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En España, los datos relativos a empleo y paro se publican a través del Instituto Nacional de Estadística (INE) y el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE). El INE recopila y calcula trimestralmente la Encuesta de población activa (EPA), una investigación que sondea a 65.000 familias españolas (160.000 personas, aproximadamente).

Los datos estadísticos nos ofrecen una imagen a vista de pájaro (un poco tuerto) de cómo está el patio. Digamos que nos dan un retrato lejano y distorsionado de la realidad. Es decir, que sin unas lentes graduadas no será posible ver no ya los detalles, sino tan siquiera los contornos que conforman esa realidad. En definitiva, los datos son realistas, pero sin una interpretación y, dado que ésta puede estar sujeta a manipulaciones, un análisis, solo sirven para rellenar una noticia. Sin este análisis, el conocimiento de una situación global queda cojo (o tuerto, como el pájaro), más allá de que la propia estadística ofrece ya una imagen sesgada.

Teniendo esto presente, vamos con unos datos en relación al mercado laboral en España, en concreto al paro que afecta a personas de más de 40 años. Si bien es cierto que los estudios de mercado se centran en el paro de personas jóvenes, sí existe un dato del INE de 2018 que indica que a finales de ese año constaban 777.000 personas de más de 45 años en paro de larga duración. Puede parecer una cifra ínfima si tenemos en cuenta que el número total de parados en España era de 3.123.078 personas en el mes de enero de 2022, sin embargo, hay varios indicativos que no se aplican a esta cifra de 777.000 y que, tenidos en cuenta, la harían aumentar y acercarse a la realidad.

El indicativo ‘de larga duración’, por ejemplo, nos revela que solo se han tenido en cuenta a las personas paradas que hayan permanecido inscritas como demandantes de empleo durante, al menos, 360 días en los 18 meses anteriores a la fecha de la solicitud de subsidio extraordinario. Este indicativo no incluye, por ejemplo, a las personas que encadenan trabajos temporales precarios durante años, ya que cada contrato anula la antigüedad como demandante de empleo. Sin embargo, la situación de encadenar trabajos temporales es muy similar a la de estar desempleado, ya que los pocos meses que trabajas tienes que seguir buscando para cuando se acabe el contrato temporal. Ansiedad.

Por otro lado, en las estadísticas de paro juvenil, esas que se disparan y sirven como acicate para delinear el desempleo en España, hay que tener en cuenta muchísimas variables por las cuales el porcentaje siempre va a resultar superior al paro de otras edades. Por supuesto, un alto paro juvenil no es nunca una buena noticia para un país, como tampoco lo es un alto paro entre personas de más de 40, el problema es que se habla más de uno que de otro, de tal forma que se invisibiliza parte del problema.

Marcel Jansen, profesor de Fundamentos del Análisis Económico de la Universidad Autónoma de Madrid dice que “la situación de las personas entre 15 (o 16) y 24 años es distinta, y es necesario analizarla desde otra perspectiva. En el caso de los jóvenes, por ejemplo, en la crisis llegamos al 57% de tasa de paro juvenil en España, en ese momento algunos medios decían que más de uno de cada dos jóvenes estaba en situación de desempleo. Pero esto no es cierto. Solo uno de cada dos jóvenes que habían abandonado los estudios y que estaba en disposición de trabajar se encontraba en desempleo”. Esto significa que el cálculo del paro juvenil está condicionado por la edad en la que se contabiliza, ya que los 15, o 16, es un periodo en el que muchas personas están aún fuera del mercado laboral a causa de sus estudios. Y esto hay que tenerlo en cuenta a la hora de analizar y comprender el desempleo, al tiempo que explica por qué las tasas de desempleo juvenil son, generalmente, más altas que las tasas de desempleo de adultos.

Algunos medios se hicieron eco de la cifra de personas paradas de más de 40 en 2017, al superar los dos millones, no solo por ser una cifra escandalosa, sino por el hecho de que no había ofertas de trabajo para ellas. Y esto último, más que un dato estadístico, es una realidad que personas de más de 40 experimentan cada día en su búsqueda de empleo. El mercado laboral no suele incluir como valor la edad y, por tanto, la experiencia de un trabajador, más bien al contrario, suele considerarlo una característica negativa. La mayoría de las ofertas de trabajo en las que buscan cubrir de una a cinco plazas, tienen como requisito un tramo de edad específica. Algunas ofertas no lo indican por considerarse discriminatorio, pero a la hora de cribar currículums lo tienen claro.

Por mi experiencia personal puedo decir que el mercado laboral para las personas de más de 40 no existe más allá de trabajos temporales poco o nada cualificados. Las oportunidades laborales a las que puedes aspirar cuando superas los 40, y no tienes una carrera técnica o un padre empresario, son muy limitadas, aunque seas licenciada o tengas experiencia demostrable en el campo que demandan. Limitadas y precarias, por supuesto. Y, huelga decir, que no es lo mismo que te ocurra esto con 20 a que te ocurra con 40 o 50. La experiencia es un grado para superar muchos obstáculos en la vida, bienvenida sea, pero al mismo tiempo es un obstáculo que superar. Menuda paradoja ¡eh! La edad se vuelve un problema y una llega a odiar su edad y su experiencia, llega hasta odiarse a sí misma al chocar una y otra vez con la misma piedra. Es como si tú misma fueras tu propio problema, la causa de tus males. Cuando no paras de escuchar (solo sea entre líneas) que eres demasiado vieja para trabajar, terminas creyéndolo y mantener la motivación para seguir buscando es, cuanto menos, complicado. Ansiedad.

Rabia, impotencia, tristeza y apatía son los sentimientos que más me he encontrado entre compañeros de trabajos temporales que no quieren ayudas ni subsidios, quieren oportunidades de empleo digno. Pero, sobre todo, me he encontrado falta de autoestima o decrecimiento de esta. Personas que han dejado de valorarse y ya ni siquiera se plantean aplicar a ofertas de trabajo que hace años hubieran desempeñado holgadamente. Y que, en muchos casos, desempeñaron holgadamente. Funciones que dominaban con 25 y 30 años y que ahora quedan fuera de su alcance mental de tanto negarles la oportunidad. La energía para seguir intentándolo que una tenía con 20 años, por muchas puertas que se cerrasen (y se cerraron), incluso con 30, ya no la tiene, pero la necesita, porque hay que comer. ¿Entonces? Ansiedad.

Ojalá este artículo no sirva solo como desahogo personal. Ojalá signifique un punto de reflexión ante la precaria situación laboral de las personas de más de 40 y, por qué no, de apoyo a las personas de más de 40 que estén en una situación de precariedad. Si alguien quiere desahogarse puede hacerlo en esta encuesta elaborada a tal efecto:

https://encuesta.com/survey/1j3VRuYpev/precariedad-laboral-a-partir-de-los-40

Susana R. Sousa

Refrencias

Ayudas a mayores de 45: https://www.noticiastrabajo.es/estas-son-ayudas-mayores-45-anos-sin-trabajo-2022/

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