1 0
Read Time:16 Minute, 36 Second

Hoy tenemos en “Conversaciones en zapatillas de andar por casa” a Javier Maurín, codirector de El Jacobino. Cuyos podcasts pueden escucharse en plataformas como iVoox y Spotify, o a través de su canal de YouTube. Además de director de El Papel.

Tras muchas cervezas compartidas y muchas conversaciones tratando de arreglar el mundo, me he decidido a entrevistarle para que la gente trate de conocer un poco más a quién está detrás de “El Jacobino”. La cosa se me va a hacer un tanto complicada: es la primera vez en mi vida que le llamo por su nombre de pila.

Eres uno de los cabeza de cartel de «El Jacobino»: os declaráis de izquierdas, socialistas. Vienes de «Ciudadanos«, Guillermo del Valle de UPyD. Otros nombres, como sucede también contigo y Guille, vienen de la «Plataforma Ahora» y del equipo de Gorka Maneiro, el sucesor de Herzog al frente de UPyD. Las etiquetas (y más las ideológicas) me parecen sobrevaloradas (cuando no son «los padres» los que las pusieron), pero estas organizaciones de las que procedéis han hecho un esfuerzo fehaciente para que no fuesen reconocidas por ser de izquierdas y acercarse al «mercado electoral» del centro-derecha. Discúlpame, pero me suena como si se junta un entrenador del Real Madrid, un canterano y el segundo capitán del primer equipo para hacer un podcast hablando de los verdaderos valores del Atlético de Madrid.

Muchas gracias por la entrevista, Rubén. Es un placer estar aquí para los amigos de Anthropologies. Veo que empiezas fuerte, jaja. Las militancias anteriores son algo personal, cada uno tuvimos nuestros motivos y éstas tuvieron su contexto. En realidad, mi paso por Ciudadanos duró poco, milité unos 10 años en el PSOE. Pero es que en España existe una anomalía ideológica que puede explicar estas militancias (o votos) en gente de izquierdas: la izquierda representada en las instituciones ha renunciado a defender la unidad política de España o una idea tan básica como la de la igualdad. Parece que si se defienden los servicios públicos deben defenderse automáticamente la asimetría territorial, los privilegios de las regiones más ricas o que algunos decidan por todos en función de algo tan subjetivo como la identidad. Esto es un absoluto sinsentido. Y por eso decidimos crear El Jacobino. Porque es posible defender la igualdad entre españoles, que todos decidamos sobre lo que es de todos -el territorio político- y, al mismo tiempo, unas políticas sociales potentes. Políticas sociales que, por cierto, son bastante raquíticas incluso cuando supuestamente nos gobierna “la izquierda”. De todas formas, puedes estar tranquilo: ¡tanto Guillermo como yo somos abiertamente del Atlético de Madrid!

Me resulta paradójica la crítica que se hace en ocasiones desde el centralismo a los nacionalismos, principalmente, vasco y catalán. Tengo la sensación de que lo que más molesta de ellos son las muestras de sus expresiones culturales y sus reivindicaciones desde esta óptica. Sin embargo, la región que goza de más beneficios fiscales es la Comunidad Foral de Navarra y no he escuchado a nadie protestar por ello ni hablar de reparto desigual.

