Soy corona en la frente de mi puerta:

envidia al Occidente en mí el Oriente.

Al-Gani billah [1]mándame que aprisa

paso dé a la victoria apenas llame.

Siempre estoy esperando ver el rostro

del rey, alba que muestra el horizonte.

¡A sus obras Dios haga tan hermosas

como su temple y su figura!

Poema de la Puerta de Comares.

 

La continuidad del Estado nazarí se hizo posible gracias a dos factores: el vasallaje que mantuvo con Castilla, a la que seguía pagando unas parias anuales, y su localización geográfica, en la que Sierra Nevada ejercía como muralla natural de la capital. Asimismo, Granada se convirtió en un referente cultural y en un importante enclave comercial del Mediterráneo, con intercambios entre la Europa medieval y el Magreb de tejidos de seda, cueros, armas y todo tipo de joyas. La agricultura no solo obtenía buenos resultados, sino que además resultaba muy rentable gracias a las condiciones del medio físico y también a los métodos de cultivo como el regadío, a través de aljibes, canales y acequias.

Sin embargo, la buena coyuntura económica en la que parecía sumirse Granada no impidió que Muhammad III muriera asesinado en 1309 y se diera comienzo a un período en el que las traiciones, las conjuras, conspiraciones y asesinatos se convirtieron en costumbres a seguir entre las grandes familias del Reino Nazarí. Esta etapa, con los gobiernos de Nasr (1309 – 1314), Ismail I (1314 – 1325) y Muhammad IV (1325 – 1333), supuso una inflexión en la historia de Granada, de la que se recuperaría durante el siglo XIV, el tiempo de su máximo esplendor, con sultanes como Yusuf I (1333 – 1354) y Muhammad V (en dos períodos: 1354 – 1359 y 1362 – 1391).

Europa agonizaba: primero por la Gran Hambruna que la sometió entre 1315 y 1317, provocada por la crisis climática que puso fin al denominado “óptimo medieval”; y, después, la terrible epidemia de la peste negra. Ambas fueron las causas de la pérdida de miles de vidas humanas, un desastre demográfico en medio del crecimiento lento y sostenido que sufrió la población aproximadamente desde el año 1000. Ambas conformaron la Crisis del siglo XIV, recrudecida por los conflictos bélicos como la Guerra de los Cien Años, los movimientos de piedad extrema como el de los flagelantes y la crisis de la filosofía medieval gracias a los planteamientos de Ockham. Aún así, en un tiempo en el que los territorios europeos se veían envueltos en una recesión, Granada se convirtió en una ciudad próspera, en el centro de refugio para cuantos huían de las conquistas cristianas y el lugar en que se produciría el mayor florecimiento cultural del islam. En este momento, la Alhambra que ya comenzara ibn al-Ahmar, se rodeó de palacios, jardines exuberantes, fuentes y estanques y la poesía árabe, que se dedicara a cantar las hazañas de los sultanes nazaríes y las maravillas de su reino, sufrió un impulso. Todo este esplendor sería resultado de la debilidad de los territorios cristianos y de las treguas y alianzas firmadas por los sultanes Yusuf I y Muhammad V, además de la buena gestión realizada por el visir de ambos gobernantes, ibn al-Jatib, que fue uno de los más importantes intelectuales de esta etapa, con actividad en campos tan diversos como los de la política, la historia, la medicina, la filosofía o la diplomática.

No obstante, éste no fue un período carente de dificultades ya que, como ya se ha mencionado antes, la inestabilidad del Estado nazarí llevó a los sultanes a fraguar alianzas que se hacían y deshacían según los intereses del momento. Así, se pactaba con Castilla contra los meriníes cuando el poder africano suponía un peligro para las fronteras nazaríes o con los meriníes contra Castilla cuando eran los cristianos los que amenazaban Granada; se firmó con los Genoveses contra Aragón y con Aragón contra Génova… En cualquier caso, los lazos que los unían con uno u otro reino respondían siempre a motivos políticos o comerciales que, aunque alargaron la vida del Reino Nazarí de Granada más de lo que cabía esperar, también le propinó enemistades y unos cimientos oscilantes y, con ellos, conflictos bélicos que resultaron inevitables, lo que no impidió su florecimiento cultural. Veamos algunos de los contrastes más notables: por un lado, la alianza entre los benimerines y los nazaríes de Yusuf I ¾que sería asesinado en 1354 por uno de sus esclavos el día del término del Ramadán¾ fue derrotada en la batalla del Salado, pero también se llevaron a cabo las edificaciones de una madraza y de la Puerta de la Justicia y la Torre de Comares en la Alhambra; por otro lado, encontramos el gobierno de Muhammad V, que se desarrolló dividido en dos etapas marcadas por las conjuras políticas: una primera etapa, entre 1354 y 1359, en la que predominó la amistad entre Castilla y Granada y el golpe de Estado ¾posiblemente impulsado por Pedro IV de Aragón¾ que depuso a Muhammad V; y una segunda etapa, entre 1362 y 1391, en la que, restaurado Muhammad en el trono tras la paz entre Castilla y Aragón, se llevaron a cabo importantes construcciones como las de un hospital, la fachada de Comares o el Patio de los Leones. En este intermedio de Muhammad V, fueron sultanes de Granada Ismail II (1359 – 1360) y Muhammad VI (1360 – 1362).

