Placer y diversidad funcional son, por separado, dos realidades cargadas de muchos estereotipos y estigmas, y dos hechos cuyo encuentro puede llegar a entenderse como un tabú. Sin embargo, que lo erótico y lo corporalmente diverso confluyan abre una ventana en nuestras mentes, desde la que disfrutar las vistas de lo ilimitada y liberadora que puede ser la sexualidad humana… Ahora bien, ¿qué pasa por estas mismas mentes ‘sex-positive’, cuando una persona sin discapacidad nos cuenta que le ponen especialmente las personas con discapacidad?

A quien aún no haya tenido el placer –nunca mejor dicho- de contemplar el documental erótico “Yes, We Fuck!” [1] de Antonio Centeno y Raúl de la Morena, le recomiendo que no lo haga esperar más, porque va a provocar un click en su cerebro y va a sacudir de prejuicios su manera de pensar y de ver. Se trata de un documental crítico, abierto y explícito sobre la sexualidad, protagonizado por personas con diversidad funcional. Si acudimos a la información de la cuenta del documental en Vimeo, encontraremos que su objetivo, más allá de ofrecernos una oportunidad de ampliar nuestros conceptos de belleza e independencia, es mostrarnos no solo lo que la sexualidad aporta a las personas con físicos y movilidades diversas, sino las contribuciones de dichas personas a la sexualidad en general. Y fue preguntándome por estas aportaciones, y explorando los modos en que se entremezclan la sexualidad y la ‘discapacidad’ –una palabra problematizada desde hace años y en desuso en determinados círculos activistas, pero que me permitiré usar en este texto-, cuando encontré un concepto, especialmente polémico, que llamó mucho mi atención: el ‘devotismo’.

El artículo de Marta Senent Ramos, del Instituto Universitario de Estudios Feministas y de Género Purificación Escribano, llamado ‘Erotismo y seducción en mujeres con diversidad funcional’ [2], comienza poniendo de manifiesto una contradicción que persiste en nuestra sociedad: la alta incidencia de abusos sexuales cometidos contra mujeres con discapacidad -doblemente discriminadas-, y a la vez, la consideración de que estas mujeres no tienen apetitos sexuales ni pueden atraer sexualmente a otras personas. ¿Cómo puede explicarse la violencia sexual contra unas mujeres que, en el imaginario colectivo, no son deseadas, ni desean? Es extremadamente urgente denunciar estas injusticias, a menudo invisibles, y mejorar los servicios de protección en estos casos, pero para nuestro artículo nos centraremos en la segunda cuestión: el deseo que experimentan y que despiertan las mujeres con diversidad funcional, que en los últimos años han alzado sus voces en diversas movilizaciones, seminarios y foros, reivindicando que sus cuerpos ‘imperfectos’ son también atractivos y sensuales, con capacidad de recibir placer y con poder para proporcionarlo. Tras un interesante recorrido por expresiones y obras de arte que han contribuido a esta causa, Marta Senent Ramos finaliza su artículo con una breve mención a lo que para nosotrxs supondrá el comienzo de nuestro artículo: lo que la autora llama ‘corriente devotee’.

