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Algunos misterios siempre escaparán a la mente humana. Para convencernos de ello sólo hay que echar un vistazo a las tablas de los números primos, y ver que no reina ni orden, ni reglas

É. Galois

Madrugada del 29 de mayo de 1832. El joven Évariste, de apenas veinte años, está tan convencido de que su fin está próximo, que pasa la noche escribiendo cartas para sus amigos y redactando su testamento científico. A lo largo de estas páginas se dedica a relatar del modo más preciso posible qué implicaciones tiene su trabajo y qué descubrimientos ha llevado a cabo en el campo de las matemáticas.

Sin embargo, lo mejor será que empecemos un poco más atrás.

Educación y rebeldía

No ha cumplido los dieciocho y ya tiene bien claro que lo que quiere ser es matemático. Esto le lleva a querer presentarse un año antes de lo debido al examen de acceso para la École polytechnique. Ni qué decir tiene que no lo logra. No solo carece de formación fundamental en muchas áreas matemáticas, sino que no ha recibido el curso preparatorio para llevar a cabo el examen de admisión.

La educación, como casi todo en la vida de Galois, se aleja bastante de lo normativo. No empieza a recibir formación formal hasta los doce años. Edad a la que ingresa en el Liceo Real Louis-le-Grand, en París, lugar por el que ya han pasado figuras como Robespierre y Victor Hugo.

Hasta la ya citada edad ha sido educado por su madre, una mujer que proviene de una influyente familia de abogados. Es de ella de quien recibe una sólida formación en latín y griego.

A día de hoy no se conoce que haya habido casos de talentos matemáticos previos en su familia, ni por parte de madre, ni de padre: un director de escuela que llegará a ser alcalde partidario de Napoleón por el partido liberal de la comuna.

Sin embargo, una vez conocido al padre podemos atisbar de dónde viene la conciencia social, mas no la rebeldía.

En el ya citado Liceo hay un enfrentamiento con el director del internado que le cuesta la expulsión a varios alumnos. Él se libra de la quema, pero este episodio le sirve para forjar su rechazo a la autoridad.

Por otra parte, en lo académico, está mostrando un rendimiento más bien limitado, a excepción de griego y latín. En el tercer curso llega a suspender retórica, lo que conlleva que tiene que repetir curso. Se dice que en ocasiones dar un paso atrás implica dos hacia delante, sin embargo, en este caso supone dar un gran paso de gigante. Pues es, cuando tras repetir curso, entra en contacto con aquello por lo que pasaría a la historia: las matemáticas. Tiene 15 años.

Matemáticas, matemáticas y matemáticas

Pese a no ser nada excepcional, el programa de matemáticas del liceo brinda al joven Galois el placer intelectual que tanto está ansiando encontrar.

Asimila sin esfuerzo el texto oficial y los manuales. Continúa con textos más avanzados: la geometría de Legendre y el álgebra de Lagrange. Queda absolutamente prendado de esta rama, siendo en la que más profundiza. Sin embargo, cabe remarcar que se trata de una disciplina aún en pañales.

Esta pronta pasión le lleva a descuidar el resto de las materias. Lo que, unido a la rebeldía más que latente que muestra, provoca que se gane la enemistad del profesorado de humanidades.

El hecho de no lograr entrar en el polytechnique en 1828 hace que no termine de digerirlo y con ello aumentar más las muestras de disidencia y rechazo para con la autoridad (ya ha comenzado a dejar posos de su anticlericalismo y oposición a la monarquía).

La persistencia que muestra ante la negativa al ingreso le lleva a publicar su primer trabajo académico para, no mucho tiempo después dar con la clave para resolver un problema que había supuesto un auténtico dolor de cabeza a sus colegas matemáticos durante más de un siglo.

Sin embargo, por lo que pasará a la historia será por el desarrollo de una teoría nueva, la de grupos.

El fallo de la academia

Pese a que en este punto podría acabarse ya habiendo citado sus aportaciones matemáticas más importantes, lo más interesante de la biografía de Galois es, precisamente, el final.

Unos días antes de hacer su segundo, y último intento para entrar en el École polytechnique su padre se suicida. Se presenta al examen sin seguir las indicaciones de los examinadores y sin justificar ninguno de sus enunciados. Ni qué decir tiene que es rechazado.

El hecho de lanzar un borrador a la cabeza de uno de los miembros del tribunal tampoco ha debido de favorecerle demasiado.

Así es como llega de rebote a ingresar a la menos prestigiosa École normale, accediendo gracias a sus calificaciones matemáticas.

Mientras esto pasa cabe remarcar que él nunca llega a ver sus trabajos publicados en vida; la persona de la academia que los recibe fallece de forma abrupta y estos quedan olvidados en un cajón. Cuando Évariste ve que el premio es otorgado a un trabajo con puntos similares al suyo monta en cólera.

Rebeldía, rebeldía y rebeldía

Julio de 1830. Carlos X es obligado a exiliarse tras el levantamiento de los republicanos. Sin embargo, la alegría siempre dura poco en casa del pobre (republicano) y no tarda en llegar un nuevo rey: Luis Felipe de Orleans.

Galois, por supuesto, ha participado en todo esto de forma activa y lo ha hecho, por supuesto, del lado republicano.

Esto le vale la expulsión del École y la cárcel, acusado de sedición. Inicialmente es absuelto, pero la cabra siempre tira al monte y no tarda en volver a las andadas. Vuelve a ser juzgado y vuelve a ser condenado, pero esta vez sin absolución. Ocho meses a la sombra.

Un duelo final (y faltal)

Tras salir de la cárcel no tarda en volver a meterse en líos, aunque esta vez de faldas. Ya empecé contando que sucedió aquella última noche.

El 30 de mayo de 1832 amanece con un duelo a pistolas entre el campeón de esgrima del ejército francés y… nuestro protagonista: Évariste Galois.

Pierde, como no puede ser de otra forma tras conocer un poco su biografía. Al día siguiente fallece. De peritonitis. Marcha del mismo modo que ha vivido, por supuesto: de forma brillante. Su hermano Alfredo está llorando a su lado en la cama “¡No llores! necesito de todo mi coraje para morir a los veinte años”. Y se marcha para siempre.

Epílogo

En Argentina, cada 31 de mayo se conmemora el día del matemático. En su honor, es el día que falleció. También hay un cráter lunar con su nombre.

Rubén Blasco

Referencias

elpais.com

lavanguardia.com

Wikipedia

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