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“Pienso, luego existo”, con esta máxima definía el padre del racionalismo la existencia humana, y es que el ser humano es, quizás, el único animal que no solo tiene consciencia de su propia existencia, sino que además es consciente de que su propia existencia está limitada en el tiempo y que su paso por este mundo finalizará con su muerte.

De ahí, la importancia que le damos al tiempo, existen muchas frases hechas que hacen alusión a este aspecto: El tiempo vuela, el tiempo todo lo cura, aprovecha el tiempo, no pierdas el tiempo…

El tiempo es lo único de lo que disfrutamos que es irrecuperable, sin embargo, vivimos una época donde hemos olvidado disfrutar del Tiempo, vamos con prisas a todos lados, siempre tenemos miles de cosas que hacer y poco tiempo para hacerlas y cuando estamos haciendo algo, pensamos en todo lo que nos queda por hacer, el ritmo de vida que se nos ha impuesto está marcado por un reloj que nos cronometra constantemente.

Hemos olvidado de disfrutar de una buena lectura o de una buena película, es curioso que haya aumentado la afición a las series cuyos capítulos son más cortos que una película y así no tenemos la sensación de estar perdiendo el tiempo durante dos horas.

Vivimos en la sociedad de lo inmediato, no hay tiempo para reflexionar sobre lo que nos rodea. Las noticias son un claro ejemplo de ello, lo que hoy es noticia, mañana ha pasado, ha sido olvidado y acumulado con todo aquello a lo que no le damos importancia. Esta imposibilidad de reflexionar nos hace seres impulsivos y emocionales y por lo tanto cada vez más irracionales.

Este mundo de la inmediatez nos hace tener que estar continuamente “actualizados” para poder seguir el ritmo que nos marca la sociedad y no quedar desactualizados, tenemos la necesidad de satisfacer unos deseos que son continuamente insatisfechos como dijo Z. Bauman en su obra, Vida líquida, “la sociedad de consumo justifica su existencia con la promesa de satisfacer los deseos humanos como ninguna otra sociedad pasada logró hacerlo. Esa promesa de satisfacción sólo puede resultar seductora en la medida en que el deseo permanece insatisfecho.

Cada uno de nosotros tenemos fecha de caducidad, desconocemos si tardaremos en finalizar nuestro paso por este mundo o si por el contrario nos quedan pocos días, por lo tanto, en vez de pensar en “aprovechar el tiempo” aprendamos a “disfrutar del tiempo”, desterremos esa idea que es “perder el tiempo”, ya que el tiempo es imposible perderlo porque nunca ha sido nuestro.

“La concienciación prepara a los hombres para la lucha contra los obstáculos a su humanización”

Paulo Freire

Manuel Carmona

Manuel Carmona

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