Se refiere a personas sin discapacidad –varones en su mayoría, señala- que sienten una gran atracción por personas con diversidad funcional, gravemente lesionadas o amputadas, y que han encontrado en internet un refugio donde construir comunidades lejos de la condena social, entablando amistades y grupos de apoyo, buscando relaciones/encuentros sexuales y compartiendo literatura, merchandising y pornografía específica. En ausencia de citas, desconozco de dónde saca la autora su información, pero el modo en que escribe sus dos últimos párrafos sobre el tema me resulta llamativo. Primero, señala que la psicología y la sexología se han interesado por este tipo de deseo, pero no han podido definirlo claramente, y por eso no se comprende, no se acepta y se tilda de parafilia. Segundo, dentro de esa indefinición que rodea al fenómeno devotee, pone el acento sobre determinadas opiniones que señalan a los devotees –en masculino- como cosificadores sexuales, que reducen a las mujeres a su discapacidad en lugar de contemplarlas como personas en su totalidad, y que por tanto son hombres que no pueden construir relaciones igualitarias y sanas. Tercero, aclara que los varones que mantienen relaciones afectivosexuales duraderas con mujeres con discapacidad no son devotees, porque los devotees no buscan relaciones estables y sentimentales, sino solamente objetos sexuales, fetiches. En conclusión, la autora comienza reconociendo la incomprensión y estigmatización que padecen las personas devotees, pero termina juzgándolas con bastante dureza, a mi parecer. Cuando leí su texto, entendí que este posicionamiento podía tener sentido dado que uno de los objetivos de su artículo es denunciar los abusos sexuales, pero no me pareció que sobregeneralizar a la población devotee fuese especialmente desprejuiciado, comprensivo ni analítico, partiendo –como yo parto- de la base de que en todos los grupos humanos hay diversidad y complejidad. Así que seguí buscando.

En Broadly, la autodenominada plataforma de VICE sobre sexo, política, cultura y magia dedicada a las mujeres, encontramos un artículo llamado “Así son los fetichistas de las sillas de ruedas y la discapacidad” [3]. Su autora, Vanessa Parekh, es una mujer que se inscribió en algunas webs y aplicaciones de citas aclarando en su perfil que usa una silla de ruedas. Fue así como descubrió a “lxs devotxs”, personas más numerosas de lo que se estima, a quienes les resultan sexualmente deseables los dispositivos de movilidad, las amputaciones, la parálisis o la atrofia muscular. Recibió un mensaje de un devoto que le pareció ‘de mal gusto’, pero que a la vez que despertó su curiosidad, así que indagó y terminó entablando conversaciones en distintos foros, donde contactó con personas devotas –hombres y mujeres- con experiencias y preferencias muy diferentes, aunque compartían el sentimiento de incomprensión y rechazo. A algunas de estas personas les parece interesante y sexy el aspecto de los cuerpos no convencionales, a otras les seducen ciertos rasgos de la personalidad asociados/derivados de determinadas discapacidades, y otras desplazan hacia lo erótico la admiración que sienten por la lucha de las personas con discapacidad en el resto de sus dimensiones vitales. A Vanessa Parekh estas explicaciones que erotizaban la discapacidad le parecían algo insultantes, pero continuó explorando.

Un varón que había salido con varias mujeres parapléjicas y tetrapléjicas le comentó que al iniciar sus relaciones necesitó sentir atracción por esas mujeres en particular, y no solo por su discapacidad. Otro chico insistió en que puede ver a la persona tras la discapacidad y que no reduce a sus parejas a objetos sexuales, que simplemente le resulta erótico ayudar, sentirse necesitado e importante. Un hombre que usa silla de ruedas y había mantenido relaciones con mujeres devotas le comentó que sentirse insultado por el devotismo significaría dar por sentado que su discapacidad limita su capacidad de atraer sexualmente, y señaló que no le parecía muy diferente a quien siente atracción por otras características físicas como el peso, la forma del cuerpo… Un joven con síndrome de Holt-Oram le reveló estar encantado con sus experiencias con mujeres devotas, que le habían servido para no avergonzarse de su cuerpo y sentirse más seguro y atractivo. Y un último chico le dijo que sentirse deseado por mujeres devotas era algo que no empeoraba el estado de su discapacidad -derivada de una enfermedad-, sino más bien algo que podía hacerle mejorar. La autora concluye que, en un mundo en el cual las personas con diversidad funcional se presuponen asexuales, y en el que las discapacidades son percibidas como poco atractivas o como grandes inconvenientes en una relación íntima, comprende lo positivo de la existencia de personas que afirmen lo contrario. Personalmente, sigue causándole rechazo que alguien se sienta atraídx por su discapacidad en lugar de por otros rasgos de su físico, porque siente que la merma como mujer y que frivoliza su lucha como persona con discapacidad… pero a la vez, sigue pareciéndole muy interesante que aquella vez, en su primera web de citas, le dijeran que una mujer sentada en silla de ruedas puede ser tan sexy como otra sentada en un coche deportivo.

