Hace una década, el debate español de la diversidad se esforzaba por aclarar la existencia de una identidad bisexual, a la que tradicionalmente ha costado poner límites conceptuales, por la gran cantidad de experiencias diferentes que engloba. Diez años después, lxs activistas y personas bisex siguen encontrando grandes dificultades para que esta orientación del deseo sea liberada de sus estereotipos y pueda ser vindicada en igualdad con el resto de la comunidad LGTB+. Intentaremos aquí hacer un breve repaso a la teoría y el asociacionismo bisex de la última década en nuestro país.

Habiendo pasado hace unos días todas las celebraciones por el Día del Orgullo, echemos la vista atrás para rescatar y dedicar algunos pensamientos a una de esas cuestiones que parecen haber pasado más desapercibidas, un año más. En 2007, la Federación Estatal de Lesbianas y Gays (máxima entidad asociativa española para la diversidad afectivosexual), que ya había incluido también a lxs transexuales entre sus siglas, decide cobijar además a lxs bisexuales, convirtiéndose en la FELGTB. El Argumentario fundacional de la recién creada Área de Bisexualidad comienza con la significativa frase “La bisexualidad existe”, la define como la atracción física o afectiva hacia personas independientemente de su sexo, y critica el modelo dicotómico que exige escoger entre heterosexualidad y homosexualidad. La Federación diferencia también la orientación sexual o facultad para sentir deseo hacia más de un sexo (el plano más claramente bisexual), de las prácticas (que se limitan a heteros o lesbogays en función delx compañerx sexual) y de la identidad (un terreno en el que la organización decide no pronunciarse, sino dejar que sea cada individux quien la exprese y decida) (FELGTB, 2008, pp.4-5).

El documento lamenta la invisibilidad social a la que está sometida la bisexualidad, que carece de referentes académicxs, históricxs y culturales. Verbaliza además la dificultad de aceptación que entraña esta identidad, tomada como homosexualidad por parte de la población heterosexual, mientras que los colectivos LGTB suelen considerarla igualmente una forma encubierta de homosexualidad o bien una estricta heterosexualidad. El texto realiza un esfuerzo por rebatir los principales mitos vigentes contra la bisexualidad, entre los que enumera la promiscuidad, el vicio indiscriminado, la infidelidad, la confusión, el carácter transitorio, la inmadurez afectiva, la cobardía para sumir la homosexualidad latente y la amenaza de propagación de infecciones de transmisión sexual como el VIH/sida (FELGTB, 2008, p.9). La bifobia, pues, existe, y consiste en la negación sistemática de la identidad bisex. Por ello, el Área de Bisexualidad de la FELGTB plantea en 2007 como objetivo prioritario la visibilidad, recurriendo tanto a la creación/adquisición de conocimiento positivo sobre la bisexualidad, como a la participación activa y pública de personas bisexuales dentro y fuera del colectivo (FELGTB, 2008, pp.21-23).

El éxito que tuvo en conseguir tal objetivo parece dudoso como mínimo: la tesis doctoral del sociólogo Gerard Coll-Planas, de 2009, utiliza el caso bisexual para ilustrar lo que denomina “guerras fronterizas”: las identidades gay/lesbiana y transexual se construyen rechazando a lxs sujetxs que en posiciones limítrofes, que es el efecto colateral necesario para el mantenimiento de una política categorial que delimite claramente las identidades. La bisexualidad, en tanto frontera en tierra de nadie, no está exenta de conflictos (Coll-Planas e Izquierdo, 2009, p.313). El autor constata que muchxs lesbianas y gays siguen percibiendo la bisexualidad como un desorden vinculado a la promiscuidad y la falta de estabilidad, y mediante su trabajo etnográfico registra la desconfianza y falta de aceptación en el entorno de lxs bisexuales. Igualmente pervive la noción de temporalidad de la bisexualidad, que queda reducida a una etapa de confusión, previa a la plena identificación homosexual: el autor señala que esta experiencia es frecuente entre la población homosexual, pero que eso no significa que a la vez existan personas bisex de forma permanente. Gerard Coll-Planas vincula esta noción de inmadurez y desorden al hecho de que lxs gays y lesbianas recelan de las personas bisexuales porque hacen tambalear la imagen estable, coherente, ordenada y normalizada que ansían ofrecer a la sociedad heterocéntrica. Conservar la imagen de una identidad lesbogay sin fisuras exige renunciar a la potencial atracción por personas de otro sexo/género. Por último, también el autor destaca un componente de envidia, suscitado porque lxs bisexuales pueden evitar lxs conflictos y tensiones de salir del armario (Coll-Planas e Izquierdo, 2009, pp.313-315). Así pues, ante la aparente inquebrantabilidad de los estereotipos ligados a lxs bisexuales, en 2010 tiene lugar la primera campaña interna de visibilidad bisexual dentro de la FELGTB, con el lema “Si (no) me nombras, (no) existo”.

