El pasado mes de noviembre los medios se hacían eco de la muerte de John Allen Chau, un estadounidense de 27 años que se definía a sí mismo como “explorador de corazón”. Su sed de aventura unida a sus firmes creencias religiosas le llevaron hasta la isla de Sentinel del Norte, en el Archipiélago de Andamán y Nicobar, situado en el Golfo de Bengala. Si ni siquiera profesionales de la Antropología se vieron capaces de establecer contacto fácilmente, es impensable que personas no formadas en la disciplina puedan hacerlo de forma satisfactoria en unos pocos días. Lo ocurrido en Sentinel el mes pasado es un reflejo del impacto del pensamiento occidental y su ansia de imponer, colonizar y llevar “la verdad” a todos los rincones del planeta. Una “verdad” que durante siglos ha causado estragos en las más variadas culturas.

El pasado mes de noviembre los medios se hacían eco de la muerte de John Allen Chau, un estadounidense de 27 años que se definía a sí mismo como “explorador de corazón”. Su sed de aventura unida a sus firmes creencias religiosas le llevaron hasta la isla de Sentinel del Norte, en el Archipiélago de Andamán y Nicobar, situado en el Golfo de Bengala. El Gobierno de India prohíbe acercarse a menos de cuatro kilómetros de la isla, por lo que John Chau llegó a ella con la ayuda de pescadores locales. Según la policía, intentó llegar en varias ocasiones, hasta que finalmente se despidió de los pescadores pidiéndoles que llevaran a un amigo suyo las notas que había tomado. A la mañana siguiente, el cuerpo de John yacía muerto en la playa.

El antropólogo británico Alfred R. Radcliffe-Brown pasó dos años (1906-1908) en el archipiélago, publicando en 1922 ‘The Andaman Islanders’, donde afirmaba la imposibilidad de realizar un trabajo satisfactorio sobre los Jarawa, Onge y Sentileses debido a las dificultades del lenguaje.

Al antropólogo indio Trilok Nath Pandit le llevó más de dos décadas establecer contacto con los Sentineleses y los Jarawa. Como producto de sus investigaciones, se publicaron algunas obras como ‘The Sentinelese’ (1990) y ‘The tribal and non-tribal in Andaman Islands: A historical perspective’ (1985).

La antropóloga india Madhumala Chattopadhyay estudió durante seis años a las tribus del archipiélago, publicando en 2001 ‘Tribes of Car Nicobar’. En 1989 escribió ‘Meeting the Sentinel islanders. The last known of the Andaman hunters-gatherers’ junto a T.N. Pandit.

Si ni siquiera profesionales de la Antropología se vieron capaces de establecer contacto fácilmente, es impensable que personas no formadas en la disciplina puedan hacerlo de forma satisfactoria en unos pocos días. Lo ocurrido en Sentinel el mes pasado es un reflejo del impacto del pensamiento occidental y su ansia de imponer, colonizar y llevar “la verdad” a todos los rincones del planeta. Una “verdad” que durante siglos ha causado estragos en las más variadas culturas, sobre todo entre los pueblos indígenas, produciendo aculturación, migraciones forzosas, dominación, desarraigo y rotura de la estructura social, homogeneización, expolios, además de contagio fatal de enfermedades que ha diezmado poblaciones. La ignorancia y la falta de respeto hacia las decisiones de otros pueblos tienen desenlaces como el del caso que nos ocupa en este artículo. Ese deseo de creernos en posesión de la verdad, de mostrar las bondades de nuestro modo de vida o de nuestras creencias y de imponer el “buen camino” a otros pueblos debería tener ya los días contados. Lamentablemente, este pensamiento desarrollista supremacista no tolera ni comprende que en este siglo aún haya comunidades cuyo modo de vida no sea el industrial, que no practiquen tal o cual religión y que quieran mantenerse fuera de los márgenes del sistema globalizado. Y a todo esto se une otro aspecto colateral de la globalización: el turismo neoliberal para el que no existe ningún tipo de frontera, en el que todo está permitido y que persigue ansioso imágenes y selfies allá donde nadie (¿Nadie? ¿Seguro?) o muy pocos han estado. Son los que creen ser los nuevos “Doctor Livingston” o “James Cook”, viajeros “influencers” de las redes sociales, pero sin la más mínima formación ni conocimiento sobre aquello que se van a encontrar.

