El proceso de paz de Afganistán lleva casi dos décadas de intentos fallidos pero el pasado septiembre de 2020 las negociaciones oficiales empezaron entre los Talibanes y el gobierno electo afgano. En España no podemos llegar a imaginar la repercusión de las negociaciones en Doha para los afganos, que han visto su país desolado por un conflicto armado de más de 40 años. Tanto la sociedad civil como los órganos internacionales más relevantes están a la espera de un desarrollo que lleve a Afganistán a la tan esperada paz duradera.

Sin embargo, una cosa está clara: la paz en el país no puede ser a costa de los derechos de muchos. Es por eso que las mujeres en Afganistán no están convencidas de que el desenlace de estas negociaciones sea positivo. Y, ¿por qué? La realidad en el terreno está muy lejos de lo que se pretende mostrar. Es enormemente difícil para los afganos sostener el deseo de paz después de tantos años de conflicto y una situación tan desmoralizadora como la que supone ver la intensificación de la violencia a pesar de las negociaciones en curso.

La realidad es que no se puede afirmar que se desea la paz para una nación asolada por 40 años de derramamiento de sangre y, sin embargo, seguir ejerciendo violencia extrema y sistemática sobre esa misma nación. Tampoco se puede afirmar que se respetan los derechos de las mujeres si se ataca, mutila y asesina abiertamente a mujeres tanto activistas como en cargos de alto nivel. Es por esta razón que es utópico pensar que el modus operandi de los Talibanes ha cambiado. A través de un comportamiento destructivo han revelado su falta de interés genuino en la paz de Afganistán y su participación en las negociaciones con el gobierno afgano no es más que papel mojado por el momento.

La falta de cobertura mediática en España sobre la reaparición de los talibanes tanto acerca de las conversaciones de paz como de las implicaciones de un retorno de los talibanes al poder, desatendiendo así la desesperanza de la sociedad afgana, y en particular la de sus mujeres, es profundamente preocupante. La probabilidad de que los logros en materia de derechos de la mujer se reviertan a su regreso nos obliga a no mirar a otro lado.

¿Por qué es tan preocupante el resurgimiento de los talibanes?

El compromiso de España de derrotar a los talibanes y restaurar la paz y seguridad en Afganistán ha supuesto un gran coste.

Todas las contribuciones en materia de ayuda humanitaria, apoyo militar, asistencia civil y negociaciones diplomáticas tienen como finalidad la dotación de las capacidades necesarias para que Afganistán disponga de unas estructuras y fuerzas capaces de gestionar la autoridad legítima en su territorio, todo ello incorporando la violencia de género en el marco del conflicto y crisis humanitaria en la línea de la Resolución 1325 de la ONU.

Pero, ¿por qué debería seguir preocupándonos la inestabilidad en Afganistán?

Amplias zonas de Afganistán están al borde del colapso en términos de gobernabilidad. Sólo alrededor de un 33% de las provincias en el país se encuentra bajo control gubernamental, lo que implica que los talibanes tienen control total de un 19% de las mismas, mientras que está en disputa el control del 47% de las provincias. A pesar de que el abandono de tropas extranjeras de Afganistán es una de las condiciones de las negociaciones de paz y que los talibanes insisten en su pronto cumplimiento, debido a su control sobre la mayoría del territorio, sin presencia internacional, Afganistán podría tornarse en un refugio para la actividad terrorista internacional. En la era de la globalización, Europa podría acabar recibiendo parte de las consecuencias del terrorismo que se planifica en campos de entrenamiento fundamentalistas en Afganistán en forma de ataques parecidos a los hemos estado viviendo en los últimos años. El retorno de los Talibanes al poder también allanaría el terreno para el crecimiento de todo tipo de grupos fundamentalistas en la región, no solo aumentando el entrenamiento en campos físicos sino también la propagación de la ideología talibán fundamentalista a través de las redes sociales.

El actual reconocimiento de los talibanes por ciertos estados (Pakistán, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos) y su participación en las negociaciones les concede legitimidad implícita. Además, el hecho de que los Estados Unidos haya retirado sus tropas del territorio es una manera de posicionarlos como vencedores. Esta reafirmación de su poder les da suficiente fuerza para volver a influir e inspirar a quienes aterrorizan a sus propias poblaciones, en particular a sus mujeres.

Los talibanes arrebatan a las mujeres afganas sus derechos

Las mujeres activistas afganas han manifestado la necesidad de que sus derechos permanezcan firmes en la mesa de negociaciones, ya que su experiencia es de por sí desgarradora. Durante el gobierno Talibán, su entendimiento de la educación como una imposición occidental conllevó que a las niñas se les prohibía acceder a la educación y a las mujeres se les relegó completamente de la vida pública, enfrentando castigos drásticos si infringían las reglas. En la actualidad, en Afganistán, las niñas todavía se enfrentan a grandes barreras para acceder a la educación y las mujeres aún tienen mucho por lo que luchar para ser ciudadanas en pleno derecho. De hecho, si los talibanes dominan las negociaciones con el gobierno afgano las mujeres podrían ver cómo se les arrebata por completo su carrera y sus oportunidades educativas, así como sus derechos fundamentales.

Desde el inicio de las conversaciones de paz el pasado mes de septiembre, los talibanes han incrementado abiertamente sus ataques contra estudiantes, universidades, mujeres activistas, figuras políticas y periodistas. Entre esta serie de asesinatos de gran repercusión se encuentran las muertes de la presentadora de televisión Malalai Maiwand, el 10 de diciembre, de la activista de los derechos de la mujer Freshta Kohistani, el 24 de diciembre, y de las dos juezas del tribunal supremo, Zakieh Herawi y Qadria Yasini, el 17 de enero de 2021.

Hablar teóricamente de paz no hace avanzar a una nación: la práctica sí lo hace

Las mujeres son la clave para una paz genuina y sostenible en Afganistán y son portadoras y ejecutoras naturales de la paz. Las mujeres también se ven afectadas de forma desproporcionada por la guerra y por el régimen talibán.

Fawzia Koofi, Habiba Sarabi, Sharifa Zurmati y Shala Farid son las cuatro mujeres que forman parte de la mesa de negociación y representan los intereses de las mujeres y la sociedad civil en Afganistán. Sin embargo, mientras que las mujeres son un porcentaje muy significativo en la sociedad, este no se corresponde con su participación en el proceso de paz. Con el objetivo de construir una paz duradera en el país que incluya a todos los sectores se necesita hacer mucho más para tener en cuenta las demandas de las mujeres y que estas no recaigan sobre los hombros de cuatro representantes.

El futuro de Afganistán se encuentra en una encrucijada, a caballo entre la inestabilidad, la insurrección y la insurgencia islamista, y la paz, el progreso y la promoción de las mujeres como ciudadanas en igualdad de condiciones, constructoras de comunidades y líderes locales y nacionales. El regreso de los talibanes, una ideología inherentemente violenta, incluso durante su conversación con el gobierno afgano el 12 de septiembre de 2020, debería preocupar tanto a España como a Afganistán. El compromiso de la comunidad internacional y de la sociedad civil afgana en la construcción de una democracia que contemple los derechos políticos y educativos de las mujeres y las minorías no puede desperdiciarse mientras los talibanes hablan sobre papel mojado de conversaciones de paz.

La paz es un concepto práctico. Y ahora es el momento de practicarla, con las mujeres de Afganistán al frente.

Ada Romero Pastor

(Adaptación del texto original de Anniesa Hussain)

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