Mamando lo impensable: lactancia masculina

8 Febrero, 2017

No es nada nuevo: hace años que circulan por la web las noticias relacionadas con la capacidad lactante del biohombre[1]. Con este artículo pretendo sumarme a la causa divulgadora y contribuir a esclarecer que no se trata de una utopía, sino de una potencialidad que puede volverse ‘real’ mucho más fácilmente de lo que se sospecha. No obstante, y para desgracia tanto de nosotrxs -terroristas del género[2]– como de la ciudadanía en su conjunto, que un hecho con implicaciones feministas tan revolucionarias sea posible a nivel corporal, no parece ser suficiente para que trascienda socialmente y lo adoptemos como hábito común.

Para quienes se pregunten si realmente unx bebé puede ser amamantado por cuerpos -o más concretamente por pechos- de varón, comencemos con los precedentes más sonados. Sin detenernos en que ya en el siglo XVI exploradores y misioneros portugueses en Brasil hablaban de tribus en las que la lactancia correspondía a los hombres, el caso detallado más antiguo que he hallado[3] parte, curiosamente, de nuestras actuales fronteras estatales. El Doctor en Medicina y pediatra cubano Joaquín Román Lafont investigó una leyenda oral acerca de un padre lactante y se topó con la figura histórica de Francisco Rodríguez. Este sujeto, nacido en La Palma en 1779, se trasladó a Cuba en 1811 y se encontró con la necesidad de cuidar en 1823 de una hija recién nacida y huérfana tras su alumbramiento. La intención original de Francisco Rodríguez no era reemplazar en la lactancia a la fallecida madre de la criatura, pero al dormir habitualmente con su hija, ésta se acostumbró a succionar su pezón izquierdo. Tras varios días, su pecho comenzó a desarrollarse y a segregar leche, con la que pudo alimentar a la neonata durante veintidós meses. El Museo de Medicina Legal Raimundo Castro y Bachiller, del Hospital Universitario Calixto García de La Habana, conserva un busto del torso de Francisco Rodríguez, elaborado a partir de un molde de su cadáver, que conservaba su mama izquierda hiperdesarrollada. Desde el siglo XIX pueden rastrearse otros relatos de padres que enviudaron y amamantaron a su progenie durante meses, y cuya estela se extiende hasta el presente. En el año 2009, el blog de curiosidades PlanetaCurioso se hacía eco[4] de un caso de 2002, recogido por un periódico de Sri Lanka llamado The Mercury. En la ciudad de Walapone, un hombre viudo de 38 años llamado Wijeratne, desesperado por los llantos de una de sus hijas que no toleraba la leche artificial, optó por ofrecerle su pecho. La secreción láctea no se hizo esperar más de unos días. El Doctor Kamal Jayasinghe, del Hospital Gubernamental de Sri Lanka, le atendió y afirmó que los hombres pueden producir leche en condiciones de hiperactividad de la hormona prolactina.