Los Sentineleses, los Jarawas, así como el resto de pueblos indígenas que viven en aislamiento voluntario en todo el planeta han dejado claro que no desean contacto con el mundo exterior. Pero en muchos casos, se sigue insistiendo: bien por la curiosidad que genera algo tan “exótico” para algunos, bien porque los recursos medioambientales de su entorno son objeto de ambiciones empresariales y gubernamentales o porque se considera que son pueblos atrasados que deben evolucionar. Y yo me pregunto, ¿en qué sentido hablan de evolución? Los pueblos indígenas viven en total armonía con el medio, son autosuficientes y están completamente adaptados (siempre y cuando no se interfiera en sus territorios). ¿Acaso esto no es evolución humana? Sin embargo, nuestra forma de pensar mezcla conceptos y nos lleva a confundir evolución con progreso y progreso, con progreso económico (en el cual no se prioriza al humano). No podría ser de otra manera, teniendo en cuenta que vivimos bajo el yugo de una economía neoliberal globalizada y globalizante que no permite disonancias de ningún tipo. Llamarlos atrasados no es sino una excusa que se viene usando desde tiempos coloniales y con más fuerza desde 1949 cuando en su discurso el presidente estadounidense Truman pronunció con fuerza ante el mundo la palabra “subdesarrollo” y legitimó la subyugación inmediata de dos terceras partes del planeta en favor de políticas desarrollistas (¿desarrollo? El occidental, ¿supongo?).

La “domesticación” de lo llamado “salvaje” todavía está muy presente en este pensamiento colonialista. Los prejuicios, el desconocimiento, la falta de interés por conocer y respetar a otros pueblos conducen a verlos como protagonistas de una foto fija en el tiempo, estáticos, prístinos, primitivos o paleolíticos, con un modo de vida que no ha cambiado desde hace miles de años. Pero es imposible que un pueblo haya mantenido intactas todas las características de su estilo de vida a través de tanto tiempo. Nada es estático, todo sigue un proceso y todo cambia. Que haya cambiado menos o de forma diversa no debería convertirlos en objeto de sensacionalismos. Titulares mediáticos como “La tribu más inexplorada del planeta”, “La tribu más hostil del mundo”, “La tribu más peligrosa del mundo que no conoce la civilización”, “Los últimos cazadores-recolectores” demuestran este pensamiento del que hablo, el cual probablemente siga siendo más estático que los modos de vida de estos pueblos indígenas. El lenguaje influye en la “realidad”, cuando no la crea y la construye. Cada vez que sale en prensa una comunidad de cazadores-recolectores parece ser la última del mundo, teniendo en cuenta que actualmente comunidades con este estilo de vida habitan territorios en cuatro de los cinco continentes. Por otra parte, cómo saber si estamos hablando de la tribu más inexplorada o más aislada del planeta si ni siquiera tenemos constancia de absolutamente todos los pueblos indígenas que probablemente existan. Por último, los calificativos de hostil y peligrosa podrían muy bien aplicarse a la tan aclamada civilización de la que tanto se hace alarde.

Pero, veamos qué hay detrás de este aislamiento voluntario y de esa supuesta falta de contacto con la civilización.

No se sabe con certeza cómo llegaron a Sentinel del Norte. Algunos afirman que proceden de una de las migraciones que se produjeron desde África hacia Asia aproximadamente hace 55.000 años. Otros piensan que provienen de naufragios de barcos que transportaban esclavos africanos. Cierto es que la ruta marítima del comercio que cubrían los barcos procedentes de África e India en su camino hacia China pasaba por el Canal de Diez Grados y por el Estrecho de Malaca. Lo que sí se sabe es que los Sentineleses se encuentran entre las escasas tribus asiáticas que pertenecen a los pueblos ‘negrito’, con una afinidad étnica considerable con otras dos comunidades aborígenes: los Semang de Malasia y los Aeta de Filipinas. Los Sentineleses son considerados una de las tribus más aisladas y menos conocidas del planeta (pero no es ni la más aislada ni la más desconocida, como si estuviera en el top del ranking. ¿Por qué se tiende a comparar y jerarquizar todo?)

