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La Declaración Universal de los Derechos del Animal, proclamada el 15 de octubre de 1987, tuvo su primera secuela en España en 1988 con la “Ley de Protección de los Animales” de la Comunidad Autónoma de Cataluña. La primera ley de protección animal en nuestro país que fue objeto de varias reformas hasta convertirse en el Texto Refundido de la Ley de Protección de los Animales de la Comunidad Autónoma de Cataluña de 2008. Texto que fue actualizado en 2015 para incorporar la prohibición de los circos con fauna silvestre. En la década de los 90, seguidamente a esta primera ley de 1988, otras comunidades autónomas se sumaron a legislar la protección animal, siendo las últimas en hacerlo: Asturias, Extremadura, Andalucía y Aragón entre 2002 y 2003. Por su parte, el recién reformado Código Penal, que en su artículo 337 tipifica como delito el maltrato animal, contempla penas de prisión de hasta un año y medio.

Muchas personas consideran que esto de proteger a los animales es una pérdida de tiempo y de dinero, una bobería más de un mundo ñoño y moderno. Porque los animales tienen su lugar, están para servirnos, no necesitan tanta protección y qué es eso de acariciar ovejas si están para comérselas. Por este tipo de personas (que lo mismo piensan esto de los animales que de los inmigrantes o las mujeres, por ejemplo) existen las leyes. Y menos mal.

Legislar en un mundo tan complejo (y tan lleno de cabezas huecas) es una necesidad, un mal necesario ante los abusos de poder que campan a sus anchas por toda sociedad, por muy civilizada que se precie de ser. No basta con las buenas intenciones ni con las promesas, hay que dejar por escrito unas normas de convivencia básica y cumplirlas para que nadie sea objeto de abuso (violencia, maltrato). Y según avanza la trama, como si la historia de la humanidad fuese una gran obra de teatro, más leyes se necesitan para que cada ser viviente tenga más posibilidades de vivir (y morir) en paz. Porque gracias a que hoy es delito lo que ayer se consideraba una práctica habitual, los animales están más protegidos que nunca. Sin embargo, y como bien considera PACMA, la legislación actual no es suficiente. Además, la legislación por sí sola no sirve para crear conciencia, al contrario, a veces endurecer ciertas leyes destapa las iras de los que consideran que los privilegios (y la protección lo es) son solo para unos pocos.

Una tradición que impide avanzar

Para lo que sí debería servir una ley, además de para proteger a las víctimas, es para disuadir a los verdugos, en este caso a maltratadores de animales, sin embargo, las estadísticas aún no reflejan un cambio de actitud en ese sentido. Sí ha habido algunas condenas, como la histórica del Juzgado de lo Penal número 2 de Cáceres contra el dueño de una explotación de équidos. Un año de prisión y tres de inhabilitación especial para el ejercicio de su profesión por un delito continuado de maltrato animal con resultado de muerte.

¿Qué ocurre con el maltrato animal en España? ¿Por qué es tan difícil ponerle freno? Bueno, España tiene una siniestra tradición de maltrato animal en forma de fiesta que se ha mantenido durante demasiado tiempo. Y no es fácil cambiar un ideario colectivo cuando la tradición (y la diversión) juegan en contra. Aún hoy, muchos pueblos españoles conservan prácticas aberrantes de maltrato animal en sus programas de fiestas locales. Por nombrar algunas de las más conocidas: las corridas de toros aún en muchas localidades, los encierros de San Fermín, el toro de la Vega en Tordesillas o el día gansos en Lekeitio. Algunos maltratos, a fuerza de denunciarlos como tales y gracias a las luchas de las asociaciones ecologistas, han pasado a mejor vida, otros han intentado ‘dulcificarse’, como ocurre en el caso de Lekeitio al usar gansos muertos o de goma en lugar de gansos vivos.

Parece que no sabemos divertirnos sin dejar en paz a los animales, como les increpaba Mafalda a los pescadores. Y no sabemos, precisamente, porque hemos nacido y nos hemos criado con esas tradiciones terribles en las que los animales son meros juguetes, en el mejor de los casos, para el ser humano. Pero se puede aprender, como se aprende casi todo en la vida, y para eso necesitamos educación específica en los colegios, en los medios de comunicación y en los hogares.

Educación contra el maltrato en todas sus formas

Esta educación, no solo nos ayuda a concienciarnos y a concienciar a las generaciones futuras de que el maltrato animal no cabe en una sociedad sana, también nos permite ver las consecuencias de hábitos y prácticas que hoy se consideran limpias de maltrato, pero que no lo están. Como ocurre con la compra de un perro o un gato (de raza, obviamente).

