La climatología, tan importante para sectores de actividad vinculados por ejemplo a la agricultura, a la construcción, al deporte… es de una influencia muy fuerte para el ser humano también. Tanto que llega a modificar nuestra forma de conducta en campos tan diversos como el de la alimentación, la sociabilidad, el ritmo de vida, la relajación, el estado anímico… Además todos estos modos conductuales diferentes están interrelacionados entre sí, y consecuentemente los cambios se vislumbran más claramente en el ser humano.

Las temperaturas altas del verano, unido a la sensación de bochorno y sofoco que estas producen nos animan a tomar una alimentación más ligera, alimentos que al mismo tiempo nos refresquen y no nos causen una pesadez estomacal más difícil de llevar con el calor. Por lo tanto es posible que observemos cambios en nuestras neveras. Se consumen muchas más frutas, sobre todo las que tienen mayor contenido en agua, y las verduras también aumentan su presencia. Las ensaladas se vuelven protagonistas así como los pescados por su digestión ligera y para postre, como no, nada vero 1mejor que un helado o una bebida fresca.

Para finalizar la comida y no agotarnos ante las altas temperaturas de medio día, se hace inevitable una buena siesta (siempre que nos sea posible). A esto hay que añadirle el sopor producido por la mezcla de calor climático y comida recién terminada. Además, la luz diurna en estas épocas del año es mucha más, con lo cual un rato de siesta nos ayudará a estar más animados para finalizar el día a horas más tardías que en épocas frías.

Gracias a este alargamiento del día también alargamos nuestra vida social. En verano salimos más, ¡el placer de sentir un rayo de sol en una terracita con una bebida fría y rodeado de amigos o familia es un sentimiento que debería proclamarse Patrimonio vero 2Cultural Inmaterial de la Humanidad al igual que la siesta!. También señalar que las noches son un buen momento para sociabilizar, ya que las temperaturas siguen siendo agradables y animan a disfrutar.

Y como no, es el mejor momento para planificar unas vacaciones en las que descansar del resto del año, con el buen tiempo que empuja a divertirse y a la vez a relajarse mientras te diviertes, a realizar actividades bien de campo, playa, culturales… Además nos anima a realizar más deporte. Tenemos las pilas más cargadas y la natación es una buena opción, así como compartir paseos o partidos de fútbol con los amigos.

La parte negativa del verano: el calor, a veces insoportable. De ahí la apertura de piscinas y otros lugares para permitir refrescarse.

Con la llegada de las temperaturas más templadas y frías de finales de otoño e invierno, nuestra conducta alimentaria vuelve a sufrir modificaciones. Entonces optamos por comidas calientes y platos más contundentes. La despensa rebosa legumbres y carnes. Las digestiones pesadas y los alimentos calóricos nos aportan esos grados de temperatura que tanto necesita el cuerpo en esta época. Incluso algunos postres calientes se hacen presentes. Y que decir de esos desayunos y meriendas de chocolate caliente a la taza con sus churros…

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Seguimos disfrutando de formas de relajación típicas como la siesta, aunque, al ser el día más corto por la falta de luz diurna a horas tempranas, no se alarga tanto como en verano. Tenemos que aprovechar el día y las pocas horas de temperatura templada.

Los fríos atardeceres y noches también modifican nuestra conducta social, se hacen presentes los momentos de café, pero se percibe una sociabilidad más limitada, ya que lo que verdaderamente llama es el calor del hogar, el placer de manta, sofá y peli o un buen libro toman la delantera en estas noches.

vero 4En cuanto a las actividades deportivas, se tiende a realizarlas en espacios cerrados como los gimnasios, aunque no hay que desmerecer al esquí y el patinaje sobre hielo, solo realizables con la nieve del invierno, pero eso si, ¡bien resguardados de las bajas temperaturas!

La parte negativa del invierno: el frío, que puede llegar a dejarte tiritando y se hace imprescindible una fuente de calor cercana, como calefacciones o chimeneas.

Como veis, cada época tiene su lado bueno y su lado malo. Se realizan diferentes actividades, diferente alimentación, y aunque no lo hemos comentado también tiene su influencia a nivel psicológico.

Personalmente disfruto de ambas temporadas, la variedad de alimentos, actividades y conductas que nos ofrecen al unir las altas y las bajas temperaturas hace que siempre haya algo nuevo de lo que disfrutar.

 Y tú, ¿Cuál prefieres?

                                                                                                                                VMA

Referencias

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