Se han producido breves visitas a Sentinel del Norte por parte, primero de británicos, y más tarde de indios. Los Sentineleses, sin embargo, han conseguido defender sus costas del influjo de la civilización con el uso de arcos y flechas. Han dejado claro en varias ocasiones que no les gustan las visitas, rechazando durante años el contacto y los regalos que el gobierno indio les hacía llegar. La primera vez que aceptaron dichos regalos fue en 1991. Sus vecinos, los Jarawa, los llevan recibiendo desde 1974. Lamentablemente, los Jarawa han vivido peor suerte desde hace más de un siglo: han tenido que enfrentarse a secuestros, asesinatos, incendios y saqueos llevados a cabo por los británicos. Además de esto, fueron ocupados por los japoneses sufriendo bombardeos durante la Segunda Guerra Mundial, la construcción de la carretera Andaman Trunk Road ha hecho mella en su territorio, sufren contagios de enfermedades, la caza furtiva afecta a sus recursos, etc.

En cuanto al tipo de “regalos” que se facilitan a los Sentineleses, cada dos meses se les lanzan cocos (no nacen en la isla pero les encantan), plátanos, piezas de hierro y herramientas. También se les deja caer tela de color rojo, la cual es abandonada en la playa a diferencia de los Jarawa, que la recogen y es usada por las mujeres.

Según el testimonio del antropólogo T.N. Pandit, quien llegó a la isla el 26 de abril de 1967, los Sentineleses vivían en chozas temporales. Pudo ver que en cada una de las cuatro esquinas de cada casa había un fuego y que cada fuego estaba cercado por palos colocados en vertical para prevenir incendios. Además de para iluminar, usaban el fuego para protegerse de las alimañas. Alrededor de las cabañas había cráneos de la especie de cerdo endémico local así como otros muchos objetos, algunos de ellos de plástico. En ese momento, los Sentineleses se mantenían ocultos en la selva. En contra de la postura de T.N. Pandit, los oficiales de policía que formaban parte de la expedición autorizaron a coger artefactos de los indígenas dejando a cambio más “regalos” en las cabañas. Entre los artefactos había un ajedrez de madera que ahora se encuentra en el Museo de Antropología de Port Blair (capital del archipiélago de Andamán y Nicobar). No se ha clarificado si es una obra realizada por los Sentineleses o llegó a sus costas desde el mar.

En el año 1974 tuvo lugar un acercamiento a la isla, pero respondieron con flechas como advertencia. Se tomaron fotografías por primera vez y se dejaron regalos en la playa. Entre ellos un cerdo, que fue alanceado por un hombre y enterrado en la arena durante la noche sin ser consumido.

El 4 de enero de 1991, T.N. Pandit y sus colegas se encontraron con 28 hombres, mujeres y niños Sentineleses en la costa de la isla, esta vez sin armas. Aprendieron que la ropa no tiene mucho sentido para la tribu, quienes intentaban desnudarlos para descubrir qué es lo que querían ocultar tan misteriosamente debajo. Así, durante 24 años de encuentros fallidos en los que los indígenas los recibían con armas o dándoles la espalda y sentándose en cuclillas  simulando defecar, progresivamente se fueron mostrando menos hostiles y más juguetones. Al final, los antropólogos ya practicaban el saludo sentinelés: sentarse en el regazo de un amigo y darse palmadas activamente en la nalga derecha.

