Vivir en una irrealidad: de la zombificación al síndrome de Cotard

Publicado en Por anthropologies
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“La cara norte del corazón” de Dolores Redondo, te sumerge en el apasionante y la vez terrorífico mundo de los “muertos vivientes”, el Vudú y del muy desconocido Síndrome de Cotard.

Si existen o no los “zombis”, es algo que está en el imaginario de la gente.

Podemos creer o no en ellos, pero a raíz de películas o series de televisión como “La noche de los muertos vivientes” o más actuales como “Guerra Mundial Z” o “The walking dead” y de la música, con el magnífico video “Thriller” de Michael Jackson, estos seres “imaginarios” son un fenómeno muy actual.

     

Pero ¿en realidad existen? Podemos decir que sí,  pero no como la imagen televisiva que todos tenemos en la cabeza. Más que los zombis, lo que podemos decir que existe es la zombificación dentro del Vudú y al que haremos referencia en este artículo más adelante. Desde la Ciencia, la Psiquiatría y la Neurología, también han dado una explicación científica a este “fenómeno”. Y por ella vamos a empezar.

En 1880 Jules Cotard, neurólogo y psiquiatra francés, describió a partir de los síntomas de una paciente, lo que hoy se conoce como Síndrome de Cotard. Cotard describió el caso de una mujer a la que llamo Mademoiselle X: “afirma que no tiene cerebro, ni nervios, ni pecho, ni estomago, ni intestinos; que solo tiene piel y huesos en un cuerpo en descomposición. No tiene alma, para ella Dios y el Diablo no existen. Por lo que no tiene por qué comer para vivir. No puede morir de causas naturales y existirá eternamente si no es quemada. El fuego es la única solución para ella”                           

Es un síndrome extremadamente raro y no está clasificado como enfermedad o trastorno psiquiátrico. Este es un debate que sigue sobre la mesa hoy en día, si existe solo como síndrome por lo cual es siempre síntoma  de una enfermedad psiquiátrica o neurológica, o es una enfermedad específica y única. De hecho, no está incluido en el Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM-5), ni en la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y Problemas de salud relacionados (ICD-10).

En un principio Cotard lo describió como un nuevo tipo de depresión a la que llamó melancolía ansiosa y que ello podría desencadenar este tipo de delirios relacionados con la hipocondría. Años más tarde, en 1882 introdujo los delirios de negación o nihilista, como nueva terminología para las ideas de no existir, de que todo lo demás no existe y ausencia de órganos

El síndrome se caracteriza por el delirio por el cual una persona cree estar muerta, siendo la negación el elemento central. El o la paciente cree que no tiene órganos o que los tiene paralizados, que se está descomponiendo o pudriendo, teniendo incluso alucinaciones olfativas que confirman su delirio. En su forma más compleja el/la paciente llega a defender que incluso personas allegadas también han fallecido. Puede también existir ansiedad, agitación comportamientos suicida, diferentes ideas delirantes, mutilación voluntaria, insensibilidad al dolor, hipocondría,..

                   

Como síndrome está asociado a diferentes enfermedades tanto psiquiátricas, como son las depresiones más graves o severas, la esquizofrenia, otros síndromes como son el de Capgras o el de Fregoli y enfermedades neurológicas como la Demencia, Esclerosis múltiple, hemorragia subdural, Parkinson, etc…

Como hemos dicho anteriormente es una afección rara y con un pronóstico complicado de determinar. Su incidencia es inferior al 1% y no existen apenas estudios epidemiológicos debido a la complejidad de su diagnostico, ya que su etiología es bastante heterogénea.

Aunque parezca un cambio de tema, vamos a hacer referencia al Vudú, un tema con muchas similitudes con el síndrome de Cotard.

           

El Vudú como religión tiene su origen en África Occidental. Llego a la isla de La Española (actual Haití y República Dominicana), a través del mercado de esclavos. Sirvió como movimiento de rebelión de los esclavos y como seña de identidad  social y nacional. Finalmente se convirtió como base de unión en una sociedad condenada a la pobreza extrema.

Como señala el antropólogo Brian Morris, el vudú “por lo común y bastante equivocadamente, se lo considera un culto extraño y exótico. Identificado con rituales estrambóticos y orgiásticos, la hechicería, los zombis y el canibalismo” Sin embargo, se trata de una religión de carácter monoteísta, que cree en la existencia del bondye o Bon Dieu (“buen Dios” en criollo francés), un Dios único y bondadoso, pero que se mantiene alejado de los asuntos cotidianos de los que se encargan los loas o espíritus. Religión mayoritaria en Haití que tiene un importante factor de cohesión social y que establece unas normas morales básicas cuyo respeto exigen sus sacerdotes e imponen una veintena de organizaciones sagradas semisecretas. Estas se reflejan en una importante tradición oral que la comunidad vuduista mantiene como principios rectores de vida y convivencia, cuyo incumplimiento supone un castigo en nombre de la comunidad. Estas normas, son asumidas como propias por la mayoría de la población frente a criterios sociales impuestos por medio de una legislación heredada del dominio colonial francés y ajeno a sus raíces.

       

Entonces ¿qué significado tienen los zombis o la zombificación? Aunque parezca algo sin sentido, son reales, y forman parte de lo que Alejo Carpantier denomino lo “real maravilloso”, es decir, mostrar lo común y cotidiano, como algo irreal o extraño. Son más que una leyenda. Pertenecen al lado más oscuro de una espiritualidad muy distinta a la nuestra, que ha sido rechazada, perseguida y condenada al silencio. Primero por el esclavismo y la opresión colonial europea y, más tarde, por el cristianismo como religión de las modernas clases dominantes haitianas.

