Ayer, 27 de Enero, se conmemoró la liberación de Auschwitz-Birkenau. Muchas veces nos hemos preguntado ¿cómo fue posible? ¿podría suceder algo similar en la actualidad?
Zygmunt Bauman ya nos previno de que el holocausto no fue un «lapso accidental» sino una consecuencia lógica de la civilización moderna y su obsesión con la ingeniería social. Y es que las herramientas del hombre blanco occidental han sido, a priori, tan inocentes como devastadoras: religión, civilización, progreso… y ahora como síntesis de todas ellas la economía de mercado.
Pese a las palabras del ilustre sociólogo aún vemos todo esto mas fruto de serie conspiratoria o libro en el que se narran distopías que de algo que podamos llegar a ver con nuestros propios ojos.
Por otra parte desde muchos rincones del planeta se mira con cierta envidia sana el modelo escandinavo; la capacidad que tienen de, sin salir del modelo económico predominante, gozar de un estado del bienestar capaz de disminuir la distancia social entre sus habitantes.
Hasta que nos enteramos de que el parlamento danés aprueba un plan para despojar los bienes de los refugiados, entre otras cosas esta ley ofrece la posibilidad de que la policía podría registrar a los solicitantes de asilo a la llegada a Dinamarca y confiscar cualquier artículo no esencial con valor de mas de 1.340€ y, eso sí, no tenga valor sentimental para el incautado. Que, hemos de dejar claro, una cosa es ser refugiado, con su correspondiente estética de la pobreza, y otra muy distinta vagar por Europa con cara de tristeza por huir de tu país con objetos valiosos. Migrante o refugiado si, pero pobre.
Y al leer esta noticia el bueno de Bauman se me ha aparecido como un espectro recorriendo el parlamento danés.
Feliz Jueves
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