Buscando testimonios en primera persona encontré el blog Universo Devotee y particularmente su entrada “Los estigmas hacia los devotees” [4], donde Diego Dey, devotee y autor, ahonda en la cuestión. Pone en una balanza la valentía, gran voluntad y resiliencia que atribuimos a las personas con discapacidad, frente a la incapacidad para la plenitud sexual y afectiva. En el análisis del autor, esta contradicción se deriva, primero, de que sus cuerpos se alejan de los estándares sociales de belleza –así que no deberían inspirar atracción, sino lástima-, y segundo, de que tenemos tendencia no solo a proteger a estas personas en sus especificidades, sino a sobreprotegerlas –así que, si atraen a alguien, tememos que sea a personas que, damos por hecho, se aprovecharán de sus vulnerabilidades y les harán daño-. Es por estas razones -que están en el ojo de quien mira más que en el hecho en sí-, que el devotismo es sinónimo de desviación, parafilia y enfermedad, en lugar de comprender que simplemente se trata de personas a quienes les gustan determinadas características que les resultan bellas y excitantes, es decir, que tienen una preferencia, como existen tantas otras.

Diego Dey hace también especial hincapié en que por supuesto que existen devotxs con malas intenciones y que cosifican y reducen a las personas a su discapacidad, pero que esta situación no es definitoria del devotismo, que a su parecer persigue el respeto mutuo y la felicidad de ambas partes. Además, en su experiencia personal, recalca que cuando le gusta una persona, primero, no le resulta bella ‘a pesar de’ su discapacidad sino ‘con’ su discapacidad, en conjunto; segundo, como en cualquier otra relación, necesita que exista feeling físico -más allá de la discapacidad- y personal; y tercero, su preferencia por mantener relaciones con mujeres con diversidad funcional trasciende los momentos estrictamente sexuales y contempla todas sus interacciones en la vida cotidiana. En su opinión, las presiones, descalificaciones y juicios vertidos sobre las personas devotees –que tras el descubrimiento de su inclinación suelen atravesar una fase de angustia y vergüenza, y otra etapa de negación, antes de su autoaceptación-, no son sino un reflejo y un reforzamiento de los estigmas incapacitantes y desigualitarios que pesan sobre las personas con discapacidad.

Y a romper del todo el estereotipo nos lleva Carolina Mora, psicóloga clínica y organizacional, profesora en la Universidad Central de Venezuela y mujer con diversidad funcional, que lleva más de una década estudiando el devotismo. Para quien quiera conocerla, recomiendo su conferencia –colgada en Youtube- llamada “Redefiniendo la discapacidad: La belleza de la normalidad” [5], donde comparte, además de parte de su trabajo, sus motivaciones y experiencias personales, y el proceso de evolución de sus actitudes hacia el perfil devotee. Nosotrxs trabajaremos aquí con dos textos de la autora. En el primero, “Devotees, wannabes y pretenders: parafilias vinculadas a la discapacidad” [6], la investigación de Carolina Mora nos indica que, aunque a lo largo de la historia occidental siempre han existido una fascinación y un ‘sensualismo subversivo’ hacia las personas con discapacidad, es en la era de internet cuando prolifera y se ve reconocido con fuerza ese deseo psicosexual hacia los cuerpos alejados de los cánones estéticos y funcionales. Los gustos de lxs devotxs suelen ser bastante específicos en relación al tipo de discapacidad que les interesa, lo que ha dado lugar a multitud de ‘parafilias’ concretas no oficiales en los manuales de psicología, de entre las cuales la autora se centra en las personas que experimentan atracción hacia personas con discapacidad motriz: que usan prótesis como silla de ruedas –abasiofilia, rastreable en la literatura médica desde 1960, al parecer más propia de mujeres- o que tienen algún miembro amputado –acrotomofilia, con casos reconocidos desde el siglo XIX, al parecer más abundante entre hombres-. Pero vayamos al grano: el papel que juega la noción de ‘parafilia’ en el devotismo.

