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Antropológicamente sabemos a qué se contribuye con mentir, porque socialmente estamos mintiendo constantemente, e incluso por mentir, lo hacemos hasta con nosotros mismo, y así se construye la realidad social que vivimos todos los días. Porque la mentira forma parte de muchas culturas, y en nuestro caso, también de nuestra educación, donde se aprende y se transmite de generación en generación, ciertos valores cargados de mentiras piadosas.

Desde que nacemos se nos condiciona sexualmente (el azul representa la masculinidad y el rosa la feminidad), se nos da una leve pero importante interpretación sobre nuestra forma de pensar y cómo hacerlo según los estilos, colores, etc. Más tarde, cuando se empieza a tener más uso de razón, en las primeras etapas evolutivas, se tiene la curiosidad sobre cómo vienen los niños/as al mundo, y se nos suele decir que nos trae la cigüeña desde París. Y así durante mucho tiempo intentamos echarle imaginación, dibujando en nuestra mente una bonita y graciosa cigüeña blanca con las puntas de sus alas de color negra, con una gran bolsa de tela sujetada por el pico, y portando en su interior a un bebé camino a unos padres o madres.

También para que obedezcamos de pequeños, se nos mete miedo diciéndonos que los fantasmas existen, que un monstruo se nos aparecerá si nos portamos mal. Los Reyes Magos y sus camellos, también forman parte de estas grandes mentiras que nos hacen creer para tener una noche mágica y plena de cuantiosos regalos, a cambio de haber cumplido con nuestros deberes todo el año.

En algunos casos, los actos religiosos también forman parte de un convencimiento más allá del mundo que nos rodea, desde lo mágico a las grandes creencias colectivas, y que por esos motivos, tenemos que ser buenas personas de acuerdo a los textos bíblicos y a la conexión que existe entre la cúpula papal con la divinidad.

La mentira también forma parte de las ideologías políticas, monárquicas, deportivas, etc. En el caso de las monarquías, se nos miente diciéndonos que los príncipes y princesas tienen sangre azul y que poseen un poder sobrehumano. En los eventos deportivos, aprendemos a identificarnos con el equipo del deporte estrella, y a que se conviertan en nuestros referentes; “si quieres ser como el mejor jugador de fútbol, debemos hacer esto o lo otro”. Por otra parte, los discursos de los líderes políticos vienen marcado por promesas que nunca cumplirán, y se lanzan en épocas de las elecciones para buscar el voto popular y con una lista llena de mentiras que la ciudadanía se convence que será así, porque este tipo de mentiras forma parte de esta estratagema.

Ni siquiera el más pueril de los amores escapa de las mentiras: no existe el amor platónico y perfecto en la vida de las persona desde nuestro plano material, por muy enamorados que dos personas estén, siempre hay algo que no decimos. Y con el paso del tiempo, se llega a consolidar una zona de confort que hace de las dudas una rutina a la cual nos tenemos que acostumbrar: tener la misma pareja, comprar una casa, contraer matrimonio, tener hijos y ser feliz con la vida que hayamos construido; aunque no nos guste un pepino, tenemos que tragar salida y convencernos de que la vida es así.

Tampoco el futuro laboral y sus reformas escapan que se hayan convertido en mentiras compulsivas que se reinterpretan; nos hablan de crisis en ciertos momentos, y en otros, de que todo va bien. Los banqueros nos engañan haciendo negocio con nuestras vidas mientras pagamos tres veces el dinero que nos presta, y cuando la cosa va mal, la culpa es nuestra.

Pero incluso la esperanza se puede convertir en una mentira que hay mantenerla siempre viva, como la llegada del Mesías que tarde o temprano hará su presencia en la tierra, pero que de momento nunca ha llegado. Porque por no escapar de la mentira, no lo hace ni la muerte, donde hablar de esa palabreja es un tabú en muchas sociedades. Se nos miente diciendo que tras acabar la vida, iremos al paraíso, al lugar donde Dios y los apóstoles nos esperan en su reino, en el cielo o estratosfera, donde asciende nuestro espíritu, y que en caso contrario y el haber sido malos, iremos a los infiernos de Satán.

La mentira sin ninguna duda, forma parte del hombre y su realidad. Una mirada a la antropología social, es sacar a relucir que el pensamiento humano necesita crear realidades que solo existen en cada individuo a través de sus constructos. Se necesita constantemente jugar con la fantasía de mentirnos colectivamente y crear realidades como las que vivimos -mi vida es estupenda y es para siempre-, y parece ser que solo así, podemos sentirnos más unidos con la humanidad.

Por cierto, nací en Júpiter, pero me crie en Saturno y me fui a trabajar a Plutón.

Andrés López

 

Referencias

www.apuntesdemarketing.es


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One thought on “La mentira piadosa como parte de un hecho social

  1. Yo no veo que necesitemos la mentira. En las sociedades orientales se fomenta mucho más la aceptación de las cosas que nos incomodan frente a la negación de la realidad en la que incurrimos aquí tan habitualmente. Aquí esto nos produce un malestar continuo cuando nos negamos a aceptar que las cosas no van bien. Además las relaciones en las que se miente son las que menos confianza tienen y las menos fuertes. Todos hemos tenido ese amigo íntimo al que podemos decirle lo feo que es a la cara con toda sinceridad y reírnos con él igual que a mí me pueden decir que estoy gordo por ejemplo y, lejos de sentirme mal podré valorar que exista esa confianza entre nosotros. De la misma manera prefiero con mucho que mi chica me hable de lo mucho que le atraía otro chico con el que nos hemos cruzado a que intente mirar a escondidas sin que me dé cuenta yendo contra su instinto y creando tensión entre los dos. Recomiendo a todos un libro llamado «Lying» de Sam Harris.

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