La felicidad es sólo un estado de consciencia espacio-temporal, que a lo largo de la historia muchas sociedades han creído haber encontrado en su entramado cultural. Pero el viaje hacia la felicidad está y no está en este mundo, y donde hay muchos mundos: “en mi mundo hay muchos mundos”.

Una noche me fui a dormir tristemente disgustado con este mundo, con los avatares que se producen en todo este espacio de tiempo, y que los organismos vivos tienen la oportunidad de vivir. Y digo vivir, porque si vivir es sobrevivir en este mundo lleno de guerras, muertes, desigualdad, odio, dolor, codicia, enfermedad, etc., ¿cuál es realmente nuestra función? ¿Machacar y avasallar al otro? ¿Estar preparado para repeler un ataque? ¿Vivir, oír, callar y mirar? ¿Hacer lo que hace la mayoría de mortales humanos? Decliné mi búsqueda porque tenía más preguntas que respuestas. Así que decidí irme a dormir. Y esa noche no fue una noche cualquiera, porque no recuerdo muy bien cuanto tiempo pasó y en cuantos lugares estuve. La cuestión es que estuve buscando una felicidad que no encontré durante mi viaje.

No sé porqué estuve en aquellos lugares remotos de mi vida actual, pero sé que todo comenzó bajo un ilustre pensamiento mientras estuve horas observando el movimiento de la Luna. En ese momento, empecé a no sentirme de este mundo, tan sólo un ser vivo convertido en humano. O concretando mucho mejor, me sentía una fuente de energía agotada y a punto de desconectar de lo que en ese momento empezaba a sentir. Pero algo sucedió: ¡me quedé dormido!

Aparecí en un lugar que no sabría recordar, pero había un Sol que se agradecía al principio, y conforme pasaba el tiempo, empezaba a agobiarme. Allí había gente, como en la mayoría de los lugares en los que recuerdo que estuve. Pues bajo el adorable Sol, se compartía un silencio angelical y todo era paz. Así pasaban las horas o los días, no lo recuerdo con exactitud. Lo que recuerdo es que hablaba con habitantes de la zona, y podía ver en sus rostros la tristeza de la apariencia bajo una sonrisa que era indudablemente fingida. También allí había dolor y sufrimiento, como en mi mundo.

De pronto aparecí en un lugar lleno de humedad y en zona muy verdosa; para mí que era una selva, y que esa gente que vivía allí, nunca habían conocido nada del otro mundo donde yo habitaba. La convivencia fue muy agradable y estuve muy a gusto con esos indígenas. Y a pesar de que nos entendíamos perfectamente, tampoco supieron dar respuesta a lo que buscaba. También encontré sufrimiento, muerte, desgracias, etc.

El siguiente salto tuvo que ser en una época muy remota, porque nadie conocía de lo que le hablaba. Casi todo lo que yo preguntaba o decía, se lo tomaban como una amenaza. Así que decidí dejarme llevar y acostumbrarme a mi nueva cultura. Al fin y al cabo aparecí allí, y no podía salir de ese lugar ni tampoco podía hacer otra cosa.

Tenía todo el tiempo para observar y pensar, y aunque de nada servía, reflexioné algo: “Los sueños están albergados en un estado de subconsciente y es imposible controlarlo; a diferencia de nuestra consciencia, que sí podemos malearla”.

Pasé mucho tiempo viviendo en ese lugar lleno de frío y con unas nevadas que empezaba a causarme un trastorno en mi mente. Pero a pesar de las condiciones de vida tan duras que allí vivía, ¡me enamoré!; de alguien que todavía recuerdo a día de hoy. Esa historia fue curiosa, porque aunque fuera un sueño, yo allí era consciente de todo. Podía esconderme de ellos, mentir, robar, sentirme capaz de ser más listos que ellos, etc. Pero allí nada de eso tenía sentido porque la vida era sencillamente sencilla. Se vivía en grupo y cada miembro o cada grupo de familia tenían su cometido. Había una persona que era la encargada de organizar todo, y ningún habitante reprochaba nada. Si éste decía que había que matar a un niño porque había molestado a los dioses, y se habían enfadado provocando escasez de alimentos, a pesar del dolor de los padres y familiares, se producía el infanticidio. Los miembros del grupo no se cuestionaban nada y seguían las indicaciones de su líder.

