte del dictador en 1975. En todo este tiempo, las personas afines al régimen siguieron con su “caza de brujas” hacia la disidencia. Mucha gente emigró hacia otros países, pero los que quedaron, no podían mostrar ni un solo ápice de simpatía hacia la República. La policía franquista, la Guardia Civil, los militares, profesores, censores, etc. En definitiva, toda persona que trabajaba para el nuevo régimen tenía la obligación de comunicar cualquier acto de disidencia que presenciasen o tuvieran conocimiento. Luego la “maquinaria dictatorial” se encargaría de ajusticiarlo con cárcel, represión, torturas, y en no pocos casos, con la muerte o desaparición.

Todo esto pasó a nivel nacional, y por supuesto, la rebautizada Talavera de la Reina y las comarcas de alrededor, no fueron una excepción. Juan Aguado y su familia vivieron todo ese tiempo reprimidos y con la sospecha por parte de las autoridades debido a su pasado de servicio y afinidad a la República como maestro de escuela, además de su lucha en el bando republicano durante la contienda. Las diferentes cárceles que se montaron en Talavera albergaban a muchas personas en condiciones paupérrimas, por lo que Juan y su familia tuvieron miedo, mucho miedo, no olvidemos que el miedo también es un tipo de dolor. De hecho, el miedo les duró hasta bien entrada la democracia, ya que los poderes fácticos se componían de muchos católicos, dirigentes políticos, instituciones y fuerzas de seguridad herederos del franquismo se “vistieron de demócratas”, pero algunos años antes fueron fieles servidores de régimen.

Juan Aguado, vivía en Aldeanueva de Barbarroya, provincia de Toledo y correspondiente a la comarca de la Jara, muy próxima a Talavera de la Reina, la ciudad más importante de la zona oeste de la provincia de Toledo, cerca de la frontera con la provincia de Cáceres.

Esa comarca era mayoritariamente republicana, pero el avance de las tropas sublevadas desde Badajoz (ciudad en la que el General Yagüe ejercitó su represión con mucha violencia hasta ganarse el apodo de “el carnicero de Badajoz”) hasta la capital, Madrid, tendría que pasar por esa comarca, y derrotar a Talavera de la Reina como último bastión y ciudad grande antes de llegar a la capital.

Si la Guerra Civil Española fue dura, la posguerra lo fue a un más, vencedores y vencidos tenían que convivir y también tenían que sobrevivir. Los niños de la posguerra guardan en la memoria las historias que escucharon de la gente que los rodeaba, guardan en la memoria las imágenes de su niñez, de sus padres, de sus barrios; son imágenes cargadas de miedo, de angustia, de silencio y de hambre.

Escuchar las historias que durante años han sido guardadas es necesario para entender que en una guerra no solo se cuentan los muertos, no solo hay un vencedor, no solo hay vencidos; sino que la misma guerra se recuerda de manera diferente en cada familia.

Enrique guarda en la memoria el recuerdo de la posguerra, tiene muy presente que su padre vivió con miedo y que fue represaliado por la dictadura franquista. Sentado en el salón de su casa, mirando la fotografía de su padre nos cuenta su historia.

Mi nombre es Enrique Aguado Pereira, nací en Aldeanueva De Barbarroya soy hijo de Juan Aguado Ramírez y Dolores Pereira Gutiérrez, ambos represaliados por el régimen franquista. Soy el cuarto de seis hermanos. Quiero que quede bien claro que no solo los reprimieron a ellos como adultos, también nos reprimieron a nosotros, nos impusieron un maestro falangista, que no tenía título de profesor, lo habían puesto porque era afín al régimen, en cambio a los que tenían el título de profesor, les negaron el trabajo. Mi maestro era más analfabeto que nosotros, nos obligaba a cantar el cara al sol, nos negaron la enseñanza. Mi niñez la recuerdo muy triste, cuando ya me empecé a dar cuenta de lo que era la situación, con diez, once años, iba a un colegio que se llama: San Agustín El Viejo, el maestro era jefe de falange, nos hacía cantar el cara al sol, cuando llegábamos íbamos al fondo donde estaba el maestro y lo que teníamos que hacer era pegar un taconazo y levantar la mano y decir buenos días Don Tiziano, cuando alguno no lo quería hacer lo castigaban. Yo abandoné el colegio a los trece años. Eso el peor que me pudo pasar de niño, que me negaran la cultura (educación escolar) ¡Que quede bien claro! ¡esa represión nunca se la voy a perdonar a ningún hijo de perra de estos!

Me fui a Alemania con veintitrés años, yo siempre había estado en Talavera, porque mis padres me llevaron ahí con dos años y quería moverme un poquillo. Al ver aquello y ver la libertad que había en Alemania, la verdad es que tuve un poco de envidia sana. Estuve dos años ahí.

En 1975 cuando murió Franco, yo estaba en Nuremberg. Yo había estado jugando en un equipo de futbol en la que la mujer de Don Juan Jordana Del Posar entonces embajador de España en muni (Múnich), era la presidenta. Fui a hacer una gestión y ahí me lo dijo Don Juan; que Franco había muerto. Decidimos regresarnos a España, ya entonces yo me había casado. Cuando regresé, bien es cierto que Franco había muerto, pero todo seguía igual, eran los mismos perros los que mandaban.