La autora indaga en los distintos posicionamientos teóricos al respecto y en las investigaciones sobre posibles etiologías y tratamientos, pero nosotrxs acudiremos directamente a sus conclusiones, en las cuales Carolina Mora se pregunta por qué sorprende tanto que exista deseo hacia los cuerpos no convencionales, hasta el punto de que los abordajes científicos sobre este tema suelen partir de la psicopatología y del estudio de las desviaciones psicológicas. Como hipótesis, plantea que quizás tildar de patológico o enfermo el deseo devotee sea debido a la escasa confianza que nuestra sociedad deposita en la madurez y aptitud de las personas con diversidad funcional, a la hora de experimentar y decidir sobre su propia sexualidad –más aún teniendo en cuenta que todos los escasos estudios rigurosos sobre el devotismo concluyen que lxs devotxs son clínica y socialmente sanxs-. De un modo similar, en su otro artículo, titulado “Devotismo (atracción hacia las personas con discapacidad) y su relación con otras parafilias” [7], la autora comienza señalando la falta de información y estudios científicos sobre este fenómeno, y problematiza que lo consideremos una ‘parafilia’ teniendo en cuenta que esta definición se basa en que hay preferencias sexuales ‘ideales’ –en la actualidad, el coito, preferentemente vaginal, que debe suponer el culmen del encuentro sexual- y otras fuentes de placer ‘desviadas’ del ideal –y que suelen confundirse con enfermizas-, ambas etiquetas culturalmente condicionadas y cambiantes en la historia. Es más, incluso refiriéndose ella misma al devotismo como parafilia, señala que la Asociación Estadounidense de Psiquiatría diferencia desde 2005 entre las parafilias –que no interfieren con la vida cotidiana, y entre las que Carolina Mora entiende que se encuentra también el que nos atraigan mujeres con senos grandes, o nos exciten los pies de nuestras parejas, por ejemplo- y los trastornos parafílicos –que son los que pueden afectar a la vida del individuo, generar ansiedad, consumir mucho tiempo o estar reñidos con la ley-. Sea como sea, comprobamos lo relativa que es en realidad esa consideración parafílica de los deseos alejados de las expectativas sociales.

Para cerrar nuestra aproximación al devotismo, nos serviremos de la entrevista que Melania Moscoso Pérez -profesora de antropología en la Universidad del País Vasco- y Soledad Arnau Ripollés – filósofa feminista y para la paz, bioeticista, sexóloga, escritora de relatos eróticos y que aparece en el ya mencionado documental “Yes, We Fuck!”-  realizaron a Robert McRuer –profesor en la Universidad George Washington, donde enseña teoría queer, estudios de las personas con diversidad funcional y estudios culturales-, llamada “Lo queer y lo crip, como formas de re-apropiación de la dignidad disidente. Una conversación con Robert McRuer” [8]. Este autor es uno de los fundadores de la llamada ‘teoría crip’, que critica el capacitismo -los privilegios, la superioridad y el estatus de ‘normalidad’ de que gozan las personas sin discapacidad- como pilar del capitalismo neoliberal contemporáneo, y que propone entender la discapacidad como un modelo cultural desafiante, radical, político y revolucionario -en lugar de solamente reformista-.

