Estamos tan socializados en las dicotomías del sexo y el género que apenas nos paramos a reflexionar sobre ellas. ¿Alguna vez te has planteado que no seas un hombre o una mujer? Seguramente seas del 98% de las personas que se consideran una mujer o un hombre como categoría cerrada y sin matices, pero te sorprendería saber que esto no es cierto en ninguno de los casos.

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El sexo como binomio dicotómico es un invento social para poder categorizar a las personas y establecer así categorías estancas y fácilmente manejables. Sería muy complicado operar con etiquetas infinitas y maleables. Sería complicado, pero sería más acertado. Debemos tener dos cosas muy en cuenta a la hora de analizar las taxonomías sexuales; en primer lugar, que socialmente sólo tomamos en cuenta la genitalidad a la hora de asignar un sexo u otro a los individuos, y en segundo lugar que ni si quiera este aspecto es definitivo. Pero vayamos por partes.

Daniel Arzola No soy tu chiste 35Con respecto a los rasgos que tenemos en cuenta para la asignación sexual, es un hecho que tiene lugar mucho antes de nacer, en torno al quinto mes de embarazo (a veces un poco antes y otras después), por medio de una simple ecografía un médico emite un juicio sobre si el feto es masculino y femenino. Parece evidente, que en este proceso los únicos factores que intervienen son la visión “especializada” del médico y el desarrollo de la genitalidad embrionaria. Otros datos interesantes como los niveles hormonales, los órganos internos e incluso la propia percepción quedan totalmente desdeñados, lo único importante es si el ecógrafo deja ver un pene o no. Para el momento en el que estamos ¿no os parece un tanto simplista y precario?

Pero la cosa va más allá, los genitales son solamente uno de los rasgos de marcación sexual existente, si no ¿cómo es posible que el 0.5% de los varones posean ovarios no desarrollados? ¿cómo podría explicarse que el clítoris de algunas mujeres alcance dimensiones de micropene? ¿no deberían ser incompatibles los testículos con las mamas? Todas estas preguntas no son más que un reflejo de nuestra equivocada categorización sexual. Los matices y las excepciones se nos escapan por todos lados. Recordemos que, 18 de cada 1000 personas son intersexuales puros (lo que vulgarmente se llama hermafrodita) frente al (0,012% de transexuales). Me apuesto mi asignación sexual a que la gran mayoría de nosotros nos hemos cruzado con más de 1000 personas a lo largo de nuestra vida, y que por lo tanto hemos conocido a más de una persona cuyo sexo que no puede asignarse a uno u otro lado, aunque nos parezca algo de películas de serie B y de Lady Gaga. Pero es un hecho mucho menos conocido, más bien, mucho más silenciado. No estamos en una sociedad que pueda admitir a las personas “híbridas”, puesto que descolocan todos nuestros esquemas mentales.

En palabras de la gran Beatriz Preciado “no hay dos sexos, sino una multiplicidad de configuraciones genéticas, hormonales cromosómicas, genitales, sexuales y sensuales. No hay verdad de género, de lo masculino y lo femenino, fuera de un conjunto de ficciones culturales normativas”. Y no se podría decir mejor, el sexo como algo cristalinamente evidente no es si no producto de nuestras construcciones culturales. La naturaleza no nos lo ha dejado tan fácil, y nos ha puesto delante multitud de combinaciones y matices sexuales, lo que sería ingestionable, por eso hemos creado una realidad simplificada que nos haga más fácil la asignación. Científicamente, de hecho, no existe una división de dos polos, si no que se admiten 4 tipos de categorías cromosómicas intersexuales: 46XX, 46XY, gonadal (o «verdaDaniel Arzola No soy tu chiste 08dera») y la de cromosomas en mosaico.

Pero hay no queda la cosa, la construcción social ha llegado hasta el tejado y ha asignado unos roles concretos a cada sexo. Los hombres deben ser masculinos, heterosexuales, activos sexualmente, fuertes….  Mientras que a las mujeres solo nos quedan los contrarios menores de todos los atributos anteriores. Y no hay nada mejor para establecer normas que la sociedad, que castiga duramente a aquellos que se desvían de lo normativo. El lenguaje aparece como un duro látigo para todos aquellos que buscan una opción personal, intermedia, no prefijada… para castigarles con términos del tipo “marimacho” “maricón” “desviado”… existe una dilatada bibliografía en la que podemos descubrir los mecanismos sociales para “enderezar” este tipo de comportamientos por medio de la violencia simbólica.

Ante todo lo anterior aparece el movimiento Queer, que reclama la ruptura de las reglas de sexo y de género, abogando por caminos individualmente elegidos y que disipen todas las normas construidas hasta el momento. La teoría queer rechaza la clasificación de los individuos en categorías universales y fijas, como «hombre» o «mujer», «heterosexual» u «homosexual», «transexualidad» o «travestismo», pues considera que están sujetas a restricciones impuestas por una cultura en la que la heterosexualidad es obligatoria (heteronormatividad), y sostiene que estas categorías esconden un número enorme de variantes. Contra el concepto clásico de género, que parte de la distinción entre la «heterosexualidad» aceptada como normal (en inglés straight, es decir «recto») de lo «anómalo» (en inglés queer o «retorcido»), la teoría queer afirma que todas las identidades sociales son igualmente anómalas. La teoría queer critica las clasificaciones sociales de la psicología, la filosofía, la antropología y la sociología tradicionales, basadas habitualmente en el uso de un solo patrón de segmentación —sea la clase social, el sexo, la etnia o la nacionalidad poscolonial— y sostiene que las identidades sociales se elaboran de manera más compleja como intersección de múltiples grupos, corrientes y criterios.

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Con todos estos datos, parece que al menos deberíamos repasar nuestras categorías, ahondar en nuestros procesos de clasificación y repensarnos a nosotros mismos. ¿Somos realmente quiénes nos han hecho creer? Yo, sin duda, estoy del lado de Michel Foucault y Judith Butler.

Azalí Macías

Referencias

www.hartza.com (Revista electrónica de estudios queer, con numerosos ensayos sobre teoría queer en castellano)

www.queeruption.org(plataforma de organización de los distintos Queeruption, en inglés)

Imágenes (Daniel Arzola)

nosoytuchiste.tumblr.com

society6.com/arzolad

facebook.com/nosoytuchiste

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anthropologies
azali.macias@outlook.com

3 thoughts on “Hablemos de chic@s”

  1. Muy buen artículo Azalí. Lo suscribo plenamente. El otro día hablando con dos amigos fue imposible para mi hacerles entender algo como ésto, y cuando les nombré la palabra asexual ni te cuento. Está claro que todavía hace falta mucha información.

  2. Muchas gracias Carlos Javier, yo he tenido ese mismo problema en muchas conversaciones, es complicado hacer salir a la gente de su socialización es difícil quitarles las gafas de color de rosa para acercarles a la realidad

  3. Que buena reflexión sobre las identidades creadas en los entornos culturales en los que nos desenvolvemos cotidianamente. Como principiante, me interesa el género y la sexualidad, la Teoría Queer, rompe con los moldes etiquetados etnocéntricos.
    Un saludo

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