Quizás sea mera especulación esto primero, pero lo cierto es que hoy por hoy aún causa extrañamiento, duda, incertidumbre, desconocimiento sobre las personas en general cuando alguno de nosotros menciona nuestra carrera. ¿Qué es la antropología? La pregunta a la que todos alguna vez nos hemos afrontado. Pero más allá de la respuesta a esa pregunta, podemos remontarnos hacia otra más profunda, me refiero a cuál podría ser la causa de la falta de conocimiento sobre nuestra disciplina por parte del público y que responsabilidad tenemos en todo esto.

Seré tajante, y es que, si primeramente nos decidimos a hablar y criticar desde lo laboral, debemos, inevitablemente, referirnos a nuestra formación universitaria, precisamente donde reside este conflicto. Pasamos gran parte de nuestro tiempo aprendiendo de la historia de la antropología, de la obra de hombres y mujeres que la definieron hasta nuestros días. Esto último a tal nivel, que el grueso de las personas que conocen, al menos de manera superficial, esta disciplina la asocian inmediatamente a la cultura o bien a la arqueología. Esto no es erróneo de ninguna manera, pero si es el reflejo de como con los años se ha limitado la imagen que proyectamos de lo que somos capaces, a lo que nos dedicamos y sobre aquello que podemos influir y actuar.

Creo que basta tan solo con analizar sin mayor detención la etimología de la palabra antropología, “Ciencia del ser humano”. El difuso concepto de cultura no engloba de ninguna manera la totalidad de las aplicaciones de la antropología, pero sin embargo desde lo académico posee una posición de privilegio.

Economía, política, arte, historia, informática son solo unos cuantos aspectos a los que la antropología se avoca. De aquí que no sea sorpresa hallar las subdisciplinas de antropología económica, etnomusicología, cyberantropologia, entre otros. Por poner un ejemplo, rastreando hacia el aspecto más fundamental del comportamiento humano, desde donde todo inicia, podemos centrarnos en lo psicológico.

Antropología y psicología históricamente han presentado más discrepancias que acuerdos sobre técnicas y métodos. Ser antropólogo, más allá de saber de nuestra historia como especie, trata sobre comprender al ser humano como individuo y las relaciones que este forma, sobre entender en amplio espectro su comportamiento, lo que hace y los motivos que lo llevan a actuar de una determinada manera.

Una de las aplicaciones de la psicología que sirve magistralmente a los fines de la antropología es el lenguaje corporal. No parece ser que muchas personas en el rubro se vean interesadas en su utilización, pero al menos yo lo atribuyo a un desconocimiento o bien a una renuencia de la metodología. Solo pensando en cuan amplias y ricas podrían ser las etnografías aplicando este método, se puede disipar todo rechazo hacia su uso.

Por otro lado, remontándonos a otro aspecto en extremo útil para la antropología, pero en el que poco se ha enfatizado, está la cuestión de los idiomas. Aquí yace un tema bastante interesante. Indiferentemente, para todas las personas del mundo, aprender un nuevo idioma significa abrir una nueva puerta hacia un nuevo mundo, hacia una nueva cultura y nuevas oportunidades. Sin embargo, no podemos sino percatarnos de como para nuestra disciplina en específico, esta característica parece ser en extremo importante.

Las dificultades para este punto surgen dado el contexto continental principalmente, además de los propios intereses de cada persona. En Latinoamérica, por ejemplo, si bien nos encontramos próximos hacia pueblos originarios, indígenas, con facilidades para quienes deseen estudiarlos, en un aspecto global, se posee poca variabilidad idiomática a saber que, a excepción de Brasil, la mayoría del resto de países poseemos el idioma español como primera lengua.

En el contexto europeo, dependiendo de la universidad, existen más facilidades para este contexto global teniendo países limítrofes que poseen idiomas totalmente diferentes. En el caso de Asia, ya desde hace años, han sido enfáticos en aprender el idioma inglés entre otros, fomentando esta instrucción global.

Por último, dejando de lado la docencia, cabe referirnos al rol que desempeñamos los estudiantes en otorgar solución a la problemática que se ha planteado. Una sola palabra, autoformación. Una disciplina de las características de la antropología, posee tal amplitud y tal variedad de sub ramas, que, como ya hemos visto, la universidad no puede solventar totalmente las necesidades de cada alumno en estas áreas. Cada uno presenta intereses e intenciones diferentes y depende de cada uno de nosotros hacernos cargo de interiorizarnos en aquello.

Existen conflictos laborales, sobre la empleabilidad, el salario, entre otros. Los intereses de las organizaciones que contratan nuestros servicios son cada vez más variados. Para estas situaciones es que vale evitar resignarse ante una, a veces, carente formación profesional sobre determinados aspectos de interés. Si me interesa aprender otro idioma para mejorar mi carrera, si deseo aprender más sobre una sub disciplina y la universidad no me otorga dichos conocimientos quedarse de brazos cruzados no es una opción.

Tiendo a teorizar que es principalmente por estos tres motivos mencionados que ocurre lo que podríamos llamar, como el estancamiento de la antropología. Es innegable que en los últimos años ha habido notables avances, pero al mismo tiempo estos no han sido precisamente constantes.

Recién en estos tiempos de contingencia oímos a unos y a otros decir “¿Cómo qué clase de antropólogos nos están formando?” Y es totalmente cierto, pero no simplemente por el hecho de la manera en como hoy se realizan las clases (online), sino por la materia en la que se nos educa limitando nuestro conocimiento a áreas determinadas alejadas de la amplitud que caracteriza a la disciplina.

En síntesis, parece ser evidente que la culpa de la que hablamos en un principio no recae solo en la universidad ni solo en los estudiantes. Es un problema en conjunto. Ambas partes no han sido capaces de abrirse hacia las posibilidades constituyendo de esta manera el limite aparente del que hemos estado hablando.

Para cerrar, tengo absolutamente claro que esta no es más que un crítica hacia las problemáticas actuales en la antropología, pero en el próximo artículo me dispongo a exponer no solo las soluciones concretas a esta problemática en lo referente a la docencia, sino también distintos ejemplos de antropólogos y antropólogas en todo el mundo que desafían todo estereotipo delimitante de nuestra disciplina dedicándose a los más variados ámbitos laborales donde desempeñan roles clave para distintos fines.

Manuel Gutierrez (@_.mamilo)

Universidad Austral de Chile

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