“Así se las ponían a Fernando VII”

Dicho popular

¿Te imaginas jugar al billar con los dedos y en una mesa de menos de un metro cuadrado? Pues he de decirte que no serías el primero; los indios y las indias (principalmente), llevan muchos años haciéndolo. Descubre el Carrom, un apasionante juego de habilidad que merece la pena probar.

Según cuentan las malas lenguas, Fernando VII era un gran aficionado al billar y por ello siempre animaba a que se enfrentasen a él los miembros de su camarilla. Ni que decir tiene, que estos ante la posición de su contrincante de mesa hacían todo lo posible por agradarle y que, finalmente, fuese el vencedor de la contienda. Tal fue así que estos “sparring” reales fueron puliendo su técnica de tal modo que conseguían colocar las bolas que habría de meter el Borbón para que pudiera hacer gala de su depurada técnica a través de carambolas. De ahí que se comenzase a utilizar la frase “así se las ponían a Fernando VII” cuando queremos referirnos a que alguien ha conseguido su objetivo cuando el resto le han ayudado para que las condiciones les sean propicias y aquel ni siquiera está enterado de tan dulce estratagema.

¿Jugar al billar con los dedos? ¿Es posible?

Antes de que se impusiera el uso de los smartphones era común que ante las noches de insomnio uno encendiese la tele con el objetivo de inducir el sueño. Pero a veces sucedía que echaban en Teledeporte algún tipo de disciplina que nunca se me hubiera ocurrido ver en condiciones normales y tras dos o tres horas uno pudiera saber distinguir un movimiento bueno de uno malo en curling, o esperando el siguiente “chute” de amoniaco ante el haltera desfallecido por su esfuerzo.

Una de esas prácticas hipnóticas era el billar y sus distintas variedades, francés, americano… con sus jugadores bien vestidos y sus carambolas imposibles.

Todavía recuerdo ver en algunos bares, todos ellos cerrados hoy día, mesas de billar sin troneras y un ábaco colgado en la pared para llevar el puntaje: el billar español (aunque realmente es francés), es otra variante que surgió en el siglo XVIII y que no tardaría en extenderse al resto de Europa.

Sin embargo, existe una variante, o tal vez un juego absolutamente distinto por peculiaridad y características, en el que no se utilizan bolas, sino fichas de madera, y estas no son impulsadas con un taco de madera sino con los dedos, como el clásico juego de chapas del patio de colegio.

Orígenes

Sus orígenes aún son inciertos hoy día; pese a que parece situarse en Nepal, en otras versiones se sitúa directamente en la India, lugar del que goza de mayor difusión. Pudiera haber existido un juego similar a este en el Egipto faraónico incluso en la Grecia clásica, en donde se nos mencionan juegos que parecen ser una versión más básica de la actual.

Otra versión indica que podría tratarse de una copia de más fácil realización del Snooker llevado por los invasores británicos .

El Carrom (Carrums, Karom o Karum según otras versiones), goza de gran difusión en el subcontinente indio, llegando a expandirse por toda Asia con sus propias variaciones locales. Es así como podemos encontrar diferentes versiones en Arabia Saudí, Kuwait, Yemen, Turkmenistán, Malasia, Indonesia…

Cabe remarcar que en lugares como China y Escandinavia (hasta aquí llegó el artilugio), se juega con pequeños tacos similares a los de nuestro billar. Los habitantes originarios de las islas Fiji, lo llaman Vindi Vindi, mueven el percutor que habrá de mover el resto de las fichas ubicándolo en una flecha que rebota fuera de sus dedos.

La “All Indian Carrom Federation” y la expansión al resto del mundo

Como puede intuirse ante las variedades del juego que existían en cada variante local se aplicaban sus propias reglas. Por lo que no fue hasta los años 50 del siglo pasado (concretamente 1956) cuando se consiguieron unificar las reglas y darle uniformidad al juego. Para ello se conformó la All India Carrom Federation, y posteriormente se publicó el reglamento oficial de Carrom.