Esa es una observación magnífica, aunque esa crítica no es desde el centralismo sino desde la derecha, que no tiene por qué ser centralista. A la derecha podrán molestarle las identidades o la diversidad, pero, desde luego, lo que no le molesta son las asimetrías ni los privilegios. De hecho, el Partido Popular siempre ha sido profundamente foralista -Navarra y País Vasco- y regionalista -Galicia, Andalucía, Valencia… En el caso concreto de Navarra y País Vasco, son tan defensores del cupo y del convenio como los nacionalistas. La derecha está encantada con las desigualdades y con la competencia entre Comunidades Autónomas, especialmente en materia de fiscalidad, porque esto siempre se traduce en una tendencia a la baja en los impuestos. Para los que somos de izquierdas, todo esto debería parecernos inadmisible. Actualmente, la izquierda con representación en las instituciones defiende las identidades, pero también los privilegios económicos y políticos en función de éstas. La izquierda no puede defender regímenes fiscales diferenciados dentro del mismo Estado: ¡que los ciudadanos de las regiones que más tienen no redistribuyan con las regiones más necesitadas, qué locura! Por eso nace El Jacobino, porque nos es imposible vernos representados en esto. Y huelga decir que los nacionalistas están encantados con esta situación, tanto con el comportamiento de la derecha regionalista como con la izquierda identitaria. Sacan beneficio de ello gobierne quien gobierne. Estamos donde estamos por culpa de los gobiernos del PP y también de los del PSOE. Y la llegada de Podemos no ha hecho más que empeorar la situación con los nacionalistas.

Recuerdo a Abascal con aquello de la «derechita cobarde», hace no mucho leí a Antonio Maestre que os llamaba «izquierda lepenista».  Iba a preguntarte sobre los custodios de las ideologías, aquellos que se creen garantes de una línea. Sin embargo, después se anotar esta pregunta como interesante me encontré con el siguiente tweet:

Entiendo la pregunta. Para Antonio Maestre, toda izquierda incipiente es fascista. Defiendan lo que defiendan van al mismo saco, lepenistas, fachas, rojipardos. Eso es de un rigor intelectual nulo. Pero otra cosa es fijar unos marcos mínimos para definir qué es de izquierdas. En este caso concreto, hablamos de derecho de autodeterminación, muy relacionado con lo que hablábamos en la pregunta anterior. El derecho de autodeterminación aplica a naciones oprimidas, en virtud de una necesidad histórica de descolonización, véase el Sáhara Occidental, por ejemplo. Pero otra cosa muy diferente es coger esta prerrogativa y aplicarla a cualquier cosa. Los nacionalistas han desvirtuado este derecho para reclamar una especie de privilegio de secesión: irse con lo que es de todos. España es una nación políticamente constituida desde hace siglos. Todo el territorio político es de todos, y sobre él decidimos todos. Tú eres un ciudadano español y tienes plenos derechos en Chinchón, en Guecho y en Castelldefels. Tenemos desde hace años al nacionalismo reclamando levantar una frontera entre españoles y llevarse una parte del territorio común en virtud del “derecho de autodeterminación”, como si estuvieran oprimidos. Están reclamando desde varias de las regiones más ricas de España (vaya casualidad) que no te atiendan en los hospitales de su región. Están diciéndonos que no quieren redistribuir con los extremeños y que no tengas derecho a vivir allí si quieres. Nosotros no defendemos la unidad de España con golpes de pecho ni en virtud de unas esencias. Simplemente exponemos algo evidente: que semejante recorte de derechos no tiene cabida en la izquierda. Es algo de mínimos.

Creo que no has terminado de responderme, o tal vez no me haya explicado lo suficiente, disculpa. No entro en la ética de determinados pueblos a reclamar su autodeterminación. Si no en el hecho de que Antonio Maestre se cree la auténtica izquierda, Abascal la derecha valiente y que estar a favor de la autodeterminación, según vuestro tweet, te exime de poder ser de izquierdas. No me parece el modo, máxime cuando conozco «católicos ateos» (los hay) ni mucho menos que un individuo le diga a otro cómo tiene que definirse por creer en una cosa concreta ¿No te parece un error la idea plasmada en ese tweet?

