Este artículo trata de analizar el libro de “Historia secreta del sexo en España” de Juan Eslava Galán desde la construcción social del sexo que se ha hecho a lo largo de distintas épocas. De estos cambios se pueden extraer algunas conclusiones interesantes que iremos proponiendo a lo largo del artículo.

Desde mi punto de vista, no es el lugar ni el momento de hacer resumen del libro, su contenido nos servirá simplemente de referencia para ir desgranando ideas. Aunque recomiendo encarecidamente su lectura, no es necesaria para seguir el hilo conductor de los argumentos que vamos a seguir.

Para empezar, me veo en la obligación de mencionar el hecho de que es una obra tremendamente bien documentada, se encuentran continuas citas y trozos documentales de diferente procedencia a lo largo de toda la historia. A pesar de ello, la lectura no se revela entrecortada, si no que acompaña al lector de manera fluida. A ello contribuye el hecho de que está muy bien escrito, con un estilo sencillo a la par de satírico e irónico que hace del libro una lectura maravillosamente divertida.

El libro es un recorrido lineal de las costumbres e ideas sexuales de las distintas épocas en nuestro país, partiendo desde los homínidos, sociedad que no tenía prácticamente ninguna regla de tipo sexual, lo que nos hace sospechar que las imposiciones morales en temas sexuales no es un hecho natural; no había ninguna norma cuando la sociedad aun no ejercía influjo sobre la moral colectiva, todo era libre, quizá eso sea lo natural.

Se ve claramente que las prácticas sexuales cambian a lo largo de los contextos, adaptándose y reaccionando a las circunstancias de cada época, por lo tanto nada es natural o no, es el contexto y la cultura lo que lo determina lo deseable en cada momento.

Es curioso comprobar que en todas las épocas haya una cierta moral (más o menos rígida) pero que siempre se la pueden saltar los poderosos (hombres, ricos, religiosos…). ¿Es acaso la moral sexual una forma de poder? ¿Los privilegios se extienden también al terreno de los contactos venéreos? ¿Qué implicaciones tiene este tipo de excepciones? En la época contemporánea se ha demostrado que la falta de sexo conlleva problemas de salud (psíquicos y fiscos), ¿no serán las normas eróticas parte de las tecnologías del poder de Foucault?

El sexo y sus normas se han utilizado siempre como forma de ejercer el poder, y es de tal importancia que ha ocasionados grandes hitos de nuestra historia, causando incluso la caída de grandes imperios. Nos lleva a pensar que aunque se trate de uno de los temas más íntimos, resulta determinante a nivel macrosocial. Podemos comprobar como las creencias y práctica sexuales guardan una correlación muy importante con grandes tendencias comoel arte, la moda o la economía.

Muestra de ello es que el sexo de la corte era público (todo el mundo sabía de la vida sexual de los reyes, se hacían chistes y coplas al respecto…) todo ello afectaba en ocasiones a la política de las distintas épocas, para acallar determinadas informaciones, se designaban cargos por caprichosos amorosos o se cambiaba el eje central del gobierno para favorecer a ciertos allegados sexuales. Poderoso caballero es don dinero, pero quizá más lo sea don sexo.

Es curioso comprobar que mucha documentación utilizada para conocer el ambiente sexual del momento son las leyes que se dictaban, lo que se prohibía específicamente en ellas nos da una idea de las costumbres y derroteros de cada contexto. Además nos lleva a la conclusión de que el Estado trata de legislar la moral sexual para acercarla a sus intereses.

La religión (como exponente de la élite poderosa) siempre ha jugado un papel central en todo este asunto, la Iglesia, como figura central con poder legislativo, era en muchos casos la institución que marcaba las normas, siempre en consonancia con sus intereses.  A pesar de ello, la sociedad (incluso la grey eclesiástica) siempre ha buscado la manera de saltárselas. La legitimación de sus ordenanzas nunca ha sido del todo fuerte, ¿cómo van a controlar el sexo precisamente la parte de la sociedad que renuncia a él?

Además de conocer el desarrollo de nuestra sexualidad patria, la obra nos ayuda a desmentir algunas creencias erróneas que nos han llegado, por ejemplo: “La sociedad medieval, a pesar de sus intensas creencias religiosas, estaba mucho más desinhibida que la nuestra en lo que atañe al sexo. La represión sexual y su cohorte dengue y gazmoña son típicos productos de la moral burguesa que, por consiguiente, no se remontan más allá del siglo XIX”. La idea que tenemos de la sexualidad de cada época también es producto de la tecnología social.

Es lógico concluir que el estudio histórico del sexo (muy poco investigado) nos ayuda a comprender cómo hemos llegado al punto en el que estamos ahora mismo, conocer los entresijos sociales de tan “íntimo” encuentro y ser conscientes de la importancia de un tema tan tabú.

Azalí Macías

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