Las creencias sobre el mundo determinan nuestra percepción y actividad en el mismo, autovalidando nuestro modo de estar presente en dicho mundo.

Desde el punto de vista psicológico, el sujeto posee alguna imagen (socialmente valida) de sí mismo, que, por encima de la experiencia fragmentaria y fragmentada, mantenga para él y para los demás cierto sentido de pertenencia en el tiempo, de modo que no se confunda y ni le confundan con los demás.

No hay identidades básicas, porque estas no tienen la certeza de una verdad, ni la cualidad de un objeto sustantivo, es más bien la posibilidad de una ordenación de fragmentos, de retazos (estamos hechos de muchos otros y formamos parte de esos muchos otros), de la instauración de un campo gravitacional de atracción que organice y dote de cierto sentido determinadas experiencias idiosincrásicas en contextos culturales determinados, Eugenia Ramírez Goicoechea.

Ante la situación que estamos viviendo en Madrid desde hace ya unos días, llamé a mi familia y amigos que viven en México. Les quería contar lo que estamos viviendo en Madrid. Me llevé una sorpresa al ver que no solo no me creían, sino que algunos se molestaron y me dijeron que yo estaba mintiendo, que todo era un invento para meter miedo a la gente, alguno de mis amigos se molestó por prestarme a expandir el miedo.

Pregunté a más mexicanas que, como yo, viven en España, y que también tienen familia en México, la respuesta era casi la misma, la gente no creía, o argumentaba que eso no pasaría en México, y que si pasaba era momento de rezar.

Es casi imposible escapar a toda la información de las redes sociales, y en este momento para muchos son de ayuda para mantener la mente ocupada. Pues bien, empecé a ver en las redes sociales todo tipo de información en México, desde que el coronavirus se cura con limón y bicarbonato hasta el que decía que esto es parte de la conspiración de los gobiernos.

Desde aquí viviendo un aislamiento, con hasta hoy más de 32 mil contagios y 4.175 muertos (datos del 21/03/2020), vivimos la situación de una manera directa. A mi mente viene la imagen de un sunami que se dirige a México y la gente no cree que va a pasar.

Empecé a preguntarme por qué la gente en México, aun cuando les dijeron que cancelaban los todos los planteles educativos, no hizo caso y se fueron de vacaciones a la playa, vi como acudieron en masa a un evento de música y cuando a un chico le preguntaron que, si no le daba miedo, respondió; prefiero morirme contento que encerrado en mi casa. Y es que el mexicano tiene algo a lo que llamamos valemadrismo, ante todo tipo de riesgo siempre decimos me vale, de algo tenemos que morir.

Entonces me di cuenta de que yo, aunque no lo tengo asumido porque siempre digo que, pese a todo yo siempre seré mexicana, en realidad vivo según las normas de convivencia de Madrid y no solo eso, sino que doy por hecho que mi realidad aquí es la misma que si estuviera en México. Me di cuenta de que estaba equivocada y que, aunque me considero parte de la sociedad mexicana también soy parte de la sociedad madrileña. Mi forma de identidad ha cambiado a tal punto que cuando voy a México tengo que reaprender lo que se supone que ya se.

En medio de la situación que estamos viviendo me pregunté: ¿por qué el mexicano cree que no le va a pasar nada aun viendo lo que pasa en Europa?

Me puse a buscar información y me di cuenta de que las medidas de seguridad que se estaban recomendando, las están siguiendo en su mayora, las personas de clase alta y algunas personas de clase media, a más pobreza, menos se siguen las recomendaciones y menos miedo se tiene a morir,

Las estadísticas en México hasta el 2018 dicen que hay 112 millones 336, 538 habitantes censados y están divididos en seis clases sociales.

  • La clase baja baja la compone el 35% de la población, 39 millones 317,788 personas. Comerciantes informales, migrantes, gente que vive de la asistencia social y desempleados.
  • La clase baja alta la compone el 25%, 28 millones 084, 134. Compuesta por gente que realiza arduos trabajos (obreros y campesinos) a cambio de un ingreso ligeramente superior al salario mínimo que es actualmente 3.700 pesos mexicanos al mes, 140.26 euros mensuales.
  • La clase media baja la compone el 20% de la población, es decir 22 millones 467,30 personas. Estos tienen salarios no muy sustanciosos, pero si estables. Entre ellos se cuentan los oficinistas, técnicos supervisores
  • La clase media alta la compone el 14 % de la población. 15 millones 727,115 personas, entre ellos se encuentran hombres de negocios y profesionales que han triunfado y que tienen buenos salarios e ingresos económicos estables.
  • Por el contrario, la clase alta baja está compuesta por el 5% de la población 5 millones 616, 826 personas. Está compuesta por familias ricas, pero con pocas generaciones por detrás.
  • La clase alta alta está compuesta por el 1% de la población 1 millón 123, 365 personas. La componen familias ricas que durante varias generaciones han sido prominentes y cuya fortuna es de muchas generaciones atrás.

