Soy diplomada en Trabajo Social y Especialista Universitario en Inmigración aunque no me dedico profesionalmente a ello en estos momentos, sí que lo hago de forma «oficiosa» y es para mí más que una vocación, una forma de vida y de entender el mundo.

Tengo la suerte de poder estar dentro/cerca de la comunidad africana en la diáspora tanto en España como en Francia y eso, tanto personal como profesionalmente, es impagable para mí, con todo lo bueno y lo malo que esto conlleva.

Tengo un blog llamado TIEMPO DE MANGOS en el que escribo de vez en cuando sobre lo que se me va pasando por la cabeza, lo que me indigna, lo que me alegra, lo que investigo, lo que descubro, lo que leo…

http://tiempodemangos.blogspot.com.es/

 

Me han publicado alguna cosilla en un par de blogs hace ya un tiempo:

 

http://www.diariorombe.es/rebelde-kim-nguye-por-cris-matondo/

 

http://mocachemassoko.bligoo.es/el-azul-de-africa-por-cris-matondo#.VCxXO2d_v9k

 

http://www.otromadrid.org/imprime/7179/

 

http://old.kaosenlared.net/noticia/la-verdad-de-las-mentiras

 

http://laceldademumia.blogspot.com.es/2011/12/el-pais-invisible-por-cris-matondo.html

 

https://www.facebook.com/photo.php?fbid=306546772711861&set=t.1426941382&type=3&theater

No pertenezco a ningún colectivo u organización aunque colaboro, cuando me lo piden, para algún tema de asesoramiento o actividades con alguna asociación o colectivo amigo,  relacionada con RDC, que es en el tema que estoy realmente más implicada y quizá en el que más base teórico-práctica tenga.

http://parreskinshasa.blogspot.com.es/2013/02/historia-del-pais-invisible.html

http://www.cmpa.es/v_juventud/informacion/informacionver.asp?cod=30535&te=1110&idage=35597

Lectora voraz de todo tipo de cosas: literatura, ensayo, poesía… Últimamente estoy sobre todo centrada en literatura de autores africanos o relacionados con África, más por el reto de conocerlos y encontrarlos y ver a través de otras «vistas», que aquí y en español, resulta toda una odisea muchas veces.

EL INVENTOR DE HISTORIAS ( CRIS MATONDO 2014)

 

Cuando llegué aquí no tenía historia.

Bueno, sí que la tenía pero me dijeron que no era válida, que aquí no le interesaría a nadie, que tan solo complicaría las cosas. Así que me convertí en un hombre sin historia.

Para mí, para nosotros es inconcebible no tener historia, no mentar a los antepasados, a la tribu, al clan… que te une a otros miles de seres, antes desconocidos, y que de repente te pueden tender la mano, conectarte, ser tus nuevos hermanos. Resultó difícil encerrarlos en lo más recóndito de mi cabeza, bien cerrados con llave, en el semi – olvido (que espero sea momentáneo).

Ahora ando como perdido. Pero a la búsqueda de una historia que sí valga aquí, en esta nueva tierra, que me devuelva la «humanidad» y permita que me quite esta capa de invisibilidad con la que debo cubrirme.Me siento como un Harry Potter sin varita mágica.

Alguien me habló de los «inventores de historias». Nadie me explicó cómo lo hacen. Supongo que te mirarán despacio, como evaluando tu espíritu, te harán unas cuantas preguntas para precisar lo que los ojos no ven y por algún tipo de poder secreto te darán una historia que se adapte a ti, te harán un hombre nuevo y orgulloso de mostrarte. No tengo ni idea en qué consistirá su ritual ya que es la primera vez que escucho hablar de este oficio. Imagino que te devolverán tu «yo» pero con la historia adecuada para empezar tu nueva vida. Ya no será necesario encerrar nada en el olvido. Tal vez, sólo lo cambien de forma.

Tengo una cita. Estoy nervioso. Un amigo le habló de mí a uno de esos hechiceros de las historias y dice que puede ayudarme. Nos ha citado en un bar. Esto me ha sorprendido un poco. Yo pensaba que sería en un lugar «inspirador» y tranquilo, lejos de barullos, que le permitiera leerme bien para ordenar todo mi pasado y mi presente.

Mi amigo dice que debo llevar unos cuantos billetes para «estimularle». Me parece lógico. Estoy nervioso de verdad. Siento como si fuera a una ceremonia de renacimiento. Como un ave fénix o algo así.