Bisexualidad, esa gran olvidada de ayer y hoy

Quizás por insuficiente, o quizás a remolque de los intensos y ricos debates que tenían lugar en las muchas instituciones, asociaciones y publicaciones específicamente bisexuales de los países anglosajones, tras unos años el movimiento LGTB español decide implicarse de forma más notoria en la inclusión y la atención de las personas bisex. En 2012, cinco años después de la creación del Área de Bisexualidad, la FELGTB actualiza su argumentario, explicitando su intención de reconocer y comprender la vivencia bisexual. Incorporando la noción del afecto, la bisexualidad es ahora definida como la orientación propia de quienes experimentan atracción sexual, emocional y/o romántica hacia personas de más de un sexo/género, no necesariamente al mismo tiempo, en el mismo plano y con la misma intensidad. El nuevo argumentario lamenta la escasa crítica que ha recibido el monosexismo (es decir, la creencia de que sólo puede atraernos un único sexo/género) como realidad opresiva, creando dicotomías como la heterosexualidad/homosexualidad, e inhabilitando cualquier expresión de diversidad situada entre/más allá de los términos contrapuestos (FELGTB, 2012, p.3). Además, al tradicional listado de prejuicios bifóbicos vigentes en el imaginario social se añaden dos nuevos: la creencia de que todxs nacemos/somos bisexuales (herencia del pensamiento de Freud), que contribuye a anular y restar importancia a las experiencias bisexuales; y la creencia de que lxs bisexuales disfrutan de los privilegios heteros, lo cual puede afectar especialmente a sus relaciones de pareja (FELGTB, 2012, pp.4-6).

A pesar de las renovadas intenciones, la FELGTB parece insatisfecha antes los logros que consigue, y en 2013 redacta un breve documento, quizás autocrítico, con directrices claras para incluir, de forma fáctica y no sólo nominal, a lxs bisexuales en el colectivo. Entre sus aclaraciones, incorpora los discursos inglés y norteamericano, sanciona la bifobia y la distingue tajantemente de la homofobia, critica la estereotipia bisexual, trata de construir una definición más abierta e inclusiva con la diversidad de bisexualidades posibles, y llega a desdecirse de afirmaciones anteriores (como que las personas bisexuales mantienen relaciones heterosexuales y homosexuales, en función del género de su pareja; ahora se entiende que las relaciones no tienen orientación, al igual que el matrimonio)(FELGTB, 2013, pp.1-2).

