Desde el nacimiento del feminismo y el anarquismo hubo vínculos cristalizándose después de la Revolución Francesa y durante el inicio del capitalismo industrial en Europa Occidental. Durante el siglo XVIII destacaron las precursoras Mary Wollstonecraft (1759-1797) o Flora Tristán (1803-1844) cuyas ideas tuvieron afinidad con Pierre J. Proudhon y Mijaíl Bakunin (quienes fundación el ideal socialista libertario moderno).

Tras la creación la Confederación Nacional del Trabajo (CNT) en 1910 y el auge de los movimientos obreros durante la primera década del siglo XX propiciaron la afiliación femenina reconociendo tanto su libertad económica como la igualdad salarial de ambos sexos. Sin embargo, no se llevó a cabo iniciativas para luchar por problemas específicos que sufrían en concreto las mujeres y esto, no se hará hasta comienzos de los 30. Cuando la presencia femenina empezó a tener peso en el espacio laboral de las empresas capitalistas españolas y junto con el derecho al voto femenino en octubre de 1931 propició la participación de las mujeres en la lucha social.

Solidificándose en la fundación del Grupo Cultural Femenino en Barcelona (1934) convirtiéndose en pioneras de la articulación femenina dentro de la CNT. Coetáneamente surgieron otros grupos anarquistas tales como los Ateneos Libertarios. Así mismo cobró especial importancia el surgimiento de las revistas Generación Consciente (luego rebautizada como Estudios) y Revista Blanca para la captación a sus filas de las mujeres con alguna formación académica. El objetivo inicial fue acercar a más mujeres al ideal anarquista, pero tras el inicio de la Guerra Civil el 19 de julio de 1936 acabaron unificándose en un activismo feminista muy marcado calándose en los sectores populares.

Las Mujeres Libres fue una organización femenina española de ideales anarquistas quienes tuvieron una actividad vigente desde abril de 1936 hasta febrero de 1939. Fue considerado el primer grupo de mujeres en España que planteó desde una perspectiva de clase la liberación femenina frente a los movimientos feministas burgueses existentes también en aquella época. Mientras que las feministas burguesas no lucharon más allá del sufragismo las anarquistas fueron conscientes de los múltiples problemas que concernían a las mujeres en los medios anarquistas durante la II República. Debido a esto, a finales del siglo XIX y principios del XX, diferentes escritores anarquistas como Anselmo Lorenzo o Teresa Claramunt plasmaron tanto la función como el papel de la mujer en la sociedad y sobre su propia naturaleza en La Revista Blanca.

Durante la II República el interés por este problema se incrementó y se empezó a reflejar en diferentes aspectos como la campaña en pro de la educación sexual. Consideraban que la mujer solo podría llegar a tener una completa libertad sexual si recibía dicha formación además de mejorar las relaciones ente seres humanos.

Por otro lado, predominaba dentro del mismo grupo opiniones diversas y contradictorias, sobre la función y el papel de la mujer en la sociedad. Había dos corrientes bien marcadas: la influenciada por Proudhon. Quien consideraba inferior moral e intelectualmente a la mujer relegándola al papel de “nodriza”, ideas que continuaron vigentes durante los años 30 en muchos militantes anarcosindicalistas y anarquistas.  Justificaban todo esto basándose en la biología femenina (por a su capacidad de reproducción) y a esto habría que añadirle el que se seguía viendo el trabajo como un privilegio del sexo masculino y a la mujer como una competencia dentro del mercado laboral que podría incrementar el paro de los obreros y la disminución de sus salarios. Así mismo tampoco podía participar en la lucha social por su falta de preparación político-cultural y la gran influencia que ejercía la Iglesia sobre ellas y por eso se le confinó dentro del hogar para facilitar la vida a sus maridos.

Junto a esta visión, se encontraba la de Bakunin, apoyaba la igualdad de ambos sexos a través de la igualdad de derechos y deberes. Dentro del movimiento habría que resaltar el papel de Morales Guzmán quien defendió concienzudamente la emancipación y participación de la mujer tanto en el trabajo como en la lucha social e incluso criticó comportamientos machistas de muchos militantes. A todo esto, habría que añadirle la campaña en pro de la educación sexual convergiendo en la toma de conciencia por parte de las mujeres que lentamente fueron asimilando los principios anarquistas plasmándolos en su lucha.

Organización y desarrollo

El grupo nació en abril de 1936 cuando un grupo de mujeres escribieron una publicación en la revista Mujeres Libres, la cual se dedicaba a cultura y documentación social y trataron de acercarles a las ideas anarquistas plasmándolas en temas sociales.

Las fundadoras fueron:  Lucía Sánchez Saornil (era el miembro más importante. Ocupó el cargo de secretaria en el Consejo General de Solidaridad Internacional Antifascista), Mercedes Comaposada (colaboró en la prensa anarcosindicalista llegando a ocupar el puesto de redactora de la revista Mujeres Libres) y, por último, Amparo Poch y Gascón (directora del Casal de la Dona Treballadora en Barcelona).

           

Fue fundamental la incorporación de otras mujeres para mejorar la educación tanto social como profesional de las jóvenes que acudían a las clases de la Federación Local de Sindicatos en Madrid surgiendo la primera agrupación de este grupo. En septiembre de 1936, el Grupo Cultural Femenino (núcleo de mujeres anarquistas de Barcelona) acabó uniéndose a la agrupación de Madrid formándose la segunda agrupación de la organización. La región que tuvo más agrupaciones fue Cataluña con 40 agrupaciones en diversos pueblos y ciudades frente a Madrid que tenía 13 en la propia ciudad y 15 principalmente en Guadalajara.

