La verdad es que no sé por dónde empezar. Cada vez que enciendo la tele u oigo las noticias me quedo más sorprendida de lo que oigo, veo y de lo que algunos, que se creen con todo el derecho, proponen.

Vox ha propuesto, y ya lo está llevando a cabo al menos en una comunidad, el llamado Pin parental. Esto a grandes rasgos es una herramienta para que los padres puedan vetar contenidos en las aulas.

Según estos señores y señoras, este Pin es una solicitud escrita que va dirigida a los directores de los centros educativos en los que los padres piden que se les informe previamente a comienzo del curso, sobre cualquier charla, taller o actividad que afecte a cuestiones sobre la identidad de género, el feminismo o la diversidad LGTBI, de tal forma que los progenitores puedan dar su consentimiento para que su hijo o hija asista o no. Según ellos, estos contenidos pueden ser dañinos para la conciencia y la intimidad de los menores, y sus familias saben mucho mejor que los profesores, lo que es mejor para sus hijos e hijas.

Esto, en el fondo esconde, aunque Vox no lo reconozca, un adoctrinamiento ideológico y uniformar opiniones y pensamiento.

La educación no es una obligación, es un DERECHO con mayúsculas. Y esto no solo implica las matemáticas, literatura, biología, inglés, que son las asignaturas “regladas” en todo sistema educativo, sino que también se tienen que “conocer” la realidad social en la que vivimos y materias que nos hacen formarnos como personas y seres humanos con capacidad de pensar y decidir con criterio propio y libremente.

Lo que propone Vox rompe con la igualdad y con esa formación integral con la que deben contar los niñas y niños que ahora se están formando. Una formación en valores como son la empatía, la educación afectivo-sexual, la educación para la igualdad, la tolerancia y la diversidad.

Dicen que no existe la violencia de género, que es “yihadismo de género”, por lo que quieren derogar la “Ley de Violencia de Género” ya que solo victimiza a los hombres, fomenta la desigualdad entre hombres y mujeres.  No es un problema social, sino que es una intromisión judicial en la vida privada de los ciudadanos. En esta misma línea, quieren sacar el aborto de la Sanidad Pública, fomentar “la familia natural” y derogar también la Leyes contra la discriminación por razones de orientación e identificación sexual, pilares del colectivo LGTBI y de esta manera no fomentar el discurso sobre las identidades de género. Según ellos, conceptos falsos como el de género vulneran los derechos fundamentales y privilegian a unos grupos y a otros no, generan guerra de sexos y corrompen la lengua por motivos ideológicos y enrarecen hasta la extinción las relaciones heterosexuales.

Ante este discurso el colectivo LGTBI, sindicatos y diferentes colectivos como ONGs, han pedido blindar los contenidos afectivo-sexuales en Educación. Como dicen SaveTheChildren “el discurso de la ultraderecha vulnera gravemente el derecho de cada niño y niña a una formación integral como recoge la Convención de los Derechos del Niño, ratificada por España”

Debemos recordar que la educación afectivo-sexual es importante en la formación integral del niño y la niña y adolescentes. Más allá del conocimiento biológico, explican los procesos tales como la construcción de la identidad de género o las relaciones afectivas en el ámbito de las diferentes culturas. Es hablar de autoestima, de igualdad, de placer, de respeto hacia las diferentes orientaciones sexuales, entre otras muchas cosas.

Vivimos en un país aconfesional, aunque no lo parezca, y, en la Educación pública los currículos educativos están regulados por ley. El Gobierno Central junto con las diferentes Comunidades Autónomas, consejos escolares y AMPAS, tienen las competencias para preparar y organizan los currículos escolares. Las materias a impartir no pueden estar “dirigidas” por los padres y madres. Además, hay opciones en función de la educación que se quiere dar a los hijos ya que existen centros privados y religiosos.

No se puede usar la Educación como moneda de cambio para intereses políticos, como está sucediendo en estos momentos en algunas comunidades autónomas, y utilizar la escuela como lugar de combate ideológico. Los niños no son propiedad de nadie. Estamos aquí para ayudarlos a crecer y convertirse en adultos autónomos y con criterio propio.

Vox dice que pretenden garantizar “la libertad de educación y de pensamiento”. Según mi opinión, sus pretensiones solo nos retrotraen a épocas anteriores, una sociedad con pensamiento único y donde la libertad de expresión, pensamiento, actuación… brillaban por su ausencia.

                                                         Amaia Castresana Palma

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