Esto quiere decir que; 67 millones 401,922 personas viven en precariedad, que no tienen acceso a prestaciones por desempleo, tienen poco acceso al sistema de salud y vivienda, la mayoría de esta gente vive en barrios con escasos servicios básicos, transporte público deficiente, muchos barrios no tienen sistema de alcantarillado y en muchas ocasiones en una misma casa viven hasta tres generaciones de familia.

Un promedio de 10 mil personas mayores de sesenta años, trabajan en los supermercados empacando productos. De muchos de ellos depende el sustento de su hogar, ellos no sino trabajan no comen.

Si bien el gobierno está empezando a tomar medidas de prevención, estas medidas solo las pueden cumplir algunos. Es así como me puse a preguntar a diferentes personas, por qué no creían que el coronavirus afectaría a la población y por qué aun pidiéndoles que respeten las medidas, no lo hacen.

Para tratar de entender por qué una parte de la población mexicana no tiene miedo a contagiarse de coronavirus, primero hay que saber cuál es la vida diaria de ellos

Juan es un chico de 32 años que vive en Xochimilco en una zona donde la mayoría son obreros. Él viaja todos los días en metro y autobús para llegar a su trabajo. Y a su cargo tiene a su madre más de 70 años y a su hija, no tiene casa propia, paga un alquiler mensual, su hija está estudiando la secundaria. Juan no tiene un contrato de trabajo y tampoco cuenta con seguridad social, vive básicamente al día.

Empezó por decirme: no es que no lo creamos, es que necesitamos no creerlo.

¡Neta wey!

Ese día que vi tu video aplaudiendo, para agradecer a los doctores, me puse a pensar. Ustedes están mucho mejor que aquí.

Lo mismo que el día sin mujeres, ellas salieron a trabajar, algunas me dijeron sino salimos no comemos.

(Antropóloga) – En Madrid yo no estoy trabajando, estoy en casa, guardando cuarentena.

– Eso aquí no va a pasar, aquí en México, la neta no ¡wey! Aquí para sobrevivir le vamos a dar a lo que tope.

– Aquí en México la gente que no tiene celular está bien tranqui, sin recibir esas mamadas de mensajes, no saben nada de lo que pasa.

– La gente mayor de los pueblos no tiene miedo a morir.

(Antropóloga) – Vi que el presidente anda de gira, reuniendo multitud de gente.

– Pues ya sabemos porque…(silencio)

La gente es bien pendeja, defiende a muerte a su presidente. Este país ya sabes como está.

– Hoy no se habla de narcos, no se habla de secuestros, tampoco de las feministas, solo de coronavirus

– Somos el primer lugar en obesidad y muerte por diabetes a nivel mundial. Hablar de muerte por coronavirus es de risa ¿no? Pero sigue estando culero este pedo.

¡Neta! Aquí no se espantan por eso, México está acostumbrado a cosas más culeras, espantan más otras cosas que eso.

– No es por hacer menos esto, pero es la verdad. Aquí la gente está más preocupada por defender a su presidente o atacarlo

– Minimizamos esto, la neta

– Pero no es para menos, ya nada nos espanta y como dijo un pendejo en El Vive Latino: prefiero morir contento, a morir con miedo y encerrado en mi casa

(Antropóloga) – Pero no solo se va a morir él, es como ser egoísta ¿no te parece?

– ¡Ya lo sé! pero en México estamos en tierra de machines, lo mismo te puedes morir baleado o en el metro, en un accidente de carros, o se pueden subir a la combi y por no dar tu celular te matan, a diario pasa todo esto.

– A mí, por mi cartera ya casi ni la cuento. Vivimos con la muerte en el bolsillo.

(Antropóloga) – Yo también soy mexicana, llevo pensando en eso que me dices, pero no lo entendía. Estoy acostumbrada a que en Madrid no pasa nada.

– Pues aquí we! Aquí en México es otro pedo, como dicen las doñas de los tamales- pues no hay de otra- ¡y que chingue su madre! Que sea lo que Dios quiera.

– We! Los ricos tienen que imaginarse la vida, los jodidos la disfrutamos como venga.

Me dijeron unos compas, la banda ya está organizando, vamos a saquear si es necesario.

-Mi compa me dijo: no te puedes morir y si te mueres pues ya te toco. Pero vamos a morir como machines, no como putos.

En México es imposible un aislamiento como el de España, porque, así como Juan, más de 60 millones de personas no se pueden quedar en casa, si lo hacen no tendrían ingresos económicos para vivir.

El mexicano, no es que no crea que se puede contagiarse, es que necesita creer que no pasará nada.

Aracely S. Cruz

Referencias

www.profeco.com.mx

www.piedepagina.mx

Fotografías: Juan De la Cruz

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