¿Pero sería suficiente con estas ampliaciones y réplicas de las estrategias ya usadas en el pasado? A finales de 2013 y comienzos de 2014, algunos espacios webs, publicaciones bisexuales españolas y militantes como José Cabrera se esfuerzan por clarificar los cuatro tipos de activismo bisexual que han estado llevándose a cabo hasta el momento, así como sus principales inconvenientes. En primer lugar, se plantea el activismo LGTB unido, en el que lxs bisexuales se diluyen en la identidad/desidentidad grupal: no se es activista bisexual sino activista LGTB, mezclándose el activismo identitario con el activismo de apoyo. Todxs pueden y deben luchar por todxs lxs demás, pero la consecuencia mayoritaria es la sumisión a la mayoría gay/lesbiana cisexual, quedando relegadas las personas trans y bisex. En segundo lugar, el activismo de coalición o mancomunitario es aquel en el que lxs bisexuales se reconocen como activistas bisexuales en el seno de una organización conjunta, en la que disfrutan de espacios identitarios y mensajes propios. Son conscientes de la homocentralidad del colectivo (es decir, se da prioridad a las necesidades y las luchas gay y lesbiana), pero no se desligan de él, sino que mantienen una actitud de espera del cambio, mientras fortalecen sus herramientas y sus discursos. En tercer lugar, en un momento en el que el colectivo LGTB comienza a plantearse la inclusión de nuevas poblaciones y siglas (Q de queers, I de intersexuales, A de asexuales…), surge el activismo unido o interseccionado por otras variables, tales como la experiencia de las personas trans y homosexuales, el movimiento queer, las nuevas masculinidades, el feminismo, el poliamor, etc., que amplía sus objetivos y diluye aún más sus fronteras. Y en cuarto lugar, el activismo bisexual separatista es el que se vuelve consciente de las estructuras de poder jerarquizadas no sólo en la sociedad monoheterocéntrica sino en el interior del colectivo LGTB, así que apuesta por trazar un itinerario propio e independiente (Cabrera, 2013, pp.36-37).

Bisexualidad, esa gran olvidada de ayer y hoy

Sin duda, este último modelo es el más revolucionario: la bisexualidad, históricamente considerada una pseudohomosexualidad (y por tanto inevitablemente atrapada en un devenir teórico/activista lesbogay, sobre el que no tiene poder de decisión), comienza a lamentar su situación eclipsada, oscurecida, secundarizada, que quizás pueda revertir mediante la creación de una senda autónoma. El politólogo y sociólogo Valeri Esteban es uno de los referentes del activismo separatista, y finalizando el año 2013, tras seis años desde la inclusión de la bisexualidad en la FELGTB, lamenta concluir que el acogimiento es frustrante, insatisfactorio y únicamente nominal (Esteban, 2013, p.8). Tras alejarse en los años noventa el homocentrismo y la bifobia del movimiento conjunto, la inclusión bisexual de 2007 le animó a coordinar durante dos años un grupo de personas bisexuales y pansexuales. Esta experiencia le sirvió para poner en común experiencias, necesidades y demandas, pero también para constatar una vez más que el monosexismo, el desconocimiento y la estereotipia imperaban en las entidades, llegando a presenciar el agotamiento de sus compañerxs bisexuales y pansexuales. Valeri Esteban relaciona la insuficiencia del activismo bisexual con la subordinación a las vindicaciones gays y lesbianas, entendiendo que lxs bisexuales irremediablemente terminan luchando por la equiparación de los derechos de las personas homosexuales con los de la sociedad heterocentrada (ambas identidades monosexuales). Tratar de agrietar y ganar cabida en el discurso cishomonormativo de las asociaciones LGTB, deduce Valeri Esteban, no trae consigo sino una dura competencia por los escasos recursos con las personas trans, y un absoluto fracaso (Esteban, 2013, p.9).

Por todo ello, el autor realiza un llamamiento a los grupos y personas bisexuales y pansexuales para organizar un movimiento identitario y político autónomo, horizontal y diverso, holístico y coherente, antimononormativo y crítico con el monopolio LGTB de los fondos y espacios públicos no heterosexuales (Esteban, 2013, p.10). Es así que en 2014, tras la escisión del grupo Lambda, nace en Valencia la primera (y hasta la fecha, única, que sepamos) asociación española independiente del movimiento LGTB, creada por y para personas no monosexuales, y presidida por Valeri Esteban: es la asociación Moebius, para bisexuales, polisexuales y pansexuales, que funciona no sólo a través de su espacio web wordpress, las redes sociales y los encuentros personales quincenales, sino que defiende su ideario realizando contribuciones en actos, eventos y espacios diversos a nivel estatal (Moebius, 23/07/2014).