Hasta los estudios de Radcliffe-Brown no se distinguía a los Sentineleses de los Jarawa, habitando estos últimos en Andamán del Sur. Describe en su obra una especie de refugio comunal de planta rectangular, con el techo soportado por tres filas de pequeños postes. Dentro de él, doce hogueras y cada una de ellas con una plataforma hecha de palos para conservar la comida. Según sus observaciones, dormían en el suelo encima de algunas hojas, y enterraban a los niños dentro de la cabaña, colocando como ofrendas nautilus y otras pequeñas conchas encima de sus tumbas. También describe cómo los Sentineleses habrían construido canoas diferentes de las de otros pueblos cercanos adaptadas a los arrecifes poco profundos que rodean la isla. Además de flechas, arcos y lanzas para cazar cerdos salvajes y lagartos monitor, utilizaban cestas para recolectar fruta en la selva, cubos de madera para recoger miel y redes para pescar. Todo ello hecho a mano por ellos.

Se desconoce con qué nombre se designan a sí mismos y cómo se organizan socialmente, pero se sabe que llevan una vida semi-nómada dentro de la isla. En cuanto al fuego, se asegura que no saben producirlo, pero sí mantenerlo. También se ha hablado de que ya conocían el metal antes de que se les facilitara desde el aire, el cual transformaban en puntas para sus flechas. Parece que el mar les provee de más cosas aparte de alimentos. Los naufragios y los desechos que terminan en el mar acaban llegando a sus costas.

Desde que el ser humano se gana la vida en la Tierra, el 99% de este lapso hemos sido cazadores-recolectores, los últimos pocos miles de años, agricultores y ganaderos, y los últimos pocos cientos, trabajadores de una sociedad industrial. De acuerdo a ello, el 60% del total de los humanos hemos sido cazadores-recolectores, el 35% agricultores y ganaderos, y solo el 5% hemos sido testigos del estilo de vida de la sociedad industrial.

Los Sentineleses llevan décadas viendo aviones, objetos ajenos a su territorio, restos de naufragios y basura que arriban a su isla, etc. Ha habido y hay contacto, pero solo en un mínimo sentido. Ellos no quieren un contacto permanente, desean mantener sus costumbres y vivir aislados de forma voluntaria. ¿Por qué no dejar que sigan así? Nuestra concepción occidental del mundo es solo una interpretación más en un enorme mosaico de culturas, constructos culturales que obedecen a una cosmovisión concreta. No conocemos la interpretación que los Sentineleses tienen del mundo, ni cuál es su cosmovisión, pero sí sabemos que desean seguir en su isla, practicando su modo de vida, y que no quieren extraños que puedan suponer una amenaza.

¿Seremos capaces de respetarlos?

Susana Callizo Fernández

Refrencias

https://www.nytimes.com/2017/05/05/world/asia/anthropologist-india-andaman-island-tribes.html

http://www.pierreevald.dk/misc_files/andaman.htm

https://www.independent.co.uk/news/world/islanders-running-out-of-isolation-tim-mcgirk-in-the-andaman-islands-reports-on-the-fate-of-the-1477566.html

https://www.survivalinternational.org/tribes/sentinelese

https://www.survival.es/articulos/3111-preguntas-respuestas-pueblos-indigenas-aislados

https://www.bbc.com/mundo/noticias-internacional-46298826

https://www.independent.co.uk/voices/american-missionary-john-chau-killed-arrow-sentinel-island-india-christianity-a8650856.html

http://www.probashionline.com/madhumala-chattopadhyay-first-friendly-contact-with-the-sentinelese-jarawa-andamans/

Shelton, D., Vaz, A., Huertas, B., Camacho, C., Bello, L.J., Colleoni, P., Proaño, J., Mahecha, D., Franky, C.E. (ed) y la Unión de Nativos Ayoreo de Paraguay e Iniciativa Amotodie (2012). Pueblos indígenas en aislamiento voluntario y contacto inicial. IWGIA e IPES.

Imagen 1: https://es.wikipedia.org/wiki/Isla_Sentinel_del_Norte

Imagen 2: https://www.eslang.es/conocer/no-son-hostiles-solo-dicen-dejanos-en-paz-habla-triloknath-pandit-superviviente-en-sentinel-del-norte_20181127-n.html

Imagen 3: http://www.probashionline.com/madhumala-chattopadhyay-first-friendly-contact-with-the-sentinelese-jarawa-andamans/

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