El activismo ‘crip’ –palabra que procede del inglés ‘cripple’, o sea, ‘tullidx’- persigue cuestionar qué tipo de cuerpos, mentes, prácticas y deseos son ‘normales’, valorar y celebrar las diferencias, y conectar las luchas de las personas con diversidad funcional con los demás sistemas de opresión –económica, racial, colonial, de género, sexual…-, de ahí que tenga muchos puntos de encuentro con el activismo queer. Y en opinión de Robert McRuer, la sexualidad no es algo que solo pueda ser disfrutado por ciertas personas o ciertos cuerpos, y aunque el derecho al placer sexual ha sido negado en muchas ocasiones a las personas con discapacidad, éstas han respondido con innovación y creando nuevas formas más inclusivas de ser sexual. Y si vivir nuestra sexualidad con libertad nos permite ser más plenamente humanxs, y si tanto la causa crip como la queer aúnan fuerzas como movimiento de resistencia que desafía y subvierte los límites de lo ‘normal’, ¿acaso no tiene cabida el deseo devotee entre sus brazos multicolores y ortopédicos?

 

Salmacis Ávila

Referencias

[1] Centeno, Antonio y De la Morena, Raúl (2015): Yes, We Fuck! [documental] Disponible en http://www.yeswefuck.org/ y en https://vimeo.com/yeswefuck

[2] Senent Ramos, Marta (2014):  Erotismo y seducción en mujeres con diversidad funcional, en Dossiers Feministes, 18, pp.181-195. Disponible en http://repositori.uji.es/xmlui/bitstream/handle/10234/141747/DossiersFeministes_2014_textocompleto.pdf?sequence=1

[3] Parekh, Vanessa (04/04/2016): Así son los fetichistas de las sillas de ruedas y la discapacidad [artículo] Disponible en https://broadly.vice.com/es/article/8qwz95/fetichistas-sillas-de-ruedas-discapacidad

[4] Dey, Diego (23/06/2016): Los estigmas hacia los devotees [entrada de blog] Disponible en http://universodevotee.blogspot.com/2016/06/los-estigmas-hacia-los-devotees.html

[5] TEDx Talks (18/07/2018): Redefiniendo la discapacidad: La belleza de la normalidad | Carolina Mora | TEDxUCV [conferencia en vídeo] Disponible en https://www.youtube.com/watch?v=zT-OpYxOzD8

[6] Mora, Carolina (2016): Devotees, wannabes y pretenders: parafilias vinculadas a la discapacidad, en Revista Interamericana de Psicología, vol. 50, nº 3, septiembre/diciembre, pp.359-370. Disponible en https://www.redalyc.org/pdf/284/28450492004.pdf

[7] Mora, Carolina (2018): Devotismo (atracción hacia las personas con discapacidad) y su relación con otras parafilias, en Revista Interamericana de Psicología, vol. 52, nº 2, mayo/agosto, pp.153-161. Disponible en https://www.researchgate.net/publication/329693704_DEVOTISMO_ATRACCION_HACIA_LAS_PERSONAS_CON_DISCAPACIDAD_Y_SU_RELACION_CON_OTRAS_PARAFILIAS

[8] Moscoso Pérez, Melania y Arnau Ripollés, Soledad (2016): Lo queer y lo crip, como formas de re-apropiación de la dignidad disidente. Una conversación con Robert McRuer, en Dilemata, año 8, nº 20, pp.137-144. Disponible en https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/5329396.pdf

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3 thoughts on “El deseo por la discapacidad y la sombra de la parafilia

  1. Es un artículo realmente curioso. No había leído nunca nada referente a este tema, y me parece bastante interesante. Veré el vídeo que comentas al principio del artículo.

  2. Artículo muy interesante, es la primera vez que leo un artículo sobre este tema. El español no es mi primer idioma, así que es posible que no haya entendido todo.

    Es muy importante dar visibilidad a esas personas y distanciarnos de los estereotipos y estigmas. Tenemos que cuestionarnos a nosotros mismos y lo que vemos como «normal o» anormal «y también cuestionar nuestros ideales de belleza.

    El sexo no es solo una penetración convencional, sino que puede ser muchas cosas para muchas personas y yo aplaudiría cualquier cosa siempre que haya un consentimiento de un adulto y que no se haga daño. Es algo muy personal y se ofrece de muchas maneras y, además, todos necesitamos algun tipo de intimidad

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