Y así llegamos a nuestros días: a nivel asociativo, la militancia bisexual ha sido tradicionalmente contemplada e integrada en el movimiento LGTB, que ha cosechado grandes logros y avances en su afán de superación de los estigmas sociales, la normalización en el imaginario cultural occidental y la equiparación de derechos legales. Sin embargo, desde el seno del colectivo se alzan voces críticas que cuestionan la igualdad del protagonismo conferido a las distintas identidades sexuales, y es que, a pesar de los esfuerzos que la FELGTB ha dedicado a la causa de las personas bisex, ¿cuántos mitos sobre la bisexualidad siguen existiendo a día de hoy? Siguiendo la estela de las naciones anglosajonas, el estado español y otros países europeos y mediterráneos han comenzado a organizar movimientos, publicaciones y organismos autónomos que se centran en las demandas y necesidades específicas de las personas bisexuales, algunas de las cuales continúan además actuando desde el frente común LGTB o aliándose con otras formas de movilización no asociadas a la elección de los objetos de deseo. Al mismo tiempo, la identidad bisexual sigue sumergida durante el presente en un proceso de redefinición y apertura, dispuesta a acoger multiplicidad de experiencias diversas, sexualidades maleables, formas de afecto no polarizadas/dicotomizadas, e incluso vivencias anti-identitarias. Pero a pesar de que la bisexualidad se encuentre en un momento de vibrante actividad y creatividad, ¿en cuántos pregones del Día del Orgullo hemos escuchado nombrar a las personas bisex, y cuántas veces más hemos aplaudido la reivindicación de derechos lesbogays y trans?

Bisexualidad, esa gran olvidada de ayer y hoy

Salmacis Ávila

 

Referencias

Cabrera Pérez, José S. (2013). “Tipos de activismo bisexual”, Revista Bi 2.0 Magazine, Vol. 3, (pp.35-37). http://www.felgtb.org/temas/bisexualidad/documentacion/i/5159/257/bi-2-0-tercer-numero

Coll-Planas, Gerard e Izquierdo, Mª Jesús (2009). La voluntad y el deseo. Construcciones discursivas del género y la sexualidad, Ed. Universitat Autònoma de Barcelona, Barcelona.

Esteban, Valeri (2013). “¿Plan B? Por un movimiento bisexual autónomo”, Revista Bi 2.0 Magazine, Vol. 3, (pp.35-37). http://www.felgtb.org/temas/bisexualidad/documentacion/i/5159/257/bi-2-0-tercer-numero

FELGTB (2008). Argumentario del Área de Bisexualidad de la FELGTB, Ed. FELGTB, Madrid. http://www.algarabiatfe.org/www/wp-content/uploads/2015/07/BISEX.-Argu mentario-Area-de-Bisexualidad-FELGTB-2007.pdf

FELGTB (2012). Argumentario del Área de Bisexualidad de la FELGTB, Ed. FELGTB, Madrid. http://www.felgtb.org/temas/bisexualidad/documentacion/i/3229/257/argumentario-bisexualidad-felgtb 

FELGTB (2013). Decálogo de inclusión real de las personas bisexuales en el discurso LGTB, Ed. FELGTB, Madrid. http://www.felgtb.org/temas/bisexualidad/documentacion/documentos-del-area/i/6006/535/decalogo-de-inclusion

Moebius (23 de julio de 2014). ¿Qué es y por qué Moebius? [Mensaje de blog]. https://moebiusvalencia.wordpress.com/2014/07/

IMÁGENES

  1. http://i.huffpost.com/gen/4524552/images/n-BISEXUAL-628×314.jpg
  2. https://www.sbs.com.au/topics/sites/sbs.com.au.topics/files/thumb_31.png
  3. https://s-i.huffpost.com/gen/1046198/images/o-BISEXUALITY-facebook.jpg
  4. https://cdn-images-1.medium.com/max/950/1*MylBjgPQGY51Namd26hCcQ.jpeg

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