Imaginemos un futuro en el que las nuevas tecnologías están aun más desarrolladas que en la actualidad, pero no caigamos en el tópico de esperar coches voladores. Un futuro lo suficientemente próximo como para que nada de lo que en él aparece nos resulte ajeno, sino posible en cuestión de años. En ese futuro de interfaces táctiles y diseños minimalistas vive Theodor Twombly, un hombre cuyo trabajo consiste en escribir cartas para otras personas. Theodor está tratando de superar la ruptura con su esposa, circunstancia que le dificulta hacer una vida normal, y es entonces cuando se cruza en su camino Samantha, una inteligencia artificial diseñada para adaptarse al usuario y dar respuesta a todas sus necesidades. La atención que Samantha presta a Theodor, la espontaneidad de su voz y la sensibilidad que parece demostrar serán claves para que el protagonista encuentre en ella todo lo que podría necesitar para sentirse mejor, lo que le lleva a iniciar una relación romántica con lo que en principio sólo era un nuevo sistema operativo para sus dispositivos electrónicos.

Esa es la premisa de la película “Her” (2013), en la que asistimos a una distopía tecnológica en la que las personas caminan hablando en voz alta con sus smartphones y no a través de ellos mientras que las relaciones interpersonales se ven desplazadas a un segundo plano. Esta realidad aparentemente futurista nos es perfectamente reconocible ya que si bien la Siri de Apple Inc. todavía no nos deleita con una voz rebosante de personalidad, la posibilidad de disponer de un asistente personal en nuestro teléfono móvil que reconozca nuestra voz y ofrezca respuestas a nuestros requerimientos no nos suena ya a ciencia ficción.

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Theodor tampoco se nos antoja como un personaje con el que seamos incapaces de empatizar. Se trata de un hombre reservado que se siente solo y al que no le vale la compañía de cualquiera, sino que desea volver con su ex pareja y la sola idea de consumar el divorcio que ella demanda es un bache terrible para él. A lo largo de la cinta, Theodor trata de buscar consuelo en el visionado de material erótico o el sexo telefónico, pero todo es en vano hasta que encuentra Samantha, quien con su agradable voz logra que el protagonista dedique a su smartphone cariñosas miradas; y es que Samantha posee tal capacidad de aprendizaje que le permite manifestar emociones del mismo modo en el que nosotros podemos hacerlo y favorecer así que sea posible entablar una relación amorosa en la que incluso los celos tienen cabida.

El modo de vida de los ciudadanos que retrata la película es inseparable de los avances tecnológicos, pues estos han logrado alcanzar un punto de evolución en el que prácticamente se desarrollan a la par que las necesidades del ser humano. El tiempo de respuesta es cada vez menor y se consigue una sensación de inmediatez que hace que las personas tengan lo que desean al alcance de la mano. Los videojuegos son cada vez más interactivos, pudiendo mantener conversaciones en tiempo real con los personajes que los protagonizan; nuestro teléfono contiene una inteligencia artificial que puede llamarnos para avisarnos de los asuntos importantes que ha leído en los emails que nos envían; de hecho, dicha inteligencia artificial tiene la capacidad de contactar con otras personas con las que concertarnos una cita, previa explicación a esas personas de las pautas a seguir en la misma. En definitiva, Her nos muestra una civilización occidental en la que las tecnologías de la comunicación se han desarrollado no tanto para facilitarnos el contacto con otras personas como para que saciemos nuestra propia necesidad de socializar sin recurrir a nuestros congéneres. Por supuesto, el uso que hagamos de las herramientas que tenemos a nuestra disposición queda a nuestra discreción; pero en algunos casos podría interpretarse el exceso de libertad de Samantha en la película como una interferencia en la libertad de su usuario, lo que generará un conflicto interno en Theodor ante una situación que bien podría darse en una pareja humana. Esto abre la puerta al debate sobre las inteligencias artificiales y cuáles serían los límites deseables de su desarrollo, en caso de que se prevea establecer dichos límites. De lo contrario, nos situaríamos en el supuesto de permitir que las inteligencias artificiales se expandan tanto como la propia mente humana, tomando sus propias decisiones y anteponiéndose, e incluso oponiéndose, a nuestros deseos.

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Al margen de este debate y situándonos en la sociedad planteada en la película, uno podría preguntarse por qué considerar esto como una distopía cuando el desarrollo tecnológico que podemos apreciar en la cinta es en muchos aspectos positivo. La respuesta la hallamos en la mirada perdida de Theodor mientras recuerda a su esposa, porque ni la amabilidad y completa disposición de Samantha son suficientes para proporcionarle una vida plena. Al fin y al cabo, ella misma dice en un momento dado que debe ser raro tener cuerpo, y es que parece ser que mientras una inteligencia artificial no pueda ofrecernos eso, seguirá existiendo una brecha insalvable para que una relación funcione. Por mucho que evolucione con nosotros o llegue a sentir algo del modo en el que los individuos somos capaces de hacerlo, seguirá siendo exactamente lo que su nombre indica que es: una mente pensante creada de modo artificial y, por tanto, carente del calor que nos hace seres humanos.

María MJ

Imágenes

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2 comentarios sobre “Her: experimentando humanidad en la tecnología

  1. Gran película e interesante reflexión sobre ella y el arma de doble filo que nos aportan las nuevas tecnologías. Es tal la facilidad con la que podemos interactuar, que no supone un reto o necesidad el tener que hacerlo.

    Creo que en la película también se muestra la necesidad o adicción a «lo nuevo». De hecho, y a pesar de ser un sistema operativo, se reproducen los códigos de interacción con la pareja. Pero cuando ese algo ya no es nuevo, queda relegado a un segundo plano; es cuando Samantha tiene la necesidad de buscar algo «superior» a ella.
    Muy buena

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