La cabeza desaparecida

En el año 2005, un equipo de investigación de Innsbruck, liderada por el genetista Walther Parson, estudia uno de los misterios más extraños de la Historia reciente de Europa. Tras un meticuloso análisis, el equipo de investigación tiene en manos la posible identificación de la cabeza, nada más, nada menos que de Mozart.

A pesar de la fama del compositor en la actualidad, Mozart falleció en el año 1791 en una situación de pobreza acentuada, siendo enterrado en un cementerio de San Marcos, en Viena. Díez años después, la tumba donde se había depositado el cuerpo, junto con sus otros presuntos familiares, se reabre y se rescata lo que sería su cráneo, ya que los huesos serían removidos para la reutilización de la tumba. El cráneo pasa por diversas manos hasta el año 1902, donde a través de una donación anónima, es adquirido por la Fundación Internacional Mozarteum en Salzburgo, Austria. El cráneo sigue en exposición hasta el año 1955, donde se empieza a cuestionar la fiabilidad de la identidad del cráneo. ¿Sería de verdad Mozart?

¿Mozart era una mujer?

En el año 1999, el patólogo forense Herbert Ullrich examina el cráneo y afirma que, no solo el cráneo no pertenece a Mozart, como, en realidad, pertenece a una mujer. La afirmación causa una verdadera revolución. Han tenido que pasar por lo menos seis años hasta que, nuevamente, el cráneo es observado por la ciencia.

Fue ya en el año 2005 que la genética ha tenido la oportunidad de analizar el cráneo, confirmando tratarse de un varón. Sin embargo, revelan también que no fue posible determinar si la cabeza pertenece o no al compositor, ya que el “ADN mitocondrial” no coincidía con los posibles familiares por vía materna encontrados en la misma tumba. En este momento, el misterio se vuelve todavía más denso. Las respuestas de los científicos podían significar dos cosas. En primer lugar, que la cabeza no pertenecía a Mozart. En segundo lugar, podían significar que la cabeza, si, pertenecía a Mozart, pero que los individuos a los cuales se había tomado muestra como presuntos parientes suyos, en realidad, no lo eran.

El linaje materno: ¿Descubrir a Mozart y a Jesucristo?

Para la identificación de la presunta cabeza del compositor, los investigadores han analizado muestras óseas de dos posibles parientes maternos, dos mujeres, enterradas juntas en la misma tumba que el compositor. Por otro lado, se ha utilizado un tipo de ADN específico, que se encuentra en todas las células humanas con núcleo, en un orgánulo muy concreto (las mitocondrias), en elevadas concentraciones – el ADN mitocondrial. Este tipo de información genética se transmite solamente por vía materna, de madres para todos sus descendientes. Sin embargo, el hecho de ser un marcador de linaje no permite una identificación individual precisa, ya que el mismo perfil genético se transmite por vía materna a lo largo de generaciones, no permitiendo distinguir entre dos primos por vía materna, o dos hermanos. Este tipo de identificación, indirecta, se utiliza especialmente en casos donde no existen evidencias del individuo para comparar (identificación directa), tales como ropa, u otros objetos personales a partir de los cuales se procedería a una comparación genética con la presunta cabeza del músico.

Por otro lado, es un análisis muy frecuente en casos de índole arqueológico, justamente debido a la falta de objetos personales de los individuos en cuestión, casi siempre con una antigüedad considerable. De hecho, utilizar los marcadores de linaje es el único tipo de análisis posible, ya que se espera encontrar un posible descendiente vivo, con él cual se comparará la muestra arqueológica. Si por un lado este tipo de análisis genético es el único posible, es necesario que se tenga en cuenta las limitaciones de la biología asociada a este tipo de estudio. Así, si por un lado el análisis de las posibles familiares de Mozart nos podría ayudar a orientar la investigación, por otro lado, “identificar” esa evidencia como la cabeza del compositor, sería sin duda un error. Analizar este marcador de linaje, transmitido por solo una vía, materna, la cabeza podría ser de Mozart, o de cualquier otro pariente suyo relacionado por vía materna. Incluso un pariente del sexo femenino, ya que el ADN mitocondrial no cambia según el sexo de individuo.  Es sin duda una seria limitación que muy raras veces se ve explicada en las revistas de arqueología. Es (demasiado) frecuente leer que se ha “identificado” el cráneo del Reye X Medieval, el cadáver del Faraón Y del III milenio a.C o, incluso, que el ADN de la Sabana Santa podría ser de Jesucristo.