Llegadxs a este punto, prosigamos con algunas nociones de biología que he extraído de diferentes fuentes, principalmente del ya citado Doctor Joaquín Román Lafont, en un artículo[5] para la Revista Cubana de Pediatría, así como de la puericultora, asesora en lactancia y doula[6] española Teresa García, en una entrada[7] de su blog DoulaSense. El tejido mamario de los machos/biohombres humanos, a semejanza de muchos otros mamíferos, contiene al igual que las hembras/biomujeres una serie de conductos que finalizan en un pezón. Las diferencias mamarias entre los sexos humanos son mínimas antes de la pubertad, pero se disparan a partir de ese momento, por efecto de distintas secreciones hormonales. Así pues, en comparación con el desarrollo mamario de las hembras, la mama del macho tras la pubertad permanece como un órgano aparentemente atrofiado, rudimentario, sin funcionalidad para la cría de la progenie… aunque quizás se trate sólo de una cuestión de apariencia. Una biomujer que acaba de dar a luz es la imagen paradigmática de la lactancia: durante el embarazo vuelve a aumentar por segunda vez su capacidad mamaria, y durante el tercer trimestre se eleva la generación de prolactina. Pero serán necesarias la expulsión de la placenta y la estimulación del pezón por succión para que los complejos mecanismos hormonales permitan finalmente la liberación de la abundante prolactina retenida y la eyección de leche. Por tanto, en dicho juego hormonal, la importancia de la prolactina es clave, y es aquí donde empezamos a acariciar la transgresión, puesto que se genera en la glándula hipófisis de todxs lxs humanxs, independintemente del sexo. Más allá de tumores, intervenciones quirúrgicas, tratamientos farmacológicos, desnutrición y desequilibrios hormonales, parece ser que puede inducirse la lactancia en el cuerpo de un biohombre, simplemente por la succión y estimulación de sus pezones durante el tiempo, la frecuencia y la intensidad suficientes. Incluso podría lograrse antes de la llegada delx recién nacidx: se estima que aplicar un sacaleches en cada pecho un mínimo de veinte minutos al día durante dos semanas sería suficiente para enviar los estímulos nerviosos necesarios al hipotálamo y la hiopófisis y así activar la producción de prolactina y oxitocina que abren, no ya la posibilidad sino la realidad, de la lactancia. Resulta que aunque misteriosamente se omita/censure, las subdesarrolladas mamas del biohombre pueden segregar leche con composición y concentración de nutrientes similares a la generada por biomujeres. Quizás en menor cantidad, al verse el cuerpo del macho humano privado del desarrollo mamario derivado del embarazo; pero atendiendo a los casos históricos antes referidos, menos no es sinónimo de insuficiente. E incluso siendo así, quizás sea el momento idóneo, dada la sofisticación alcanzada por los tratamientos hormonales de la medicina actual, de aplicar y reclamar aquel supuesto de ‘la ciencia está de nuestro lado’ para acrecentar los pechos del biohombre.

Dados los resultados de mi búsqueda, la mayor parte de los esfuerzos explicativos que abordan la menor capacidad mamaria del macho humano -las fuentes antes mencionadas- recurren a argumentos evolutivos de corte biologicista y patriarcal. Por un lado, el desarrollo embrionario de lxs mamíferxs es prolongado y exige un gran compromiso personal del sujeto embarazado -hembra-, quien no puede eludir tras el parto la exigencia de sus desvalidxs recién nacidxs de un alimento nutricio, que no pueden procurarse por sí mismxs. Por otro lado, los intereses genéticos del macho han estado/están más dirigidos a la persecución de otras hembras a las que fecundar, constituyendo el tiempo invertido en amamantar a su prole una desventaja en la competición con sus rivales por esparcir su simiente y multiplicar su descendencia. En suma, según estas teorías y especulaciones, el sexo masculino en la especie humana se desentendió de la lactancia, y tras miles de años de evolución, el desarrollo de su morfología mamaria se ha estancado, algunxs incluso calificarían los pezones en los biohombres como vestigios anatómicos que tenderán a desaparecer. Ahora bien, invirtamos y actualicemos un poco estas mismas propuestas explicativas. Inversión: si indiscutiblemente la evolución de la especie responde a la adaptación a circunstancias externas, incluyendo en el caso humano las sociales, nuestra tendencia parental dominante nos dirige hacia la monogamia cisheterosexual e incluye altos niveles de confianza del biohombre en la paternidad de la prole, que invitan a cuidarla. Es decir, nuestros dictámenes culturales ya no ven con buenos ojos que los hombres se apareen indiscriminadamente para ser padres de innumerables descendientes que desatender al ignorar si son ‘suyxs’, sino que la norma imperante es convivir en pareja padre-madre para traer hijxs al mundo y -en teoría- compartir sus cuidados. Actualización: hemos creado un universo ético y filosófico encaminado hacia la igualdad de géneros en todos los sentidos, o que al menos la abandera como meta a conseguir. De ello se deriva tanto que las mujeres necesitan y desean para su vida profesional-social-personal parte del tiempo tradicionalmente dedicado a la crianza y la lactancia, como que los padres deben y -a veces- desean involucrarse en paridad en el cuidado de sus hijxs, así que, ¿por qué no ponerlo en práctica con la tarea lactante? No es un imposible, todxs sabemos que los hábitos de maternidad y paternidad, influenciados por las doctrinas feministas, se están transformando. Sólo necesitamos diseñar nuevas experiencias parentales que aplicar.