Fue a partir de esta fecha y con el influjo de la cultura asiática en occidente que el Carrom comenzase a extenderse por Europa y los Estados Unidos. Así fue cómo surgió la idea de la Federación Internacional de Carrom  (ICF), a partir de la cual comenzaron a organizarse competiciones internacionales, torneos que, por otra parte, dominan los jugadores británicos y alemanes.

En España hubo un miniboom del juego a partir de que comenzasen a importarse en los años 80 tableros de la India y se llegó a plantear la posibilidad de crear una federación española. Sin embargo, el proyecto no terminó de cuajar debido a la falta de jugadores locales y la poca aceptación que logró dentro de nuestras fronteras, en parte, por culpa de la aceptación del billar como hermano mayor.

El tablero, auténticos objetos de culto

Los tableros son auténticos objetos de culto. En España es todavía relativamente difícil conseguir uno. El “terreno de juego” necesita una medida de 74 cm², sin embargo, se necesita mayor extensión debido a que la longitud de los bordes resulta de vital importancia con el fin de conseguir los rebotes deseados.

A ello se añade el hecho de que han de ser fabricados en madera; la superficie ligeramente rugosa necesita ser aderezada con diversos polvos (fécula de patata, ácido bórico…) con el fin de que las fichas se deslicen del modo deseado. A ello se añade de que lo recomendable es que el grosor del tablero tenga como mínimo 10mm de ancho, de lo contrario con el tiempo podrían deformarse. Una de las causas de esto es que en la India es tradición que el tablero dure, no solo, toda una vida, sino que estos suelen pasar de generación en generación.

Pero… ¿Cómo se juega?

Es cierto, estoy hablando de un juego y todavía no he explicado cómo se juega; no es lo que más me interesa (para eso existen mejores formas de observarlo).

Sin embargo, podría definirlo como una mezcla de billar (con únicamente cuatro troneras en lugar de seis), ice hockey (el típico juego que se jugaba en los recreativos y que salía aire de debajo de la mesa) y las tan clásicas chapas.

Existen diversas versiones para poderlo jugar en el teléfono móvil, pero he de decir que nada como la sensación de golpear el percutor, calcular la trayectoria, el sonido al rebotar en la madera y porque no decirlo… conseguir (finalmente) acertar un golpe.

El mejor modo de verlo es a través de un video explicativo.

Carrom vs Crokinole

Navegando por internet, me encontré en un foro un debate que merece la pena sacar a colación sobre todo debido a su interés antropológico: un forero se preguntaba por qué el Crokinole (otro juego cuya mecánica recuerda también a las chapas y que daría para otro artículo) copaba siempre posiciones altas entre los juegos mejor valorados y el Carrom (por el contrario, y siendo a priori un juego más completo) quedaba siempre olvidado. En muchas de las respuestas que se dieron podría hacerse referencia al término acuñado por Pierre Bourdieu y el “capital cultural”; la que podríamos definir como la acumulación de cultura propia de una clase, que heredada o adquirida mediante la socialización, tiene mayor peso en el mercado simbólico cultural, entre más alta es la clase social de su portador.

El Crokinole por su parte es un juego de origen canadiense y cuya cercanía con la cultura de los Estados Unidos de América provoca que, no olvidemos, al ser la fiebre actual que existe por los juegos de mesa una exportación más del estilo de vida estadounidense (a pesar de que existe un género propio conocido como “eurogames”) sea más cercano para nosotras y más fácilmente exportable. Por su parte el Carrom, como ya hemos dicho, se localiza en el subcontinente indio, provocando que nos llegue como un juego más “exótico” (la otrerad y sus otrerades)…

Pero… si todo esto no hubiera sido suficiente te dejo a continuación una partida entre dos de los mejores jugadores del mundo.

Rubén Blasco

Referencias

www.carrom-online.com

www.casaasia.es

www.wikipedia.es

carrom.com

www.cuartodejuegos.es

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