
En junio de 1983 se estrenaba la película “Juegos de guerra”, protagonizada por un joven Matthew Broderick.
En un mundo donde Internet era una completa desconocida para el público en general y la Inteligencia Artificial era algo propio de las películas de Ciencia Ficción que representaban futuros muy lejanos. La película “Juegos de guerra” nos cuenta la historia de un hacker informático que de manera involuntaria accede a un Sistema de Inteligencia Artificial del departamento de defensa de Estados Unidos encargada de prevenir un ataque nuclear de la URSS, pensando que es un videojuego.
El protagonista, por accidente, inicia la simulación de un ataque nuclear de la Unión Soviética contra Estados Unidos. El departamento de defensa, que desconoce que los datos que ofrece el sistema es una simulación, inicia los preparativos para el contrataque, lo que daría inicio a una guerra nuclear a nivel mundial.
Finalmente, el protagonista consigue interrumpir la dinámica iniciada por la IA, evitando que el conflicto nuclear destruya el mundo.
Esta película se enmarca dentro del periodo de la Guerra Fría y profundiza en el miedo que por aquel entonces se tenía a que las dos principales potencias nucleares iniciaran un enfrentamiento bélico que acarrearía terribles consecuencias para todo el planeta.
Pero, si esta película se encuadraba dentro de los géneros cinematográficos del thriller y la ciencia ficción, la realidad, como suele ocurrir, supera ampliamente a la ficción.
Tres meses después de que se estrenara esta película, en septiembre de 1983, un hecho pudo dar inicio a una guerra nuclear entre EEUU y la URSS, con terribles consecuencias para todos.
Un fallo en el sistema de defensa de la Unión Soviética alertó de un ataque de los EEUU con ojivas nucleares sobre territorios de la URSS.
El protocolo exigía que se comunicara del ataque a los mandos superiores y se iniciara la respuesta dando inicio a la III Guerra Mundial.
Es en este punto, donde aparece el hombre que salvó a la humanidad de un Armagedón nuclear. Stanislav Petrov, un nombre que será completamente desconocido para la mayoría, era el encargado del “Sistema de alerta temprana satelital soviético, Oko). Petrov, entendió que no había motivos para que EEUU iniciara un ataque nuclear sin que hubiera provocación previa por parte de la URSS, ni una escalada en los discursos de ambos países, el sistema reportaba la información de que eran cinco los misiles que EEUU había lanzado a la URSS, cuando todos los informes emitidos por distintas simulaciones aseguraban que un primer ataque sería llevado a cabo con cientos de misiles dirigidos a las principales ciudades soviéticas.
Teniendo en cuenta estos datos, Petrov decidió reportar a sus superiores un fallo en el sistema, anulando así que la URSS lanzara su ataque nuclear contra EEUU como respuesta inmediata, que daría inicio al conflicto nuclear.
Como “premio” Petrov fue jubilado prematuramente, sufriendo un colapso nervioso debido al estrés sufrido, falleció en 2017 tras una vida de precariedad. El ejercito busca de sus miembros la obediencia ciega, la decisión de Petrov había cuestionado las ordenes y actuado por su cuenta, algo que es imperdonable en una estructura tan jerárquica como la militar, aunque su decisión salvara a la población mundial.
Mientras la película “Juegos de guerra” obtuvo tres nominaciones a los Oscar y varios premios cinematográficos, Petrov pasó en el anonimato el resto de su vida.
La conclusión a la que nos lleva esta situación es que no debemos ceder la toma de decisiones importantes a una maquinaria artificial por mucha “inteligencia” que se le atribuya.
El ser humano es capaz de llegar a conclusiones mucho más acertadas, siendo capaz de analizar datos de una forma mucho más compleja que cualquier máquina.
El mundo hubiera llegado a su fin si la decisión hubiera estado en manos de una IA. El ser humano es capaz de lo peor, pero también de lo mejor. Puede que nos equivoquemos, pero al menos seremos los responsables de tomar nuestras propias decisiones.
“La inteligencia consiste no sólo en el conocimiento, sino también en la destreza de aplicar los conocimientos en la práctica” Aristóteles
Manuel Carmona Curtido
@carmonacurtido