En la web de LibertadEmocional, una asociación de terapeutas española, encontramos un artículo[8] relacionado con la lactancia paterna publicado en 2013. En él se alude a los Premios Index de Diseños para la Mejora de la Calidad de Vida de 2007, cuya categoría Body premió la propuesta llamada ‘Man:MILK’ del diseñador sueco -no es de extrañar, siendo Suecia uno de los estados a la cabeza de la igualdad efectiva entre mujeres y hombres- Ronnie Österberg. Dicha propuesta fue el diseño de una camisa masculina, cuyos bolsillos en el pecho son extraíbles para así facilitar a los hombres el amamantamiento de lxs bebés en cualquier momento, de modo que incluso en el mundo de la moda existen soluciones e invitaciones a los padres lactantes. Los suecos son -o erann, en 2005- los padres occidentales más implicados en la crianza de sus hijxs, según un artículo[9] del Boletín semanal del Centro de Recursos de la Red IBFAN de América Latina y el Caribe; sin embargo, los mejores padres de todo el mundo, atendiendo al estudio de más de un centenar de sociedades realizado por la revista  FatherWorld -publicada por Fathers Direct, centro nacional británico de información sobre la paternidad- son los del pueblo cazador-recolector congoleño Aka, quienes tienen a sus hijxs en brazos o a su alcance un 47% de su tiempo. Si las criaturas lloran durante la madrugada, son los padres quienes acuden a atenderlas y tranquilizarlas, y el instinto de ‘hociqueo’ delx bebé buscando el pecho lx lleva al pezón de su padre, conducta que termina convirtiéndose en hábito y que desencadena la lactancia, según el ya mencionado artículo del Doctor Joaquín Román Lafont. No es que estos padres planifiquen su actividad lactante, pero no parecen inhibirla o temerla, sino que la practican como una alternativa creativa y sana biopsicosocialmente. ¿Por qué no parece tan fácil en nuestro caso? Porque antes de construir posibilidades, hay que deconstruir las creencias que impiden que éstas emerjan y se implanten.

Y es llegados a este punto cuando necesariamente llegan el cuestionamiento y la crítica, ayudándome de algunas de las reflexiones del citado doctor. La Organización Mundial de la Salud reconoce la leche, a la que llamaremos ‘parental’[10] en adelante, como el alimento idóneo -además de económico- durante los seis primeros meses de vida humana. No obstante, el abandono de la lactancia materna se incrementa enormemente con los años. Dejando a un lado los casos motivados por razones de salud, y partiendo de un planteamiento mínimamente feminista, admitiremos que la llamada ‘triple jornada femenina’[11] coarta las libertades y potencialidades de las mujeres, es un evidente indicador de desigualdad entre géneros, y nos desmerece en conjunto como democracia y sociedad de derechos… y la actividad lactante precisa tiempo de dedicación. Y obviamente, la salud, el cansancio y la falta de tiempo y facilidades no son las únicas razones legítimas: tenemos derecho a decidir, en un momento de nuestra historia en que tras -y durante- prolongadas luchas podemos alejarnos de las capacidades biológicas que durante siglos las mujeres han sufrido como destinos inevitables -si involuntariamente das leche, debes amamantar-. Así pues, si la actividad lactante es igualmente posible para biohombres, y si como cualquier otro comportamiento humano está sujeta a transformaciones socioculturales, ¿no sería la promoción de la lactancia paterna, o bien de la lactancia compartida, un paso adelante en dirección hacia la igualdad fáctica, ‘real’, de los géneros en cuanto a compartir las responsabilidades de la crianza de sus hijxs? A ello hay que sumar que unx bebé no hace distinciones entre padre/madre si ambos pueden ofrecerle alimento, afecto y protección. Y por último pero no menos importante, ejercer de padre lactante puede resultar enormemente ventajoso para potenciar un vínculo emocional temprano y un apego padre-hijx que hasta hace poco se atribuían exclusivamente a las madres. De generalizarse la figura del padre lactante, en resumen, podría convertirse en una experiencia reconocida, útil y gratificante. Así que, ¿por qué nunca me he cruzado con un padre lactante, en toda mi vida?

