Uno de los debates más apasionantes de los últimos siglos ha sido hasta qué punto la lengua que hablamos y conocemos determina nuestra percepción del mundo. Su interés no ha perdido en absoluto vigencia, a pesar de haber habido considerables avances en las correcciones que se han aplicado a la hipótesis Sapir-Whorf, que, en su momento, no fue planteada como una hipótesis sino como un postulado, este el trasfondo del debate del lenguaje «políticamente correcto» con todas las implicaciones que este supone en la sociedad actual, desde su ridiculización y crítica hostil hasta su uso abusivo por parte de algunas personas y personalidades.

La hipótesis de Sappir Wolf afirmaba, entre otras cuestiones, que las lenguas determinaban completamente la percepción del mundo de la cultura que hablaba esta lengua. De esta manera, si en una lengua no existían palabras para nombrar determinadas realidades, sencillamente para esa cultura esos conceptos no existían. Esto se demostró falso, ya que la percepción humana no solo se vale del lenguaje como instrumento según se descubrió y la capacidad de conceptualización va más allá de las palabras. Se demostró igualmente que los grupos de palabras, frases y expresiones metafóricas moldeaban los significados aislados y literales de las palabras   ampliaban sus dimensiones y posibilidades.

El relativismo lingüístico extremo se demostró falso, y entre otros argumentos, se encuentra la posibilidad de traducción entre lenguas, a pesar de la pérdida de algunos matices y estudiosos como Chomsky o Steven Pinker han señalado una universalidad no solo en las estructuras mentales básicas de los diferentes lenguajes, incluido el lenguaje visual-espacial de signos, sino un lenguaje universal del pensamiento que funciona en común a toda la especie humana, más allá de idioma y de sus capacidades verbales.

Sin embargo, esta hipótesis, a pesar de todas estas afirmaciones erróneas y haber aportado datos falsos como la cantidad de nombres diferentes para la nieve de las algunas poblaciones árticas y traducciones erróneas, no es desdeñable en su totalidad y supuso un hito importante a la hora de pensarnos como especie. Es cierto que cada lengua tiene sus propios matices en la apreciación de la realidad y que estos matices influyen de forma más o menos notoria en la percepción y conceptualización de realidades, también ha habido estudios que sugieren que la lengua influye parcialmente en la percepción visual de lo que vemos a nuestra derecha, que está regido por la dominancia del hemisferio izquierdo del cerebro, que es el que rige el lenguaje. Ha habido experimentos sumamente interesantes que han mostrado que, en el caso de colores y palabras para nombrarlos en diferentes culturas, se da una influencia ligera en las diferencias de percepción cuando los contrastes no son muy grandes.

Las lenguas no conceptualizan toda la realidad que conocen sus hablantes y se limitan a nombrar lo que se considera necesario saber nombrar en esa cultura y realidad. Luego, que no existan palabras para nombrar ciertas realidades, no quiere decir que se ignoren por completo, pero sí es una clara indicación de que, para esa comunidad, esa cultura, se ha considerado menos relevante tener palabras para nombrar esas realidades. Quizás, como ha venido ocurriendo en los últimos meses, el crear nuevas palabras para describir situaciones como la que venimos viviendo no es solo incorporar vocablos para nombrar nuevas realidades, sino que a un tiempo nos hace pensar más en ellos que si estas palabras no existiesen.

Asimismo, son muy importantes las imágenes mentales que se producen con ciertas palabras, que son las que tienen una mayor capacidad en la percepción. Estas imágenes mentales son independientes de las palabras y pueden variar entre diferentes personas. Están más moldeadas por la cultura que por la lengua, pero la lengua tiene una influencia decisiva en estas imágenes, a pesar de esto.

Por todo ello, estos embarrados debates sobre si nos interesa o no visibilizar más el género femenino o géneros intermedios, buscar nuevas maneras de nombrar a las personas con discapacidad y otras muchas manifestaciones de la diversidad humana no son cuestiones que puedan despacharse con afirmaciones tajantes que no consideran la verdad de la otra parte. La lengua influye en nuestro pensamiento y perpetúa y traslada prejuicios y estereotipos y es a un tiempo reflejo de esos prejuicios. También es cierto, como se ha demostrado, que muchas marcas de género no tienen una connotación discriminatoria o sexista, tan cierto como que algunas sí lo tienen y que las lenguas evolucionan, los conceptos y palabras se transforman y eso es natural y no es algo negativo. Quizás más que pasiones exacerbadas, una mejor aproximación a estos temas sea un debate más realista y sosegado, que abra la mirada a la complejidad del asunto y de nuestra propia realidad. Una realidad de realidades, en la que puede haber multiplicidad de modelos discursivos para diferentes situaciones.

Laura Ramos Aranda

Referencias

La hipótesis Sapir-Whorf: una evaluación crítica, July 2007, DOI: 10.33064/22crscsh369, Project: Theoretical and conceptual issues in the social sciences

David Charles Wright-Carr

https://www.eldefinido.cl/actualidad/plazapublica/6671/El-lenguaje-determina-nuestra-percepcion-de-la-realidad-o-la-hipotesis-SapirWhorf/

http://blog.dependentia.es/2016/08/influencia-del-lenguaje-en-la-percepcion-y-concepcion-de-personas-con-discapacidad.html

https://www.tendencias21.net/El-lenguaje-condiciona-parcialmente-la-percepcion-visual_a863.html

Veo una voz: Viaje al mundo de los sordos.  Oliver Sacks. Ed. Anagrama.

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