El tipo ha llegado, se ha sentado mirando a los lados, más nervioso incluso que yo. Ha pedido una cerveza (¿no dicen que el alcohol abotarga los sentidos?¿cómo va a poder «ver» dentro de mí si no está en pleno uso de sus capacidades? no me fío) y se la ha bebido casi de trago.

Sin saludar siquiera y sin apenas mirarme, ha puesto 3 folios encima de la grasienta mesa de este bar de las afueras, con la música a tope y una clientela de lo más variopinta, que lo único que hace es lucir sus trajes, hablar a gritos en unas cuantas lenguas incomprensibles a mi oído y beber una cerveza tras otra entre carcajadas.

En este punto me siento desfallecer. Miro a mi amigo para adivinar en su rostro una señal para largarnos pero no hay nada. Él simplemente le sigue el juego a este mentecato que nada tiene de hechicero ni de inventor ni de mágico. A mí, nada ducho en estos temas, me parece simplemente un farsante. No querría tener una nueva historia que viniera de este tipo ni en un millón de vidas. Pero soy incapaz de reaccionar mientras mi amigo le lisonjea. Antes me ha dicho que este sujeto tiene fama de ser el mejor en este arte o oficio o lo que quiera que sea esto de «inventor de historias», que soy afortunado de que nos haya citado tan rápido.

Me dice que mi nombre y mis apellidos, una vez finalizado el trato (previo pago de más dinero para «estimular» su imaginación, claro), serán otros. Es una cuestión de seguridad – añade. Yo no conozco el significado, la historia de este nombre, no me identifico para nada con él ¿cómo voy a hacerlo mío?.

Me tiende los folios, en una letra apretujada y casi ilegible (sino fuera porque están en mayúsculas), con una caligrafía de escuela primaria. Los leo despacio. ¿Este voy a ser yo?¡Un fugitivo?¿Una persona con un pasado tan distinto al mío, tan agresivo, tan triste… sin compartir siquiera el  mismo territorio?. Tiene que ser una broma. Noto todos mis músculos palpitando.

Me levanto desconcertado y fuera de mí con la clara intención de dejar atrás este lugar, a este impostor y esta tarde de mierda. Mi amigo me coge del brazo y me dice que no hay otra solución, que debo sentarme, tranquilizarme y hablar de dinero; que él, mejor que nadie, entiende cómo me siento ahora, que nunca voy a dejar de ser yo mismo pero que, en este momento, lo menos arriesgado es que asuma la historia que me ofrecen. Tal vez no vuelva a tener otra oportunidad.

Todo esto me lo dice en nuestra lengua y esto me transporta a cuando éramos niños y estábamos lejos de todo esto, en el lugar que nos pertenece, con la historia que de verdad es la nuestra, sin mentiras, sin alternativas suicidas.

Él es mi mayor y debo respetarlo. Me siento de nuevo, cabizbajo. Ellos discuten los precios, las entregas… como si mi nuevo yo fuera simplemente un negocio. Bueno, es que eso es lo que es. No puedo engañarme.

No tengo todo el dinero que pide así que mi amigo dice que me lo prestarán, que entre todos los del barrio que ahora están allí harán una cotización y que luego yo iré devolviéndolo poco a poco. Siento que me sube el color. Él lo nota y me tranquiliza diciendo que siempre se hace así.

Apuramos la última cerveza, me guardo los papeles en el bolsillo y salgo de este antro siendo lo que no soy, endeudado con unos amigos que también han dejado de llamarse por los nombres de la infancia, con historias que, en la mayoría de los casos, son tan falsas como la mía. Muchas han dado resultado y ahora sólo mantienen parte de la falsedad y han podido recuperar otra parte de su verdadera historia. Otros muchos no tienen tanta suerte y deben ir probando con nuevas historias cada cierto tiempo.

Esto último me quita un poco la esperanza. Espero no tener que ser de esos.

Mi amigo ríe y me pega unos golpes en la espalda pronunciando mi nuevo nombre. Me siento tan lejos de él, de mí mismo…que apenas me doy cuenta de que le contesto como por instinto.

 ¿Ves? – me dice – ¿a que no es tan difícil?

Los papeles me queman en el bolsillo de la chaqueta. Miro alrededor y me parece que todo el mundo puede verme de nuevo. Siento, en contra de mi propia tristeza, que he dejado de ser invisible. Eso me tranquiliza.

Foto: Nesu Castro

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