La antropología, lejos de ser una ciencia obscura y reservada a unos pocos “locos” apasionados de estos temas, es en realidad una gran herramienta para el día a día y los temas de “andar por casa”. Desde que saltara la frontera de las culturas exóticas, somos muchos los que la utilizamos como lente que interpreta el mundo para que afloren procesos que se nos pasan desapercibidos.

Dentro de esta costumbre de analizar los procesos microsociales, me parecen especialmente relevantes los grupos de pares, que son cada vez más importantes en nuestra cultura, y están dando relevo a la familia en muchos de los procesos en los que esta se considera anticuada u obsoleta.

Existen en la gran mayoría de los grupos de amigos de nuestra sociedad un gran número de frases, chascarrillos, coletillas e historias que son incomprensibles para quien no haya compartido con ellos cierto tiempo e implicación. Expresiones que se usan para remitirse a otros tiempos y acontecimientos y que se dan por supuesto para los miembros del grupo, haciéndose ininteligibles para los “otros” que no están incluidos y que no conocen la totalidad de la visicitud a la que se refieren.

Es uno de esos hechos, que estando delante de nuestras narices, no nos son evidentes. Es una extendida práctica social que se da por supuesta, pero que en realidad, nos habla de una gran cantidad de procesos sociales latentes.

En esta pequeña práctica, podemos encontrar los hilos de un proceso tan importante como el de la identidad. Compartir este tipo de lenguaje, hace que los miembros del grupo desarrollen procesos de identidad, identificándose (valga la redundancia) con aquellos que comparten una cierta trayectoria vital y que entienden el código que han desarrollado. Como toda identidad necesita de un otro externo del que diferenciarse, en este caso, ese otro serían aquellos que no son capaces de compartir la broma o la chanza, mostrando así, que no pertenecen al grupo que lo comprendería, la característica discriminatoria es la posesión de la capacidad de entender historias, momentos, ideas a partir de un pequeño fragmento casi singularizado.

Como ya se ha dicho, en realidad, estos fragmentos de historias son en realidad todo un código, un símbolo que remite a algo compartido, unas cuantas palabras que tienen un significado mucho más transcendente, ¿y qué es esto si no lingüística?  ¿acaso nuestros idiomas no están basados en la misma premisa? Los grupos de iguales han transformado parte del lenguaje compartido para hacerlo propio, exclusivo, identificable de manera excepcional.

Se podría seguir tirando del hilo lingüístico hasta llegar a los motes, estos nombres dados dentro del grupo, es una manera de identificar a las personas dentro de cada conjunto. Pareciera una manera de remarcar que si bien alguien se llama X en la sociedad (como resultado del proceso de nombramiento obligatorio que tenemos), en su pequeña sociedad de amigos se llama Y, porque cumple un rol específico dentro de él y porque, además, en muchas ocasiones, remite también a recuerdos comunes y propios. El mote, cual rito de paso, saca a la persona del grupo social general y lo renombra para incorporarlo con su nuevo nombre en el grupo de amigos. emic-etic

Además de lo anterior, este tipo de historias compartidas y recordadas resumidamente, son un buen ejemplo de la diferencia entre el discurso EMIC y el discurso ETIC. Si algún observante externo escucha alguna de estas frases de realidad común, la interpretará erróneamente en la gran mayoría de las ocasiones y seguramente será incapaz de darle una explicación veraz. Para poder entenderla realmente y conocer su significado profundo, es necesario empaparse del discurso EMIC; lo que resalta la importancia de este tipo de análisis. No se puede conocer de verdad ningún tipo de práctica social sin haber tenido en cuenta antes la importancia de lo EMIC.

A la luz de todos estos argumentos, sólo cabe concluir que estamos en un mundo en el que la antropología es una buena muleta en nuestro caminar errante. Si verdaderamente queremos conocer la realidad que nos rodea, es imprescindible seguir a Bourdieu y bajar al fango del microanálisis para encajarlo con las grandes teorías.

bourdieu

Azalí Macías

Referencias

http://3.bp.blogspot.com/-gfXNgPKQQ7E/UgCIeKPEokI/AAAAAAAAAWw/aNjbH_Ffayk/s1600/bourdieu.jpg

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Un comentario sobre “Frío, mal de ojo y honor: La visión del bien limitado en la cultura turca”

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