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Los tiempos que corren nos están dotando de un nuevo vocabulario para nombrar actitudes, experiencias y soluciones que son aparentemente nuevas, derivadas de unas, aparentemente, nuevas situaciones.

De ahí que hayan surgido términos como “fake news” en vez de “noticia falsa”, “ecofriendly” en vez de “respetuoso con el medio ambiente”, o uno de los más curiosos que he visto hasta ahora “sundrying” relativo a lo que toda la vida se ha conocido como “tender la ropa”, en vez de usar la secadora con el objetivo de consumir menos energía.

Evidentemente, denominar “tender la ropa” como “sundrying” no deja de ser una auténtica paparrucha con que dulcificar una acción que se ha llevado a cabo durante cientos, o miles de años (vamos, lo que viene a ser de toda la vida).

Pero si algo ha llegado incluso a indignarme de manera absoluta es “la nueva tendencia que se está imponiendo entre los jóvenes de toda Europa, el coliving”. El término “coliving” hace referencia a alquilar una habitación de tu casa y compartir los espacios comunes con el objetivo de compartir gastos. Si buscáis este “nuevo término” en internet encontrareis imágenes de personas felices compartiendo su intimidad con desconocidos por la simple razón de no poder pagar las facturas que genera vivir en una vivienda. Un burdo intento de convertir lo blanco en negro y lo negro en blanco.

Mis abuelos practicaron el coliving durante toda su vida. Vivían de alquiler en dos habitaciones (una hacía de alcoba y la otra de sala de estar) y compartían una cocina común, un retrete y un grifo entre tres familias. El motivo que movía a mis abuelos a “practicar el coliving” es el mismo que mueve a los jóvenes actuales, la precariedad, la inseguridad económica y la incertidumbre que plantea el futuro.

A diferencia de antes, hoy se pretende disfrazar la precariedad de toda la vida con términos “modernos” que la disfracen de tendencias innovadoras. Sin duda un acto más de la desvergüenza posmodernista que impregna nuestra sociedad.

Si yo llego a decirle a mi abuela que ella practicaba el coliving que secaba la ropa haciendo sundrying, se estaría riendo de mí durante varios días además de pensar que se me ha ido la cabeza. Y no les faltaría razón.

Estos nuevos términos no son más que un disfraz con el que se envuelve la precariedad actual, la misma precariedad de siempre.

“Se empieza a ceder en las palabras y se acaba por ceder en las cosas”

Sigmund Freud

Manuel Carmona

Manuel Carmona

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