Una tarde cualquiera. Una localidad del sur de España de aproximadamente 120 mil habitantes. Cualquier página web local en la que se anuncia sexo. Sin más filtros. Las generalizaciones son siempre malas y asumo que un análisis al azar pueda no ser extrapolable a otros lugares, a otras situaciones y a distintas circunstancias. Sin embargo, siempre merece la pena pararse a mirar alrededor, y tomar como muestra un botón que sirva como punto de partida para saber cómo estamos y como somos como sociedad, y cuanta desigualdad real en todos los ámbitos existe.

Hoy en día el feminismo está más activo que nunca y es muy heterogéneo. Existe una enorme diversidad de posiciones respecto al trabajo sexual. Para entender todas y cada una de ellas hay que comenzar por desgranar realidades que muestran la crudeza de la desigualdad de género, que está arraigada a nuestros sistemas conceptuales de múltiples formas. Esa desigualdad es muy explícita en la industria del sexo, que sigue basándose en la explotación del cuerpo de las mujeres para uso y disfrute de los hombres de forma mayoritaria. Esto es así, aunque a veces no lo parezca o se disfrace de anuncios con apariencia de igualitarios o incluso aunque podamos caer en la trampa de pensar que la desigualdad únicamente es el fruto de la “ley de la oferta y la demanda”. Porque los conceptos de qué es lo que constituye “oferta” y qué es lo que constituye “demanda” también están sesgados y son consecuencia de milenios de culturización y socialización patriarcal.

Centrándonos en nuestra muestra como ejemplo, escogemos la página web de contactos con mayor número de entradas a nivel local y analizamos los 856 anuncios que nos encontramos. En una primera clasificación podemos dividir a los anuncios en tres grupos: los destinados a contactos heterosexuales (623 anuncios, el 73%), los destinados a contactos homosexuales (204 anuncios, el 24%) y los destinados a contactos grupales que implican a más de dos personas (29 anuncios, el 3%).

Para analizar las diferencias de género en la muestra nos centramos en los 623 anuncios destinados a contactos heterosexuales, ya que son los que representan los estereotipos y los comportamientos clásicos de diferenciación hombre – mujer y los que reproducen los patrones clásicos de desigualdad de género en las sociedades patriarcales.       El primer dato significativo de ese total de anuncios que ofertan sexo es que el 94% del total (586 anuncios) son de mujeres, frente al 6% (37 anuncios) en el que se ofertan varones. Esta primera aproximación ya ofrece una imagen muy clara de cómo está establecida la oferta y la demanda de sexo con personas desconocidas.

Analizando con detenimiento lo que se anuncia se objetiva que más de la mitad del total de reclamos femeninos (el 52%, 304 anuncios) no los hace la propia mujer, sino que están realizados por un tercero (a modo de local, club o similar). Por el contrario, solo en dos anuncios de los que se ofertan varones (un 5%) existe algún tercero implicado en dicho anuncio. Puede comprobarse así la importante cosificación del cuerpo de las mujeres en nuestra sociedad, como mercancía y como moneda de cambio, con el agravante de no estar esta situación habitualmente gestionada por ellas mismas sino por terceras personas.

Otro dato significativo para tener en cuenta es la importante mercantilización de los contactos sexuales en el caso de las mujeres respecto a los hombres. Así, en más del 98% de los anuncios de mujeres se especifica que el sexo sería a cambio de dinero (prostitución muchas veces expresada bajo los eufemismos de “gratificación” o “ayuda”). Por el contrario, en más del 95% de los anuncios de contactos masculinos no se solicita contraprestación económica, se anuncia como “sexo por placer” (placer para ellos mismos, por supuesto), o incluso se ofrece dinero. De modo que, en cualquiera de los casos, lo que subyace es una prostitución femenina expresada de diversos modos, pero siempre desigual y en la que en todos los casos la relación dominante – dominado (realmente “dominadA” ocurre en el mismo sentido, pero no en el inverso.

Existen también diferencias notables en cuanto al uso de imágenes explícitas y a cara descubierta y a la propagación de información sensible en el caso de los anuncios de mujeres frente al uso del anonimato y a la solicitud de discreción en la mayor parte de los anuncios de varones. También parece que la imagen, reputación, datos y tratamiento de información confidencial se miden con distinto rasero en nuestras sociedades dependiendo del género al que perteneces.

Todas estas impresiones pueden determinarse solo con una pequeña mirada crítica de los anuncios que nos encontramos en cualquier medio cada día. Con seguridad hay muchísimas otras desigualdades implícitas que no por no aparecer plasmadas en el papel son menos importantes y que seguro que también computan en contra de las mujeres respecto de los hombres en términos de seguridad y de violencia al materializarse los encuentros sexuales con personas desconocidas. La balanza parece estar siempre desequilibrada hacia el mismo lado por lo que se hacen muy necesarias estas reflexiones para conocer cómo es nuestra sociedad actual y qué tipo de comportamientos y de educación debemos promover para mejorarla.

Marta Valle Carbajo

Referencias

https://www.publico.es/espana/pais-deja-publicar-anuncios-contactos-decada-despues.html

https://www.farodevigo.es/sociedad-cultura/2008/06/02/lucha-anuncios-contactos/230452.html

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