Seguía inmerso en mi duda, con un fuerte dolor de cabeza, y aparecí en otro lugar que tampoco pude recordar. Lo que sí había, era muchos edificios altos, mucha gente y un movimiento de transporte donde cientos de personas entraban y otras salían. Las lujosas calles que estaban rodeadas de una arquitectura moderna, vanguardista, e intentando imitar la perfección para la óptica humana, acogía en sus alrededores a mucha gente mendigando, malviviendo y convertidos socialmente en una escoria si lo comparamos con la otra gente que iban de un lugar para otro con unos rostros aparentemente saludables y felices. Había mucha gente durmiendo en mitad de parques, lugares sucios y con abundante basura donde había más gente tirada por todos lados.

Costaba trabajo pensar en una respuesta a lo que estaba viendo. De hecho no lo conseguí por más vueltas que le daba a mi cabeza. Seguía sin entender lo que veía. Empezaba de nuevo a sentir escalofrío y ansiedad porque no sabía cuánto tiempo tenía que permanecer en ese lugar. Pero yo seguía andando por las calles, como si esos lugares fueran para mí de toda la vida, porque la gente que me saludaba lo hacía como si yo los conociera desde siempre, e incluso hablábamos de temas insignificantes; que tampoco recuerdo. De lo único que me acordaba era de ese amor tan frío que me acompañaba desde aquel lugar. No tenía cara ni forma física, ni siquiera sabría si se trababa de una persona de la que “creo” que me enamoré. Dudé incluso hasta de mi duda de lo que dudaba. Seguía sin entender nada, porque no sé qué era lo que quería, no sabía que tenía que hacer en ese lugar, porque de nuevo simplemente opté por dejarme llevar por lo que veía de las demás personas.

Todo era tan extraño que mi consciencia se encontraba en un estado de bloqueo continuo cuando quería pensar en alguna estrategia para salir de allí. Pero no, mi consciencia no me daba para eso. Podía interactuar con los demás, engañarlos, mantener conversaciones ficticias que no llevaban a nada, sentir a las demás personas empatizando con las cosas que me contaban de su vida, pero seguía sin encontrar lo que buscaba.

De nuevo sentía el dolor por la humanidad en un mundo que sin fronteras o con ellas, cada cual en su entorno cultural vive su vida. Al final es a lo que te acostumbras. Parece ser que es así como hay que vivir la vida. Y nadie por sí mismo puede hacer nada, cambiar nada ni salir del mundo en el que vive. A menos que la humanidad esté unida y cree consciencia universal para volver a nuestros orígenes. Quizás ahí se destapó una de mis dudas, me convencí de que quizás ese pudiera ser el Camino de la felicidad, una felicidad que nada tiene que ver con este mundo material, sino con otros mundos que habitan en nuestro mundo. Por ello despojé una de mis dudas mientras un profundo sueño me arrastró aquella noche. Y es que la oportunidad de vivir no es solo la de alcanzar las expectativas intelectuales ni materiales. Tenemos una función más vital que sobrevivir intentando buscar la felicidad. Una felicidad que nunca nos llegará, pero que el hombre-yo estará cada vez más convencido de que ése es el progreso que está escrito en los textos más antiguos de la historia de la humanidad reciente (al menos esa es la interpretación que la mayoría de los seres racionales ha encontrado como única verdad). Y así viven y reivindican la gran totalidad de los seres humanos, que al fin y al cabo buscan incesantemente la felicidad en un mundo que se mueve por fuerzas energéticas, convencidos de que éste es el camino porque así nos lo han hecho ver durante cientos de miles de años.

Mientras escribo estas palabras, no sé en qué estado de consciencia me hallo, ni siquiera sé si estoy despierto o sigo dormido sobre la última Luna que recuerdo, el último pensamiento que dudando tenía, e inmerso en un lugar remoto donde sigo sin entender nada. Ni siquiera sé quién soy ahora mismo, ni dónde estoy, y qué hago aquí o qué he hecho.

Estoy sin estar con ustedes, porque nunca me entenderéis.

Andrés López

www.pdf24.org    Enviar artículo en formato PDF   

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

WP Twitter Auto Publish Powered By : XYZScripts.com
A %d blogueros les gusta esto: