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El eco de las veredas

El premio Cervantes es un halago curioso, si miramos con cierto detenimiento el rasgo limpiamente popular de la obra literaria y de la obra vital de Gelman, pero carecía de peligro cuando lo recibió con la vida ya hecha. A veces los halagos se transforman en corsés, pero en el caso de este poeta argentino era bastante improbable. Juan Gelman, nacido en Buenos Aires en 1930, debía haber llevado otro apellido, pero los azares y las necesidades del destierro de sus padres, judíos ucranianos, y luego los de la llegada a una ciudad de Buenos Aires que acomodó muchas identidades a la fonética del funcionario encargado de pasarlas al primer papel, le legaron el Gelman. Antes, la familia había adquirido el Hellmann, para evitar todo lo que debieron evitar los judíos de Europa durante un periodo largo.

Nacido Juan, la infancia la pasó entre la bicicleta, la lectura temprana y el embrujo del futbol, en las calles del barrio de Villa Crespo, todas actividades capaces de nutrir a un espíritu sensible de imágenes poéticas. Inevitablemente, Gelman comenzó a escribir poemas, y público el primero en la revista Negro y Rojo. De modo que no hacía falta ser Jeremías para adivinar por dónde irían los pasos de Juan, que a los quince años ingresó en la Federación Juvenil Comunista. No eran buenos tiempos para los comunistas. Nunca lo son para los poetas.

En 1955 creó el grupo Pan Duro, integrado por jóvenes que reunían esas dos infaustas condiciones, que trabajaban el cooperativa, y a través del cual publicó su primer libro de poemas, Violín y otras cuestiones. Pero no se conformaba con la palabra, y pronto adhirió, contra la postura del Partido, a la lucha armada, incorporándose a las FAR, Fuerzas Armadas Revolucionarias, que finalmente se fusionaron con Montoneros. Su actividad dentro de esa organización lo llevó a México, a denunciar las sistemáticas violaciones de los derechos humanos que se cometían en Argentina durante el gobierno de Isabel Perón. En esa misión lo sorprendió el golpe militar del 76, que convertiría la represión en genocidio, y que lo llevó a decidir quedarse en México, donde vivió su exilio. Fue en 1988 cuando pudo regresar a la Argentina, pero decidió continuar viviendo en México.

Entre sus libros de poemas, que son muchos, se encuentran Velorio del solo, de 1961; Gotan, de 1962; Cólera buey, de 1964; hacia el sur, de 1982, Salarios del impío, de 1993 y Pais que fue será, de 2004. Es cierto que la elección de títulos es arbitraria, pero son tantos. Veintisiete poemarios, sin las antologías.

Seguramente el trabajo más trascendente de Gelman fue la búsqueda. La dictadura militar secuestró en agosto de 1976 y desapareció a sus hijos y a su nuera, embarazada de siete meses, y el amor tozudo de Juan se puso a buscarlos, a los tres, en la persona se su nieta. Imposible sentir o hacer sentir como fueron las horas de buscar, le investigar, de rabiar. Andreita es el nombre con que la nombra en varios poemas, Maria Magdalena Gelman Garcia, el que tomo una vez que se encontraron, en el abrazo buscado.

Los primeros días de este año 14 murió Juan Gelman. En México, donde se salvó de la barbarie idiota de Videla y sus coautores. Con él terminaron de irse Costantini, Conti, Luchi, Santoro y otros poetas que se alimentaron de la lucha social. Y con él terminaron de quedarse.

Fernando Blasco

Ausencia de amor

Cómo será pregunto.
Cómo será tocarte a mi costado.
Ando de loco por el aire
que ando que no ando.

Cómo será acostarme
en tu país de pechos tan lejano.
Ando de pobrecristo a tu recuerdo
clavado, reclavado.

Será ya como sea.
Tal vez me estalle el cuerpo todo
lo que he esperado
Me comerás entonces dulcemente
pedazo por pedazo.

Seré lo que debiera.
Tu pie. Tu mano.

Epitafio

Un pájaro vivía en mí.
Una flor viajaba en mi sangre.
Mi corazón era un violín.

Quise o no quise. Pero a veces
me quisieron. También a mí
me alegraban: la primavera,
las manos juntas, lo feliz.

¡Digo que el hombre debe serlo!

(Aquí yace un pájaro.
Una flor.
Un violín.)
Cerezas

a elizabeth

esa mujer que ahora mismito se parece a santa teresa
en el revés de un éxtasis/hace dos o tres besos fue
mar absorto en el colibrí que vuela por su ojo izquierdo
cuando le dan de amar/

y un beso antes todavía/
pisaba el mundo corrigiendo la noche
con un pretexto cualquiera/en realidad es una nube
a caballo de una mujer/un corazón

que avanza en elefante cuando tocan
el himno nacional y ella
rezonga como un bandoneón mojado hasta los huesos
por la llovizna nacional/

esa mujer pide limosna en un crepúsculo de ollas
que lava con furor/con sangre/con olvido/
encenderla es como poner en la vitrola un disco de gardel/
caen calles de fuego de su barrio irrompible

y una mujer y un hombre que caminan atados
al delantal de penas con que se pone a lavar/
igual que mi madre lavando pisos cada día/
para que el día tenga una perla en los pies/

es una perla de rocío/
mamá se levantaba con los ojos llenos de rocío/
le crecían cerezas en los ojos y cada noche los besaba el rocío/
en la mitad de la noche me despertaba el ruido de sus cerezas
creciendo/

el olor de sus ojos me abrigaba en la pieza/
siempre le vi ramitas verdes en las manos con que fregaba el día/
limpiaba suciedades del mundo/
lavaba el piso del sur/

volviendo a esa mujer/en sus hojas más altas se posan
los horizontes que miré mañana/
los pajaritos que volarán ayer/
yo mismo con su nombre en mis labios/

Podcast de Café Brel dedicado a Gelman :

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