El delicado asunto de los criaderos en el que la nueva ley estatal de protección animal (que aún está tramitándose en Cortes) entra tímidamente, prohibiendo la cría a los particulares, pero permitiéndola a los profesionales registrados. Si bien es cierto que desde 1999 hay una resolución para mejorar el bienestar de los animales en criaderos, no todos los criaderos realizan buenas prácticas. Desde PETA (People for the ethical treatment of animals) tienen claro que no hay criador responsable ya que todos merman las posibilidades a los animales de los refugios de tener una vida, aumentando, además, la crisis de superpoblación animal. Por otro lado, está el maltrato que supone la manipulación genética que ocurre en los cruces entre miembros de una misma familia. El efecto directo de la endogamia produce defectos genéticos dolorosos y peligrosos para la vida de perros y gatos de raza: ceguera, sordera, defectos cardíacos, problemas dermatológicos, respiratorios…

Algunos resultados de la eugenesia y de la cría por endogamia los vemos cada día en nuestras calles, aunque no somos consciente del sufrimiento del animal. El chihuahua, por ejemplo, tiene la cabeza demasiado grande en proporción al cuerpo y eso supone que los partos deben ser siempre por medio de cesárea. Una hembra chihuahua no podría, de forma natural, parir a sus cachorros. El pequinés tiene el hocico tan corto que, en ocasiones, los ojos salen de las cuencas por ser éstas demasiado pequeñas. Además, es un braquicéfalo, como el bóxer, el bulldog o los carlinos, por lo que tiene todos los problemas de salud añadidos debido a la cortedad de su cráneo y de su hocico: dificultad para respirar y tragar, sufren de desmayos por golpes de calor, problemas bucales, de alimentación, de sobre peso. El pastor alemán, ese perro tan precioso y elegante, tiene una articulación de cadera deformada y rígida que causa dolor continuo.

Esto nos viene a decir que más allá de la reflexión ética que se puede derivar de comprar un animal, existen una serie de cuestiones mucho más tangibles de las que muchas veces el comprador no es consciente. Quiero pensar que si lo fuera estaría menos tentado de hacer esa compra y eso significaría que, poco a poco, bajando la demanda, también bajaría la oferta. En última instancia, depende de nosotros y nosotras terminar con los criaderos y con la eugenesia animal, es decir, con su sufrimiento y solo podremos hacerlo si somos conscientes de él.

Cierto es que la conciencia de protección animal está mucho más trabajada que hace 50 años. Ya no es habitual ver a un tipo apaleando a un perro por la calle, ni perros abandonados en los extrarradios de las ciudades, a muchos ya nos horrorizan las fiestas populares y ya se manifiesta, a pesar de la burla que pueda suponer en algunos casos. Maltratar ya no es ‘lo normal’ e, incluso, ahora es delito. Hay muchas campañas a favor de la adopción y en contra del abandono. Y eso es bueno. Sin embargo, aún la protección animal y su bienestar se ve como algo novedoso, moderno, algo que viene a romper la tradición, a quitar privilegios a los humanos, no sé, tampoco se explica que para muchos sea algo, aún, digno de burla. Quién no se ha sentido insultado cuando ha manifestado que tal práctica le parecía una aberración y ha expresado que el animal sufre. Como si los animales no tuvieran derechos, ¿verdad? Tampoco la infancia tenía derechos hace años, ni las mujeres los teníamos. A ver si evolucionar va a ser eso.

Unos días después de escribir este artículo, con fecha 5 de enero de 2022, entró en vigor la modificación de la Ley de Protección Animal que reconoce a perros y gatos como «seres vivos dotados de sensibilidad». A lo largo del resto del año se espera la prohibición del sacrificio, excepto por motivos médicos, el veto de la fauna salvaje en los circos y el fin de la venta de mascotas en las tiendas. Con todos estos cambios, se espera que la ley esté lista para verano y pueda entrar en vigor para el 2023. Este cambio se debe a una triple reforma aprobada definitivamente por el Congreso de los Diputados el pasado 2 de diciembre de 2021 y publicada el 16 de diciembre en el Boletín Oficial del Estado (BOE).

https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=BOE-A-2021-20727

Ley 17/2021, de 15 de diciembre, de modificación del Código Civil, la Ley Hipotecaria y la Ley de Enjuiciamiento Civil, sobre el régimen jurídico de los animales.

Susana R. Sousa

Mitad persona, mitad animal

Susana R. Sousa

Referencias

Ley 4/2016, de 22 de julio, de Protección de los Animales de Compañía de la Comunidad de Madrid https://www.boe.es/buscar/pdf/2016/BOE-A-2016-11097-consolidado.pdf

PACMA te ayuda a confeccionar tu denuncia: https://pacma.es/denuncias/

El refugio

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