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Introducción

Si hay una rama educativa que sale perdiendo en los nuevos borradores del currículum de secundaria de la LOMLOE, esa es la filosofía. Desaparece la asignatura de 4º de la ESO, no se restaura la Ética (a pesar de que era un compromiso del mismo PSOE, y del resto de grupos políticos), se le resta una hora semanal a la asignatura de Filosofía de 1º de Bachillerato, se sustituyen los Valores éticos de la ESO por una asignatura de Formación personal y Orientación laboral, arrinconando la asignatura de Valores éticos a un solo curso, desaparece la asignatura de Psicología de 2º de Bachillerato, etc. Como podéis ver, una auténtica sangría. Pero, ¿quién pierde con todo esto?

La destrucción del pensamiento autónomo y crítico

Sin duda, este es un paso más en la destrucción de este tipo de pensamiento, ya arrinconado a estas pocas asignaturas en un currículum que se orienta cada vez más a la formación de futuros trabajadores obedientes, y no a la educación del alumnado.

Pero no se lleven a engaño, esta “borreguizaciónintencionada del alumnado afectará a los de siempre: a las clases populares. Las clases altas podrán seguir pagando colegios e institutos elitistas a sus queridos vástagos, mientras nosotros llevamos a los nuestros a la escuela pública, cada vez más inútil y desmejorada, que sólo se dedica a formar futuros empleados para los primeros. Una educación que no sólo no se preocupa lo más mínimo por fomentar el espíritu y el pensamiento crítico, así como la autonomía, sino que, ahora, va directamente contra ellos.

Lo más indignante es que la educación debería ser un mecanismo de promoción social que posibilitara que, aunque nazcas pobre, puedas mejorar tus condiciones de vida; pero es cada vez más una forma de mantenerte en tu nivel social. Y lo peor de todo es que con este tipo de medidas que acaban con el pensamiento reflexivo, crítico y autónomo, lo que se consigue es que las clases populares no sean capaces, siquiera, de formarse sus propias opiniones, de ser conscientes de sus condiciones de vida, de ser conscientes de que tienen el poder de luchar por unas condiciones de vida mejores. Están anulando a toda una generación, a generaciones en realidad, les están condenando a seguir obedeciendo ciegamente. Y que esto lo haga el partido que lleva en sus siglas la palabra “obrero”… el chiste se cuenta sólo. Por supuesto, esto no es nuevo, esta sólo es la última puntilla al pensamiento. Los diversos planes educativos que se van sucediendo van apuntando en esta dirección desde hace mucho tiempo.

Vaya usted a dar una clase a un 2º de Bachillerato, y descubrirá que esos alumnos de diecisiete años (que casi tienen edad para votar) no tienen ni idea de cómo tomar apuntes, que le preguntan si lo que está diciendo es importante o no, si tienen que apuntarlo o no, que le piden un resumen a usted en vez de hacerlo ellos, que esperan que se les evalúe en función de que sean capaces de repetir lo mismo que está en el libro, con las mismas palabras, sin haber entendido lo más mínimo de todo lo explicado. Vaya usted, y pida un texto argumentativo o un comentario crítico, y descubrirá que dar su opinión sobre algo es la tarea que más trabajo les cuesta, porque nadie se la ha pedido antes, descubrirá que “esta asignatura es muy difícil, porque nos hace pensar demasiado” es la respuesta más común. Y eso en el sistema actual, con unos pocos reductos de pensamiento crítico. Ahora imaginen a los alumnos de diecisiete años que se eduquen en un sistema sin todas estas asignaturas, con el currículum que se proyecta en la LOMLOE… Me asusta sólo pensarlo.

Se está preparando el terreno a una generación de obedientes borreguitos, trabajadores precarios que no tengan ni siquiera las herramientas básicas del pensamiento para defender sus ideas –o siquiera para formárselas-, que desconozcan completamente el sistema en el que están inmersos, y que, además, no tengan el menor interés en participar de la vida pública y política, más allá de votar cada cuatro años al político de turno que mejor manipule a unas mentes sin autonomía ni crítica.

Conclusión

No sólo esto es un atentado contra el pensamiento, contra la filosofía, contra la educación de las clases populares, sino que es un suicidio como sociedad. En vez de destruir las pocas asignaturas que fomentan el pensamiento crítico y autónomo del alumnado, incrementen el número de horas de las mismas. Cumplan toda esa palabrería vacía que sueltan en sus leyes, luchen de verdad por una educación íntegra, actualizada, que consiga que el alumnado salga con las competencias necesarias para desarrollarse como un ciudadano libre, crítico, responsable y autónomo.

La filosofía es totalmente necesaria en el sistema educativo, es imperativamente necesaria. Para conseguir una sociedad en la que merezca la pena vivir, necesitamos que los que la componen sean capaces de pensar por sí mismos, de hacerse a sí mismos las grandes preguntas de la vida, capaces, en definitiva, de darle un sentido a sus vidas. En nuestra sociedad son muchos los que no consiguen encontrar un sentido a la vida, y es precisamente ahora cuando la filosofía se vuelve imprescindible para afrontar nuestro presente y nuestro futuro.

Salvemos al pensamiento para salvar el futuro. Decía Ortega que: “yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella, no me salvo yo”. Tomemos nota: o salvamos nuestra circunstancia, o no nos salvamos como sociedad. Condenar al pensamiento es condenar a la supervivencia.

José A. Herrera

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