Sin embargo, hubo un conflicto que se extendió desde el gobierno de Muhammad II hasta el de Yusuf I, es decir, logró sobrevivir a seis sultanes. Se trata de uno de los puntos más complejos y en el que confluían un mayor número de intereses: el Estrecho de Gibraltar, puesto que era una plaza estratégica tanto a nivel militar como comercial por coincidir con la frontera del islam en África, exactamente con el territorio dominado por los meriníes, y también por ser un lugar transitado por todo tipo de barcos mercantes que buscaban atracar en uno de los puertos del Atlántico o del Mediterráneo. Era, por tanto, un asunto de vital importancia en la política del momento. Tanto es así, que la lucha por el control de plazas como Tarifa, Algeciras, Ceuta y Gibraltar mantuvo ocupados a nazaríes, meriníes y castellanos desde finales del siglo XIII hasta 1344, aunque las incursiones por recuperar algunos territorios del Estrecho se extenderían hasta períodos posteriores.

En 1275, mientras Alfonso X buscaba apoyos por Europa para alcanzar el trono del Sacro Imperio, lo benimerines recorrieron la distancia que los separaba de la Península resueltos a iniciar una nueva Guerra Santa, junto con los nazaríes, y enfrentarse al poder de Castilla. Como resultado, Tarifa y Algeciras cayeron en sus manos. No obstante, y a pesar del temor que las tropas africanas infundían a los castellanos, Granada temía que los meriníes se hicieran demasiado poderosos y, el entonces emir Muhammad II, decidió pactar una amistad con Castilla y otra con Aragón, movida por intereses comerciales. Alfonso X, aunque aceptó la amistad de Granada, castigó su anterior deslealtad y arrasó la Vega hasta en dos ocasiones.

Entre los numerosos acontecimientos que podemos citar de la batalla del Estrecho, el primero que podríamos destacar sería la conquista de Tarifa por los castellanos en 1292, siendo rey Sancho IV, y la aventura de Guzmán el Bueno dos años más tarde, que permitió a Castilla conservar la plaza. Según la leyenda, con su hijo menor preso por los sitiadores musulmanes, Guzmán el Bueno arrojó un cuchillo desde su castillo, pues prefería que mataran con él a su hijo antes que sucumbir al chantaje. Así reza un antiguo romance: «Matadle con éste, si así lo habéis determinado, que más quiero honra sin hijo que hijo con mi honor manchado». Sin embargo, la insistencia de los benimerines desde Ceuta, y gracias al apoyo de granadinos, genoveses y aragoneses, se logró la toma de Gibraltar. Este acontecimiento, que coincidió con el auge meriní, hizo que Castilla sintiera el peligro de la alianza entre los dos reinos musulmanes y se percatara de que un enfrentamiento entre ambos ejércitos resultaba cada vez más inevitable.

De este modo, Alfonso XI planeó la que sería la victoria decisiva por el control del Estrecho: la batalla del Salado, que tuvo lugar a fines de octubre de 1340 y con la que se logró la expulsión de lo benimerines de la Península. Con esta victoria, el impulso del ejército castellano logró conquistar Algeciras cuatro años después y firmar una tregua de diez años con Yusuf I de Granada. Los nazaríes perdieron plazas estratégicas y mantuvieron Gibraltar, que sería tomada poco después. La batalla del Estrecho se podía dar por terminada, aunque diversas incursiones posteriores en tiempos de Muhammad V permitieron recuperar por un breve espacio de tiempo enclaves como Tarifa.

Sin embargo, no todo fueron derrotas, sino que dentro de este período podemos destacar una de las victorias más importantes de la Granada nazarí: la batalla de la Vega. Los prolegómenos de este acontecimiento los podemos situar en el inicio del sitio de Gibraltar en 1316 por los meriníes, en cuyos proyectos para debilitar a Castilla se programó un levantamiento de los mudéjares murcianos que concediera a su campaña el halo de Guerra Santa. Los castellanos, sin embargo, no detuvieron sus incursiones en territorio granadino durante tres años y, finalmente, en 1319 las iniciativas de los infantes don Pedro y don Juan ¾tutores de Alfonso XI¾ se vieron truncadas al morir ambos en la batalla de la Vega, que tuvo lugar a las puertas de Granada y en la que el ejército nazarí consiguió una aplastante victoria. El sultán Ismail I firmó una tregua de ocho años con la que se logró un nuevo respiro a la política de Granada.

Sin embargo, las treguas y la amistad consumadas durante los gobiernos de Yusuf I y Muhammad V, que se aprovechó de la Guerra Civil castellana entre Pedro I y Enrique II, terminaron cuando en Castilla tomó fuerza la idea de conquistar definitivamente el Reino Nazarí y las buenas relaciones con los cristianos se rompieron y se hicieron cada vez más tensas, con frecuentes enfrentamientos entre ambos reinos.

Con el inicio del siglo XV, comenzaba la decadencia del Reino Nazarí de Granada y, con ella, su final.

Rodolfo Padilla Sánchez

Referencias

VV.AA., (1987); Reino de Granada, V Centenario. Tomo I: El Islam; Ed. Ideal.

VV.AA.; (1992); Al-Ándalus. Las artes islámicas en España (pp. 127-172); The Metropolitan Museum of Art, Ediciones El Viso.

http://morosnazaries.es/

http://www.historialia.com/

http://legadonazari.blogspot.com/

Imágenes

http://salondeltrono.blogspot.com/2011/06/el-salon-del-trono-de-la-alhambra-de.html

https://es.m.wikipedia.org/wiki/Batalla_del_Salado

[1] Significa ‘el vencedor por Alá’, sobrenombre que Muhammad V toma tras la victoria de Algeciras en 1369.

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