Decía Camus que la única cuestión filosófica que tenía realmente importancia era la decisión que tomábamos diariamente de no suicidarnos. Viviendo en la era postfordista el castigo al que fue sometido Sísifo, el estado se plantea seguir subiendo la edad de jubilación debido a que, según justifican, la esperanza de vida ha aumentado “considerablemente” y es el único modo de salvar “la hucha de las pensiones” – y de tener un colchoncito con el que rescatar carreteras abandonadas cuya lógica de la oferta y la demanda ha abocado al fracaso financiero.

Este aumento con el que se conjugaría menos años de pensión, y más años de cotización (o de paro, el que todavía tenga) incide en la situación de que muchas familias intentan sobrevivir con la pensión de sus mayores (esa generación que tuvo que sacar adelante a sus hijos para posteriormente añadir a sus nietos a estos).

Es pues, cuando la cuestión filosófica fundamental según Camus y la obcecación de nuestros mayores a seguir con vida se convierte en una cuestión de rebeldía para seguir dejando la hucha de las pensiones sin fondos para salvar la cartera de los hombres de negocios, e intentar alimentar a aquellos que llevan años en la cola del paro.

¿Hacia dónde nos encaminamos cuando seguir vivos es un acto revolucionario?

Feliz Martes

Anthropologies

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