Maestre y Abascal pueden creerse lo que ellos quieran, pero otra cosa muy diferente es que lo que digan sea verdad o que ello signifique que no se les pueda replicar. Es cada vez más frecuente ver en el debate público que se abandona la racionalidad y la objetividad para pasar a dar valor absoluto a subjetividades o sentimientos. Además, con el propósito de sentenciar los debates, como si fueran argumentos irrebatibles. El conocimiento avanza a través del debate y los argumentos, de cuestionar afirmaciones y contraargumentar. Se me ocurre como ejemplo que últimamente algunas de las caras visibles de Vox, como Buxadé u Olona, intentan definir a Vox como obrerista. Pues no, mira, te puedo asegurar que trabajaremos para rebatirles y mostrar que defienden, precisamente, intereses opuestos a la clase trabajadora. Y de igual manera, y volviendo al tweet, alguien que defienda la secesión de los ricos o extranjerizar a conciudadanos no comparte valores de izquierdas, por mucho que lo intenten disfrazar de derecho de autodeterminación. Quienes defienden y han defendido estas tesis han sido siempre los miembros de la Escuela austriaca (von Mises antes, Juan Ramón Rallo ahora, y otros muchos neoliberales) o los nacionalistas, que persiguen sus intereses particulares por encima de todo y de todos. Yo entiendo que, ante esta realidad, alguien puede sentirse violentado porque desde hace décadas se viene presentando en España la defensa de la secesión de ciertas regiones como algo muy de izquierdas, sin apenas discurso alternativo. Pero ahora surge una oposición a ese disparate. Y con un cariz profundamente social y no identitario. Y advierto: continuaremos diciendo estas cosas y cada vez más alto. La respuesta de la gente es muy positiva. Mucha gente está abriendo los ojos y dándose cuenta de que, para la izquierda, el discurso de los nacionalistas es tan pernicioso como el de los neoliberales, y que muchas veces incluso van de la mano.

Dentro del panorama actual ¿qué partido crees que se identifica más con las ideas que promulgáis?

El Jacobino nace precisamente por un vacío de representación evidente en el lado izquierdo del tablero. Votar políticas sociales y redistribución no puede significar necesariamente defender el federalismo o el confederalismo, referéndums de secesión o defender privilegios históricos y asimetrías territoriales y competenciales. La izquierda actual está en esto. Nosotros creemos en un modelo de Estado igualitario y redistributivo. Una fiscalidad realmente progresiva, una defensa férrea de los derechos de los trabajadores y defender la soberanía de nuestro país en todos los ámbitos: energética, económica, industrial… PSOE y Podemos están muy lejos de todo esto. Por eso existimos, porque creemos que es necesario un discurso alternativo.

¿Y alguno de fuera de nuestras fronteras?

Cada país tiene sus propias dinámicas y contextos y estas traslaciones hay que cogerlas con pinzas. Con esa salvedad, probablemente la formación que más se acerca a nuestras ideas sea la Gauche républicaine et socialiste en Francia (Izquierda republicana y socialista). Es un partido muy pequeño, aunque con representación institucional a todos los niveles a través de la Francia Insumisa de Mélenchon. Logran combinar socialismo, republicanismo y un marcado laicismo, cosa de la que, en España, parece que ya no defiende nadie.

¿Qué hacemos con el capitalismo, Javi? Me muevo entre el pensar que el hecho de que algo no sea perfecto no lo hace necesariamente malo, mientras que lo que lo hace realmente malo es esencialmente aquellos que lo constituyen: los capitalistas ¿Qué propones; lo controlamos o directamente buscamos alternativas?

Pues esa es una de las preguntas más importantes en la izquierda de los últimos dos siglos. Marx y Engels fueron los primeros en poner en valor los grandes avances que supuso el capitalismo, y eso fue a finales del XIX, así que fíjate lo que han cambiado la calidad de vida y las sociedades desde entonces. Pero el capitalismo tiene una cara extremadamente oscura: la desigualdad que crea. La brecha entre capitalistas y proletarios -quienes no tenemos más que nuestra fuerza de trabajo- ha llegado a límites disparatados, y la cosa no hará más que empeorar. Estamos hablando de que el hombre más rico del mundo tiene más dinero que el PIB de Finlandia y que, para mantener o incluso incrementar eso, ese hombre ni siquiera tiene que trabajar. Ya no existe esa antigua figura del empresario arremangado en la fábrica, ahora está el CEO que dirige la empresa y, si no da beneficios, le cambian por otro. Y mientras tanto, el milmillonario solo necesita pensar dónde invertir su riqueza para obtener rentabilidad, para seguir ganando dinero, como un efecto una bola de nieve. ¿Y por nuestro lado, los que solo podemos trabajar? El futuro pinta en bastos: acabarán consiguiendo robotizar la inmensa mayoría de la fuerza de trabajo.

Ese es el diagnóstico, y tú me decías: ¿lo controlamos o directamente buscamos alternativas? Las alternativas solo pueden pasar por controlarlo para poder seguir avanzando. Yo soy un firme partidario del progreso, pienso que hay que seguir realizando desarrollos tecnológicos, invertir en investigación pública y aumentar la productividad. No creo que las soluciones a las flagrantes desigualdades del capitalismo y a su carácter depredador pasen por remedios reaccionarios o ideas peregrinas como pastar las vacas de diez en diez o bajar la velocidad en las autovías. Creo que la solución pasa por la participación pública en sectores estratégicos, redistribución de patrimonios y capitales, que los trabajadores sean incluidos en la administración de las empresas o que los beneficios de las éstas repercutan positivamente en la sociedad. Son muchísimas las cosas que se podrían hacer en este sentido y no se hace nada. Absolutamente nada. El objetivo debe dejar de ser puramente crematístico e individual; debemos buscar conjuntamente la maximización del bienestar. Un sistema que sólo busca los beneficios económicos es intrínsecamente perverso, deja de lado asuntos vitales como la salud, la ecología o la educación. Pero ya digo que la solución no pasa por deshacer el capitalismo y volver al autoabastecimiento feudal. Hay que superarlo aprovechando todo lo bueno que ha desarrollado.

Tu respuesta me ha llevado a evocar el modelo nórdico, el que parece ser el más exitoso de cuántos hay. Me resulta indicativo de cómo funciona la política y sus voceros: los liberales dicen que es el modelo que intentan implantar, los socialdemócratas que es el suyo. Desde mi perspectiva ninguna de las dos corrientes, en nuestro país, ha logrado todavía bajarse del carro de su propia historia para poderlo, no llevar a cabo, sino proponerlo ¿Qué opinas de este modelo?

A mi juicio, existen dos irregularidades en el tablero político español que hacen muy difícil que logremos desarrollar un modelo fuertemente social. Por un lado, no existe una derecha social, al estilo democristiano. La derecha española se ha radicalizado en torno a un liberalismo conservador, de trazo grueso y obsesión desregulacionista. Son fanáticos de los mercados. Creen que los servicios públicos están mejor en manos de empresas, cuyo único afán es el lucro, que en las suyas propias. Eso es muy significativo. Prometen que menos Estado y bajadas masivas de impuestos solucionarán los problemas por ciencia infusa. Estas ideas llevan desmontadas desde hace décadas, pero el neoliberalismo siempre parece resucitar.

