“Cogito ergo sum” – “pienso luego soy (existo)”  Con esta frase daba nacimiento el filósofo francés René Descartes al Racionalismo en 1637, desde entonces hasta nuestros días no hemos parado de escuchar que los seres humanos somos “Animales Racionales”, que lo que nos distingue de los animales es la capacidad de razonar (pensar), perder la razón, es sinónimo de locura, cuando exponemos una idea sobre algo nos es importante “tener razón”, en definitiva la capacidad de “razonar” es, no solo lo que nos define como “homo sapiens sapiens” sino que es algo a lo que le damos muchísimo valor en nuestro día.

Sin embargo, no siempre usamos la “razón” para la toma de decisiones diarias, en estos días de confinamiento hemos podido observar la cantidad de cosas inservibles que hemos adquirido a lo largo de nuestra vida, pero que sin embargo “necesitábamos” cuando las adquirimos, y es que además de seres racionales somos seres emocionales.

La exaltación de las emociones es el objetivo de los creadores de opinión, donde podemos incluir a las agencias publicitarias, partidos políticos, y todo tipo de asociaciones y organizaciones interesadas en captar nuestra atención. Las emociones forman parte de nuestro instinto más primario, o si queremos decirlo de otro modo, más animal y por lo tanto podríamos decir que es la antítesis de la razón.

Son muchos los estudios sobre la manipulación de masas que se han llevado a cabo desde diversas ópticas, sin duda relevantes son los ensayos de Ortega y Gasset, “La Rebelión de las Masas”, publicado en 1929 y la “Psicología de las masas” de Sigmund Freud publicado en 1921. Pero sin duda fueron los Nazis en los años treinta quienes, llevando a la práctica los estudios anteriormente mencionados, ejercieron de manera magistral la manipulación del pueblo alemán sometiéndolo a sus deseos. Fue Joseph Goebbels quien basaría toda su propaganda en 11 principios:

  1. Principio de simplificación y del enemigo único. Adoptar una única idea, un único Símbolo. Individualizar al adversario en un único enemigo.
  2. Principio del método de contagio. Reunir diversos adversarios en una sola categoría o individuo. Los adversarios han de constituirse en suma individualizada.
  3. Principio de la transposición. Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos, respondiendo el ataque con el ataque. “Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan”.
  4. Principio de la exageración y desfiguración. Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave.
  5. Principio de la vulgarización. “Toda propaganda debe ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los que va dirigida. Cuanto más grande sea la masa a convencer, más pequeño ha de ser el esfuerzo mental a realizar. La capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar”.
  6. Principio de orquestación. “La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas, pero siempre convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas”. De aquí viene también la famosa frase: “Si una mentira se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad”
  7. Principio de renovación. Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario responda el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
  8. Principio de la verosimilitud. Construir argumentos a partir de fuentes diversas, a través de los llamados globos sondas o de informaciones fragmentarias.
  9. Principio de la silenciación. Acallar sobre las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario, también contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
  10. Principio de la transfusión. Por regla general la propaganda opera siempre a partir de un sustrato preexistente, ya sea una mitología nacional o un complejo de odios y prejuicios tradicionales; se trata de difundir argumentos que puedan arraigar en actitudes primitivas.
  11. Principio de la unanimidad. Llegar a convencer a mucha gente que se piensa “como todo el mundo”, creando impresión de unanimidad.

Actualmente, apoyados en las nuevas tecnologías, estos principios son la piedra angular de la manipulación, y cuya única defensa es utilizar la razón.

Así que les pido que hagan uso de aquello que nos diferencia de los animales y no se dejen manipular.

“Si no quieres repetir el pasado, estúdialo”

Baruch Spinoza

Manuel Carmona

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