                   

La zombificación se entiende inicialmente como una teórica “pena máxima” para castigar a los autores de los delitos más graves, dictada y ejecutada solo por sacerdotes vuduistas con mayor poder y autoridad. Sin embargo, la creencia popular atribuye la mayoría a los bokores (sacerdotes maléficos) que ponen sus conocimientos al servicio del mal.

En la entrevista realizada por el periodista Vicente Romero en 1981 a Max Beauvoir (que llego a ser la máxima autoridad en la iglesia vudú) en Haití, lo explica así: Es decir “mueren para seguir viviendo de una forma diferente. Porque, cuando pierden el ti bon anj (forma parte junto con el Gro bon anjdel alma humana) además de carecer de voluntad propia, quedan privados de muchas facultades mentales. No tienen conciencia ni memoria. Aparecen amnésicos, mudos y sordos, a todo, excepto a las ordenes de su amo. Son físicamente débiles y mentalmente manipulables. Como parte del castigo, suelen verse obligados a trabajar en las plantaciones de sol a sol hasta que la muerte se los lleva por segunda vez. Los delitos que conllevan a esta pena son muy pocos. Solo se aplica en actos de extrema gravedad y peligrosidad. Es dictaminada por un tribunal con participación de la familia del acusado y para aprobarla debe haber unanimidad, sin que exista dudas”. En esta descripción podemos apreciar que este “castigo” lo que conlleva es de alguna manera un tipo de esclavitud para la persona que lo sufre.     

Diferentes investigaciones a lo largo de los años, han intentado dar respuesta a lo que sucede en Haití. Cabe destacar el trabajo de los antropólogos René Toussaint y Frantz Lubin.

El primero, en su estudio publicado en 1993 “De la mort â la vie. Essai sur le phênomine de la zombification en Haiti” concluyo que la zombificación se basa en un envenenamiento que produce una muerte aparente, indetectable por la antigua y limitada equipación de las instalaciones médicas en zonas rurales de Haití, en lasque ni siquiera se pueden realizar encefalogramas. Pero señaló, que tanto el personal sanitario como los empleados de las funerarias y los cementerios conocen los casos sospechosos de zombificación, aunque también saben que deben guardar silencio para no ser duramente castigados por los bokores.

Esto último concluye que por una parte de la población haitiana existe un miedo real, más allá de las supersticiones propias del país a denunciar ciertas prácticas y que estas sean investigadas por las autoridades pertinentes.

                   

El segundo, realizado por FrantzLubin, más reciente, en 2017 “Le procesus de zombification en Haití” afirmo que las zombificaciones responden a la existencia en Haití de dos formas de justicia en paralelo: la estatal, que apenas está presente en muchas zonas del país y la tradicional que sigue a cargo de los hungares (sacerdote vuduista) y mambos (sacerdotisa vuduista).

Lo que si podemos deducir de esto es que como dice Vicente Romero en su libro “Tierra de zombis. Vudú y miseria en Haití”: “Que en Haití no existe la verdad es algo que nunca discutirá quien conozca bien el país caribeño. Los hechos se modifican constantemente y se narran de maneras opuestas, incluso el pasado se transmuta mediante diferentes interpretaciones. Cada día pasan cosas y sucesos diferentes, que se cuentan de modo cambiante y adornan con la imaginación del que lo cuenta, pero que pasan a formar parte de la realidad porque corresponden a las tradiciones arraigadas en la idiosincrasia haitiana. Es imposible establecer una verdad objetiva. La mentira pasa a ser leyenda y adquiere un valor categórico”

             

En vista de esto, lo que si podemos decir que el vudú puede considerarse como recurso único ante la falta de instituciones como la justicia o la medicina, incapaces de dar respuesta a una población olvidada y llena de privaciones.

Si existen o no los zombis, ya sea en forma de síndrome como el de Cotard o en forma de respuesta a unas necesidades respondidas a través de las practicas vuduistas en Haití, es algo que dejo a la imaginación y creencias de los lectores.

           

                                                       Amaia Castresana Palma

Referencias

Álvarez, J., Colina, F., Esteban, R. “DeliriosMelancólicos: Negación y enormidad. “Del delirio hipocondriaco en una forma grave de melancolía ansiosa” (2009) pag. 3-9. Google Académico.

Figueroa, F., Fajardo, S., Interiano, V., Martínez, G. “Síndrome de Cotard” (2016) Biblioteca Virtual en Salud, vol. 10. RHPP. Honduras. www.bvs.hn

Castrillón, E., Gutiérrez Alzate, B. (2009) “Síndrome de Cotard:  presentación de un caso”. www.researchgate.net/publication/240616072_sindrome_de_cotard_presentacion_de_un_caso

Seglas, J. “Le delire des négations” (1897) pp 159-160. Edición española: J. Cotard y J.Seglas. “Delirios melancólicos: negación y enormidad” Madrid. Colección  Biblioteca de Los Alienistas del Pisuerga (2008)

Wanderley Pereira, C., Monteiro Florentino, I.S., Machado, L. “Cuando la demencia mata antes de fallecer: informe de caso del Síndrome de Cotard”. PMID:29944420; DOI:10.3371/CSRP.FEFL.061518

Romero Ramírez, V. (2019) “Tierra de zombis. Vudú y miseria en Haití”. Foca investigación. Edit. Akal S.A. Madrid. España

Redondo, D. (2019) “La cara norte del corazón” Edit. Destino, Barcelona

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