Y, por otro lado, en la línea que comentaba al principio, falta una izquierda socialista e intervencionista. Cuando hablamos de este tema siempre me vienen a la cabeza declaraciones como las que han hecho alguna vez miembros tanto de Podemos como de Más País, en el sentido de superar el eje izquierda-derecha y comenzar a hablar de progresistas contra conservadores. No es que las políticas progresistas, los derechos civiles o la batalla cultural no puedan compatibilizarse con políticas socialistas. Nada más lejos de la realidad. El problema es que la izquierda ha ignorado deliberadamente el eje económico y cuando ha llegado al gobierno han sido meros continuistas de las políticas liberales. Lo vemos con el gobierno actual, que ha tenido una oportunidad de oro para desarrollar su propia legislación laboral garantista, pero en su lugar han decidido maquillar las políticas del Partido Popular y acabar por confirmarlas. Aunque el ejemplo paradigmático es José Luis Rodríguez Zapatero. Durante su legislatura se llevaron a cabo importantes avances en derechos como la ley del aborto, la de matrimonio homosexual o la lucha contra la violencia de género. Eso estuvo genial, hay que celebrarlo. Pero llevó a cabo una de las reformas laborales más lesivas para los trabajadores y eliminó el impuesto de patrimonio. Bajar impuestos es de izquierdas, decía, pero se refería a los que gravan a los ricos porque, mientras eliminaba patrimonio, el IVA -que afecta a trabajadores y a ricos por igual- bien que lo subió. De aquellos polvos estos lodos. Yo creo que es imprescindible luchar en ambos frentes, regalar la importantísima batalla de la economía a la derecha es un error histórico. Y hasta que esto no se entienda, el estado de bienestar seguirá siendo desmantelado y los derechos de los trabajadores “flexibilizados”.

¿Qué planes tenéis de aquí en adelante? Es decir ¿A dónde queréis llegar?

Dimos el paso de transformar el canal de Youtube a think tank con el objetivo principal de hacer llegar nuestras ideas a la mayor cantidad de gente posible: republicanismo cívico y socialismo democrático. Creemos que son las herramientas más justas y eficaces para hacer frente a las dos grandes amenazas de este siglo: los nacionalismos y el neoliberalismo. Nuestro plan es hacer proselitismo de estas ideas y que, a través de la suficiente difusión, acaben llegando y viéndose representadas en las instituciones. Queremos llegar a ser capaces de transformar realmente la sociedad.

Poca gente sabe que eres uno de los culpables de que «Anthropologies» echase a andar (es para repartir culpas ¿sabes?). De hecho, la primera web la diseñaste tú. Te he visto formar parte de un sinfín de proyectos (de los cuales he sido copartícipe). Has hecho judo, has sido socio del estu, te has entrenado para lanzar naipes muy lejos… ¿Hay algo que no hayas hecho? ¿Cuántas noches te ha tocado dormir en el sofá por cosas como estas? ¿Algo que tengas entre ceja y ceja en estos momentos?

Nada, muy poco culpable. Atribuirme el más mínimo mérito en Anthropologies sería un fraude. Soy consciente del trabajo que conlleva un proyecto como el vuestro y hacéis una labor excelente.

La vida dura demasiado poco como para hacer todo lo que nos gustaría. Ahora mismo, entre la paternidad y El Jacobino tengo ya bastantes ocupaciones, aunque me encantaría retomar el judo, que es mi deporte favorito. ¡Y ojalá vayamos más veces a ver al Estu!

Eso está hecho, a ver si me llevas. Muchísimas gracias por tus respuestas Javi, ¿te atreves con nuestro decálogo?

Por supuesto


El decálogo (no tan decálogo) de Anthropologies

1 – Si tuvieras que recomendarnos un único libro ¿Cuál sería?

‘Republicanismo’ de Philip Pettit. Imprescindible para disputar el concepto de ‘libertad’ a los liberales y recuperar el significado de la república democrática.

2 – ¿Qué personaje histórico crees que tiene que ser revisado con mayor urgencia?

Lluís Companys

3 – ¿Cuál es desde tu punto de vista la mayor mentira que se acepta de modo más o menos universal?

Que en la vida se puede ser lo que se quiera ser.

4 – Una teoría conspiratoria a la que le das crédito

Seguro que hay un Bildeberg a la española. El poder político es cada vez más limitado.

5 – ¿Qué efecto crees que puede tener a largo plazo el hecho de que una persona con un dispositivo electrónico a su alcance puede generar un contenido capaz de llegar a cualquier lugar?

La completa hegemonía de la subjetividad. Una distopía del absurdo.

6 – ¿Qué personaje con el que no te identificas ideológicamente se ha ganado tu respeto?

Mariano Rajoy. Nos pensábamos que el Partido Popular no podía ir a peor. Je.

