El mundo occidental en general, y Europa en particular, ha demostrado su solidaridad en la historia reciente; la formación de una nación como los Estados Unidos de América a partir de inmigrantes de diversos lugares del continente europeo (con la sombra aún de la hipótesis calvinista como clave en este nuevo asentamiento en otro continente), la creación de un nuevo estado para el pueblo judío -conformado también por personas de muy diversa procedencia cuyo nexo de unión es un mismo credo religioso- en un lugar completamente nuevo, y por qué no decirlo; también mas allá de las «fronteras europeas». A ello ha de añadirse la unión ante enemigos comunes, la lucha en contiendas ante agresiones «externas», y las muestras de dolor planetarias cuando se produce una desgracia entre sus poblaciones; los atentados del 11 de Septiembre, los mas recientes de París o los de Madrid.
Sin embargo esta solidaridad nada tiene que ver de puertas hacia fuera, allí donde no es Europa: los muertos no tienen la misma valía aquí que allá. Y los derechos humanos únicamente son derechos para según que humanos. Es por ello que Europa ha demostrado de nuevo su hacer en esa modalidad de fraternidad – tan bien promulgada durante la revolución francesa, y copiada durante la norteamericana- etnocentrista hacia los no-europeos; mostramos nuestras condolencias para con el pueblo sirio, de hecho su enemigo es nuestro peor enemigo en estos momentos a falta de otro mejor (con el empacho que tenemos de imágenes de refugiados llevamos tiempo sin verles degollando a nadie), pero si es por nosotros -los europeos- mejor que no crucen, que se ahoguen en el mar. Y tanto es así que en estos tiempos de crisis, de desaceleración económica, no nos importa inyectar un buen pellizco a Turquía (a esos que miramos con el ceño fruncido al querer ser europeos pero sueltan demasiado aroma a musulmán) para contenerlos.
Y de repente la solidaridad es para según quien, el premio Nobel de la paz se le da a un grupo de gente que pretende aniquilar con sus decretos a millones de personas (sirias). Lampedusa e Idomeni no nos dan tanta pena como Charlie Hebdo, los mismos que durante décadas estuvieron proscritos. Erdogan ya no es un peligroso islamista si no un buen aliado y casi europeo, por mucho que derribe aviones rusos. Tenemos que unirnos frente al Daesh y hacerles frente, tenerles miedo, pero solo son malos contra los europeos, si es contra el pueblo sirio son problemas internos y no podemos hacernos cargo. Y Al-Ásad es malo o bueno dependiendo de la semana, o del día: si lucha contra Daesh es bueno, si nos manda muchos sirios malo.
El mundo se ha vuelto loco (o tal vez ya lo estuviera y lo observamos como un «reality»).
Feliz Lunes
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