El objetivo inicial fue la emancipación de la mujer y su captación para el movimiento libertario y en especial la liberación de la mujer obrera sufridora de la triple esclavitud: la ignorancia, obrera y como mujer. Sin embargo, la Guerra Civil y la escasez de mano de obra masculina, impulsó a que muchas mujeres dejasen su trabajo dentro del hogar para alistarse en los frentes integrándose en la lucha y vida social. Una de las insignias de las Mujeres Libres fue “Los hombres al frente y las mujeres al trabajo”.

 

Además de querer llevar a cabo la Revolución Social teniendo como objetivo primordial: la destrucción del capitalismo, abolición del Estado y la desaparición de los partidos políticos mediante los sindicatos.

Nunca se consideraron una institución aparte dentro del movimiento anarquista y esto lo que les diferenciaba de otros movimientos femeninos porque combatían la idea del dominio exclusivo de los hombres y exigían la introducción de la mujer dentro de la vida política y económica. Asimismo, querían ocupar altos cargos en los comités de las fábricas y en los consejos de sindicatos de la CNT y no solo ser milicianas.

Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos que hicieron, sus aspiraciones se paralizaron por la falta de cooperación y desinterés de las demás organizaciones anarquistas al igual que tampoco pudieron parar los comportamientos paternalistas por parte de los militantes. Los constantes roces y fricciones que tenía su organización, la CNT, la FAI y las FIJL se debía tanto a prejuicios machistas como el rechazo para dejar en manos de mujeres tareas que siempre habían sido realizadas por los hombres.

Como organización feminista

Querían captar a las mujeres obreras para el movimiento libertario español y a la vez como defensa de las mujeres anarquistas frente a los demás organismos femeninos de diversas tendencias políticas que surgieron a raíz de la guerra. Es importante recalcar, que no solo se consideraban anarquistas, sino también feministas. Queriendo llevar a cabo el derrocamiento de la sociedad patriarcal mediante el Comunismo Libertario y por eso, fue tan importante para ellas la existencia de una organización exclusivamente femenina que defendiese tanto los intereses de clase obrera como la liberación de la mujer desde la perspectiva anarquista.

Además, consideraban que la mujer tenía una serie de problemas específicos y por ello desarrollaron la teoría de que tenían una doble lucha. En primer lugar, la lucha social para el derrocamiento del sistema socioeconómico existente en aquel momento y por el otro la propia liberación como mujer. Uno de los grandes problemas a los que tuvieron que enfrentarse fue a la escasa preparación política y cultural de las obreras. Como consecuencia de esto, desarrollaron programas para culturizar y erradicar el analfabetismo, que predominaba, sobre todo, en las mujeres para que pudiesen tener autonomía sobre sí mismas. Les preocupada la dependencia económica y emocional de las mujeres al no estar incorporadas dentro del mundo de la producción y por eso llevaron a cabo numerosos programas para que lograsen tener independencia económica. Proporcionaron una instrucción técnico-profesionales, crearon guarderías gratuitas en fábricas o barrios obreros, comedores populares para los trabajadores de ambos sexos, de manera que, pudiesen simplificar las tareas domésticas de la mujer obrera y lucharon por la igualdad de salario mediante el salario único para ambos sexos.

La cuestión sexual

Creían que la desigualdad económica y social de la mujer paralizaba el desarrollo de la lucha para la Revolución Social y la propia liberación de la mujer. Siendo uno de los problemas más importantes en los que tuvieron que intervenir.

Consideraban que la dependencia económica de la mujer, en la mayoría de los caos, las esclavizaba y les quitaba libertad en el terreno sexual y por eso lanzaron campañas pro-libertad sexual. Criticando los intentos de libertad sexual hasta entonces porque consideraron que se había reforzado la esclavitud sexual anterior haciendo especial hincapié en que intenta establecer esta libertad bajo las estructuras socio económicas vigentes era casi imposible porque solo una pequeña minoría de mujeres podrían aspirar a dicha libertad apartando a la mayoría de las mujeres trabajadoras.

Rechazaban cualquier forma de matrimonio porque le daban vital importancia a la independencia de la mujer para su desarrollo y realización como persona humana. Sin embargo, consideraban que la maternidad era el culmen del desarrollo de las mujeres hasta tal punto que Federica Montseny decía “Mujer sin hijos, árbol sin fruto, rosal sin rosas”1 y por ello se divulgó la maternidad consciente entre las mujeres trabajadoras a través de clases en los Institutos de la organización y de su colaboración con la directora de la Casa de Maternidad de Barcelona. Frente a esto no se desarrollaron cursos sobre la educación sexual ni anticonceptivos entre las mujeres porque se encargaban otras instituciones especializadas en estos temas.

Prostitución

Este tema tuvo una atención especial hasta el punto de que quisieron construir Centros de Rehabilitación y reinserción social pero debido a la falta de apoyo por parte de los organismos, del movimiento anarquista, así como de las instituciones oficiales no pudo llevarse a cabo.

Las realizaciones fueron modestas si las comparamos con sus múltiples objetivos, pero tuvieron un gran impacto porque fue la primera vez que las mujeres participaron de forma colectiva en el movimiento anarquista español (llegando 20.000 mujeres a sentirse identificadas con esta organización).

Alicia Bernal Sánchez del Busto

Referencias

Nash, Mary (ed.), Mujeres Libres, España 1936-1939, Tusquets, Barcelona, 1975

Laura Sánchez Blanco. El anarco feminismo en España. Las propuestas anarquistas de mujeres libres para conseguir la igualdad de géneros, Foro de Educación, ISSN 1698-7799, ISSN-e 1698-7802, Nº.9.2007, págs..229-238

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