7 – ¿A quién invitarías a un café?

A Joaquín Sabina. Menuda fantasía.

8 – Una película poco conocida pero que te parezca altamente recomendable.

‘Sorry We Missed You’, de Ken Loach. Todo el mundo debería ver películas del estilo para tener un poquito de sensibilidad social. La vi hace poco y vomité de la angustia.

9 – ¿Cómo fue el trayecto que llevaste a cabo para pensar como piensas hoy día?

He ganado progresivamente conciencia social y de clase. Lo que ha sido bastante más súbito ha sido entender la importancia de la cuestión nacional. Sin estado no hay estado de bienestar.

10 – ¿A qué corriente de pensamiento o teoría le aplicarías la obsolescencia programada?

Te digo dos: Nacionalismo y liberalismo conservador

BIS – ¿Cuál es tu definición de cultura?

Eso que hace al ser humano único. Lo que une a las personas y que, a la vez, las separa. Algo individualísimo que nos empeñamos en hacer colectivo. Un tesoro y, muchas veces, una pesadilla.

Javier Maurín  & Rubén Blasco

Happy
Happy
0 %
Sad
Sad
0 %
Excited
Excited
0 %
Sleepy
Sleepy
0 %
Angry
Angry
0 %
Surprise
Surprise
0 %
   Send article as PDF   
anthropologies

Average Rating

5 Star
0%
4 Star
0%
3 Star
0%
2 Star
0%
1 Star
0%

One thought on “Conversaciones en zapatillas de andar por casa: Javier Maurín de “El jacobino”

  1. Rubén, Javi, un gusto volver a saludaros.
    Comparto que es paradójico decirse de izquierdas y ser nacionalista, no debería ser posible algo así. Si estás a favor de la igualdad entre todos y del reparto de la riqueza no puede ser que exijas para tu comunidad algo distinto que para tu Estado.
    Ahora bien, la cosa no acaba ahí. Si realmente crees que se debe buscar la igualdad entre todos el Estado también se queda pequeño. Esto lo comento porque en El Jacobino a menudo abanderáis el concepto de Estado español y su prolongación en el tiempo como justificante de que el Estado ha de ser la unidad que defina cómo se deben hacer las cosas. Y ésto no lo veo, aquí no coincido.
    Podemos ver a Rusia por ejemplo diciendo que Ucrania es un Estado joven aún ligado culturalmente, genealógicamente, históricamente a la Unión Soviética y, por tanto, a Rusia. ¿Cuánto tiempo tiene que pasar para que un Estado esté legitimado? ¿Cuánto tiempo tendría que pasar Cataluña independiente para que la reconocierais? ¿Lo haríais alguna vez?
    Pongamos que se repitiese el 15 M y no sólo se llene la Plaza del Sol sino que se llenasen las demás plazas del mundo, como casi ocurrió. Pongamos que saliese todo el mundo a protestar contra los poderes multinacionales contra los que poco puede hacer un Estado. ¿Y si nos organizásemos todo el planeta para sacar guillotinas en los paraísos fiscales? ¿Para cortar el calentamiento global? ¿Para acabar con las guerras que nunca interesan a los que ponen los muertos?
    ¿Y no podemos aspirar a algo mejor? La Unión Europea es un paso, la ONU, la OMS, … Y aquí a donde voy es que podríais haber encarado el problema secesionista de muchas maneras, a veces lo hacéis bien. Otras, muchas, demasiadas, transmitís vuestro propio nacionalismo que simplemente tiene escala estatal en vez de escala de Comunidad Autónoma. Y sí, a mí eso me suena igual de rancio cuando lo decís vosotros que cuando lo dice el PP o VOX.
    Con toda seguridad mi análisis tiene errores, sobre todo porque hace meses y meses que no os sigo. Puede que haya sido injusto en algún punto pero eso no quita que, lo que pienso, lo piensan muchos otros y es con lo que me he quedado yo.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.