Una Sábana sin ADN

Es en ese “podría” que reside todo una abanico de distintas posibilidades genéticas asociadas a una identificación positiva de una persona que presuntamente fallece en el año 33 A.D. ¿Es posible identificar la sangre presente en la Sábana Santa? Actualmente, la respuesta es no. Es, sin duda, una cuestión interesante. Centrándonos en la Sabana guardada en Turín, ¿cuál sería el objetivo en la identificación de esa sangre como siendo la de Jesucristo? Aunque pueda parecer incoherente, la cuestión podría interesar tanto a la comunidad científica, como a la teológica. Son muchas las investigaciones en la Sábana Santa que han intentado descifrar desde una hipotética imagen, la propia composición del tejido, saber si las manchas rojas serian o no sangre, así como, datar el tejido. ¿Sería posible una identificación genética? Como anteriormente explicado, dada la antigüedad del caso, aproximadamente 2000 años, el análisis genético que mejor resultados proporcionaría sería el análisis de marcadores de linaje – análisis de ADN mitocondrial, transmitido exclusivamente por vía materna, o análisis de cromosoma Y, cuya transmisión se da por vía paterna.  En este caso en concreto, el estudio genético abriría un abanico de interesantes cuestiones. Por un lado, analizar el cromosoma Y sería, en teoría, inviable ya que según la tradición, Jesucristo no tendría un linaje paterno, o descendientes del sexo masculino, por lo que este análisis no sería informativo.  Por otro lado, comparar el posible ADN mitocondrial con posibles parientes por vía materna, como siendo descendientes de posibles sobrinos, por ejemplo, podría sería útil, aunque hasta el momento jamás se ha podido encontrar una tumba familiar, con una inscripción concreta que certifique que, de alguna forma, en ese local yace un familiar de Jesucristo. Por otras palabras, no existe una referencia para una posible comparación.

Otro punto interesante, sería la datación de las muestras, aunque en este caso no serviría como prueba. Efectivamente, la datación de una muestra biológica (un hueso, por ejemplo) de esa época no significa la pertenencia de esa muestra a una persona en concreto. En realidad, lo más cerca que se podría estar de una posible identificación sería la presencia de documentación escrita, asociada a una datación de la muestra.

Si la Sabana tuviese ADN y la cabeza fuese la de Mozart…

No es tanto la antigüedad de la muestra que determina la posible obtención o no de resultados, ya que son diversos los estudios genéticos en muestras francamente más antiguas, como Neolíticas o de la Edad del Bronce Europeo. En realidad, un problema muy particular presente en casi todas las muestras antiguas (y famosas) está relacionado con la manipulación de la muestra a lo largo de años y siglos. ¿Cómo sabríamos que el ADN analizado pertenece a la muestra y no a una de las decenas de personas que han tocado la muestra?

Todas las identificaciones tienen un objetivo. En genética forense el objetivo se basa en identificar un sospechoso, identificar un posible desaparecido, identificar una víctima, identificar la presencia de un individuo en un cierto local.  En Historia, ¿Cuál sería el objetivo? ¿Cuál sería el intuito en descubrir si la cabeza encontrada era efectivamente la de Mozart? ¿Un resultado negativo cambiaría nuestra estima y admiración por el genio? ¿Por qué la incesante búsqueda por saber si la sangre es efectivamente la de Jesús? Efectivamente, en los últimos años se asiste cada vez más a un intento desesperado por identificar a todos los personajes históricos con implicaciones significativas en la Historia Humana. ¿Podría una prueba genética cambiar siglos de Historia o de adoración? ¿Necesita realmente la Historia de esa “aprobación” biológica para certificar que cierta persona ha efectivamente existido? ¿O será la propia necesidad Humana en buscar la respuesta a sus propias preguntas, una búsqueda incesante para la confirmación de su propia identidad y creencia? Posiblemente, la búsqueda por conocer la identidad de personajes históricos nos ayuda a creer y a construir nuestra propia identidad como sociedad, comunidad y, sobretodo, como persona.

Cláudia Gomes

Referencias

https://scienceblog.com/9713/army-helps-dna-scientists-unravel-mozart-mystery/

https://ghr.nlm.nih.gov/mitochondrial-dna

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

https://en.wikipedia.org/wiki/Mitochondrial_DNA

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