Mi padre nació en 1917 y mi madre en 1921. A mi padre se lo llevaron mis abuelos a Francia cuando tenía dos años y estuvo hasta los dieciocho años en Francia. Cuando vinieron de Francia vino con el bachiller y aquí en España hizo el magisterio. Luego le pillo la Guerra Civil y estuvo tres años con la Republica, luego lo hicieron prisionero, porque había sido oficial de intendencia en toda la parte de la Jara, él se encargaba de administrar los pocos recursos que tenían y de repartirlos, al ser un oficial le metieron en un campo de concentración, estuvieron a punto de fusilarle, no lo fusilaron a petición de un cura. Al salir del campo de concentración tuvo que hacer las milicias con los vencedores, estuvo tres años en Canarias.

Cuando volvió a Aldeanueva De Barbarroya, no lo dejaron de ejercer su magisterio, no solo en Aldeanueva sino en todo el Estado español. Entonces se tuvo que dedicar a otra cosa y montó una empresa de piedras naturales (cantería); hacía casas y llegó a tener una empresa de cantería. A los perdedores no les daban trabajo, tenían que ser obreros por cuenta propia, mi padre eligió ser cantero por pura sobrevivencia.

Mis padres se conocieron en guerra, se casaron al terminar. Se tuvieron que casar en la iglesia, mi madre era un poco creyente, mi padre no, él estaba en contra del poder que era la iglesia en ese momento. A mi madre la recuerdo como la mejor madre del mundo, sufrió mucho y paso mucho miedo, ella no hablaba de la guerra, había pasado tantas penurias que no hablaba de nada. Recuerdo que no había mucho de comer y la ropa no teníamos ni una de repuesto, si se rompía la cosía, si se ensuciaba la lavaban para el siguiente día usarla. A un hermano de mi madre lo mataron, no sabemos quién, porque primero era republicano, pero después lo convencieron de pasarse a los nacionales, nunca apareció, no supimos si lo mataron los nacionales o los rojos; se llamaba Vicente Pereira Gutiérrez.

A nosotros nunca nos hablaron de la guerra, era un tema del que no se hablaba, vivíamos tan reprimidos, que mi padre tenía miedo. Mira ver si tenían miedo que, se metían a la habitación más profunda que había en la casa para escuchar la Radio Moscú. Ponían la radio bajito para que no los oyesen, porque eso era motivo de que te llevaran a la cárcel. Yo recuerdo que mi padre veía un Guardia Civil y procuraba darse la vuelta por otro sitio y no porque haya sido un delincuente que era un hombre honrado y trabajador. Lo que, si recuerdo que nos contó, fue como lo ascendieron. Me dijo: me ascendieron por cobarde; había un ataque de moros, estábamos en una trinchera y ahí nos quedamos agachados para que no nos vieran y luego ya cuando vino el contra refuerzo, salimos y tirábamos tiros, aunque fuera al aire y nos ascendieron a todos por cobardes (risas)

Enrique nos pide que pongamos lo siguiente tal como nos lo dice, es tanto el rencor que le tiene a Franco que no quiere mencionar su nombre y al mismo tiempo es una forma de rebeldía que usaban durante la represión:

Cuando “Paquita culo gordo” (Franco) iba a pasar cerca o por Talavera no dejaban salir a nadie de los vencidos de sus casas, para que no se pudieran acercar a la carretera por donde pasaba y esto duró hasta muchos años después de que se terminara la guerra.

Un día que yo estaba haciendo mis deberes llegó un militar a buscar a mi padre, lo mandaron para presionarle para que se fuera a trabajar al Valle De Los Caídos, él y todos los empleados que tuviera. Mi padre se negó y le estuvieron presionando bastante para que fuera a trabajar al Valle De Los Caídos. Otra cosa que recuerdo de mi padre es que daba clases clandestinamente. En un cachillo de saloncito que teníamos, ahí tenía siempre a cuatro, cinco personas, sobre todo agricultores que no podían ir al colegio, lo que más les enseñaba eran matemáticas, las clases se las daba por la noche y no les cobraba nada, bien es verdad que ellos le llevaban detalles, como eran agricultores llegaban con alguna especie.

Mi padre murió joven con sesenta y nueve años en 1986, quedo muy machacado, estaba muy trabajado y la mala vida que habían llevado. Eso si murió siendo republicano ¡vivió y murió siendo republicano! Por eso el día que pude gritar ¡VIVA LA REPÚBLICA! Fue uno de los días más felices de mi vida, porque lo hice a pulmón lleno, fue como si MI PADRE se hubiese liberado de algo, no fue por mí, era un derecho que tenía por decirlo en nombre de mi padre

¡VIVA LA REPUBLICA!

Roberto Aguado Gudiel

                                                                                                                           Aracely S. Cruz

Aracely S. Cruz

Referencias

http://Ctxt.es/es/20180103/política/16995/fusilamiento-Toledo-guardias-republicanos-virginia mota

www.lavozdeltajo.com

www.lomejordelatierradecastilla.com/trescuriosidades-de-la-guerra-civil

www.joseantoniobru.blogspot.com

Toma de Talavera https://g.co/kgs/fXAyQa

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