Probablemente porque, lamentándolo en lo más hondo de mi cerebro de terrorista del género, que los hombres dan leche es una verdad incómoda, silenciada. Esto no es casual: ni siquiera la libertad del arte, a lo largo de la historia, no han brindado más referentes que Isis amamantando a Horus o la Virgen a Jesús niño. Se trata de una actividad tan ligada a la feminidad en las creencias colectivas, que inspira el temor a ver socialmente cuestionado el honor identitario masculino, que durante todas sus vidas tantos hombres se ven en necesidad de defender. Acobardados y constreñidos, se sienten incapaces de pensarse a sí mismos dignamente reinventando su masculinidad o liberándose de ella. Por no mencionar las evidentes connotaciones eróticas heterosexistas atribuidas a los senos -lactantes o no- de las mujeres, que en un mundo social como el nuestro -en el que, ¿nos parecería corporalmente atractivo un hombre cuyos pezones pueden eyectar leche?-, que asigna a la sexualidad un lugar tan preeminente en la construcción de la identidad de género, parece poner la posibilidad de usar el pecho masculino para amamantar sólo a disposición de valientes padres transgénero, de idealistas utópicxs/lunáticxs, y de unos escasos pero meritorios casos que personalmente aplaudo. Se trata en resumen, según parece, de una línea divisoria entre mujeres-madres y hombres-padres tan ficticia y reversible como incuestionable y ‘real’, y que ni unas ni otros están segurxs de querer cruzar. A fin de cuentas, un impensable.

Salmacis Ávila

[1] Para lxs no familiarizadxs con el vocablo, me refiero con ‘biohombre’ alx ser humanx que las ciencias médicas reconocieron como macho prenatalmente o al nacer, y que probablemente fue educado con la identidad de género ‘hombre’.

[2] Del laGrace Volcano, artista queer al que ya nos aproximamos en http://www.anthropologies.es/arte-y-disidencia-crudeza-y-belleza-hermaphrodite-torso/,  se refería con la expresión ‘terroristas del género’ a las personas inconformistas con los dictámenes y limitaciones de género culturalmente impuestos, y que practican/fantasean con su transgresión, despertando terror en quienes no conciben existencias más allá de los parámetros clásicos-patriarcales de mujer y hombre.

[3] Román Lafont, Joaquin (2009): Lactancia masculina: presentación de un caso en Cuba, en Revista de Ciencias Médicas de Mayabeque, vol.15, nº1, pp.141.145. Consultado en http://revcmhabana.sld.cu/index.php/rcmh/article/view/419/708, a fecha 26/01/2017.

[4] Consultado en http://www.planetacurioso.com/2009/02/04/sabias-que-el-hombre-puede-producir-leche-paterna-y-amamantar-a-su-hijo/, a fecha 26/01/2017.

[5] Román Lafont, Joaquín (2015): Lactancia masculina inducida, en Revista Cubana de Pediatría, vol.87, nº4. Consultado en http://scielo.sld.cu/scielo.php?pid=S0034-75312015000400011&script=sci_arttext&tlng=pt, a fecha 26/01/2017.

[6] Una ‘doula’ es una persona -mayoritariamente mujeres- que acompaña, apoya y asesora a otras durante el embarazo, el parto y el post-parto.

[7] Teresa García (27/04/2014): Lactancia paterna, ¿por qué no está extendida?. Consultado en http://doulasense.blogspot.com.es/2014/04/lactancia-paterna-por-que-no-esta.html, a fecha 26/01/2017.

[8] Consultado en http://www.libertademocional.es/index.php/sabias-que/249-ipueden-los-hombres-dar-de-mamar, a fecha 27/01/2017.

[9] O’Sullivan, Jack (12/06/2005): Estudio mundial anuncia aumento global del compromiso paterno y revela porqué los hombres tienen tetillas, en Boletín semanal del Centro de Recursos de la Red IBFAN de América Latina y el Caribe, año 3, nº 133. Consultado en http://www.ibfan-alc.org/boletines/ibfan-inf/A3N133.htm, a fecha 27/01/2017.

[10] También en inglés comienza a sustituirse el vocablo ‘breastfeeding’ por ‘chestfeeding’.

[11] El término alude al agotamiento del tiempo diario de las mujeres, y de las mujeres en sí mismas, en su ejercicio profesional, doméstico y de crianza, viéndose privadas de ocio, actividades sociales y tiempo para sí mismas.

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One Comment

  1. Que interesante artículo! sin duda lo que mas podría impactar es la posibilidad biológica de poder amamantar. Seguro que más de uno descartará inmediatamente esta posibilidad por considerarla absurda. ¡Los cambios sociales, en todos los niveles, que podría traer la generalización de esta práctica son inmensos y, considero, para bien! Gracias por las nuevas reflexiones que me dejas. saludos!

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