Todos conocen al Dr. Mengele, el médico de las SS que experimentaba con seres humanos, quizás el paradigma de médico psicópata más propio de un episodio de “Mentes Criminales” que de la vida real.

Mengele era el oficial encargado de decidir quiénes serían asesinados en las cámaras de gas de Auschwitz. Allí como médico del campo de exterminio realizó experimentos con seres humanos, sin velar por su seguridad ni tener en cuenta el bienestar de sus víctimas, huyó de Auschwitz poco antes de que el campo fuera liberado por el ejército rojo, escapando a Sudamérica donde rehuyó a la justicia muriendo en 1979 sin haber sido procesado.

La historia de Mengele es conocida y repudiada no sólo por cualquiera que se dedique a la medicina sino por cualquiera que albergue el más mínimo sentido de humanidad.

Todos los países condenaron las atrocidades cometidas en los campos de exterminio y se realizó un juicio sumarísimo en Nuremberg para juzgar a los responsables nazis de las atrocidades cometidas durante el ascenso del nazismo.

Sin embargo, existe otra historia que no es tan conocida. Esta historia sucede en la ciudad de Tuskegee en el Estado de Alabama en Estados Unidos.

Durante los años 1932 a 1972, el departamento de salud pública de Estados Unidos experimentó con la población negra de esta localidad la evolución de la sífilis, sin administrar tratamiento.

El modo de operar era el siguiente, se le inoculaba la enfermedad haciendo creer a la población que se trataba de una vacuna y cuando los síntomas se manifestaban, se les administraba un placebo haciéndoles creer que estaban tratando la enfermedad.

Las víctimas oficiales de dicho experimento fueron 600 personas infectadas, 28 fallecidos a causa de la enfermedad, otros 100 con complicaciones relacionadas con ella, más de 40 mujeres habían sido infectadas y 19 niños nacieron con la enfermedad.

El modo de proceder generó una gran desconfianza en el sistema de salud de Estados Unidos que dura hasta el día de hoy.

Los supervivientes fueron compensados durante el mandato de Bill Clinton.

Lo que llama la atención como un experimento de estas características, más propio de los campos de exterminios nazis que de una “democracia” avanzada, pudo llevarse a cabo durante cuarenta años.

Mientras los gobiernos de Estados Unidos repudiaban las técnicas nazis en público llevaban a cabo experimentos similares en privado. Les recomiendo que investiguen sobre este hecho, les pondrá los bellos de punta.

“El buen médico trata la enfermedad; el gran médico trata al paciente que tiene la enfermedad” William Osler

Manuel Carmona

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