El mundo femenino de Hitchcock

11 noviembre, 2016

Alfred Hitchcock sentía por las mujeres “una extraña mezcla de adoración y desprecio” según el ensayista norteamericano Donald Spoto, quien tras publicar una completa biografía sobre el realizador de “Vértigo” dedica en su obra “Las damas de Hitchcock” a describir sus problemática relaciones con las actrices de sus films.

Si hablamos de cine y de género, no podemos pasar sin hablar del director Alfred Hitchcock y de su peculiar relación con las mujeres.

Si hay un cine donde toman una especial relevancia las mujeres es en las películas de este director, donde son protagonistas de todas sus grandes películas. Pero ¿Cómo son los personajes femeninos? y sobre todo ¿Cómo son tratados por el director?

Según el ensayista norteamericano Daniel Stopo, Alfred Hitchcock sentía por las mujeres “una extraña mezcla de adoración y desprecio y si en estos momentos viviera, seria denunciado por acoso sexual”. El director tenía un humor obsceno y una ironía hiriente, en el mejor de los casos y el maltrato físico y psicológico unido al acoso sexual sin atenuante, y que se hizo patente con muchas de las actrices, durante el rodaje de sus películas.

Alfred Hitchcock le encantaban las mujeres estilosas y rubias y en sus historias se regocijaba pervirtiendo la imagen frío-glamurosa de la rubia inalcanzable en situaciones llenas de sutil sensualidad, ya sea con besos, abrazos, miradas, andares o exhibiciones en ropa interior o en la ducha. Lo que Truffaut más o menos llamo “Teoría del erotismo helado”.

“Las rubias hacen mejor de víctimas. Son como la nieve virgen que muestra las huellas de sangre”. La frase de A. Hitchcock es bastante ilustrativa de sus dos grandes obsesiones: las rubias y el suspense.

Hitchcock, tenía fama de prepotente y misógino. Le encantaba ser adorado y ser el centro de atención en todas las conversaciones. En cuanto a las mujeres, sentía predilección por las rubias “nórdicas”, porque consideraba que eran misteriosas y frívolas.; eran más fáciles de fotografiar en blanco y negro y de resaltar su elegancia y frialdad. Tenían que ser rubias y si no se teñirían. Y sobre todo, tenía que sentir que podría modelar a su antojo, lo que da a entender a través de las películas, una imagen de la mujer sumisa y necesitada de la figura masculina para resolver airosa de las situaciones. Es decir, las mujeres no cuentan sus propias historias ni controlan su propia imagen, sino que están ideológicamente instaladas en función del patriarcado (Teoría feminista fílmica). El discurso de la mujer esta sistemáticamente ausente o reprimido y que el discurso dominante trasmitido por este medio de comunicación de masas es el masculino.

Alfred Hitchcock adopta una ambivalencia con respecto a las mujeres por un lado, las agrede en defensa de los valores patriarcales y por otro lado, se siente fascinado por su presencia y a la vez le resultan perturbadoras.

Fueron muchas las actrices que pasaron por sus películas, pero posiblemente las más relevantes y las que más le sufrieron fueron:

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Madeleine Carroll. Esta actriz inglesa protagonizo “39 escalones” y “El agente secreto”. Durante el rodaje de “39 escalones” pasó casi todo el tiempo esposada al brazo de Robert Donat por capricho de Hitchcock.

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Joan Fontaine. Rodó con el director “Rebeca”. Hizo que la actriz repitiera varias veces la misma escena y no contento con la expresión que exigía el guión la abofeteo hasta hacerla llorar para a continuación exclamar: “corten, perfecto. Toma perfecta”. Control absoluto sobre ella.

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Ingrid Bergman. Rodó con el director “Recuerda”, “Encadenada” y “Atormentada”. La mimo y reescribió un dialogo sobre el guión de “Recuerda”, aunque ella no veía creíble la historia de amor y se veía incapaz de trasmitir lo que Hitchcock le pedía en algunas escenas.

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Grace Kelly. Rodó con Hitchcock tres películas: “Crimen perfecto”, “La ventana indiscreta” y “Atrapa un ladrón”. Era su prototipo de rubia soñada y la actriz llego a confesar que el director estaba obsesionado con ella y que llego a sentirse incomoda. Quiso moldear su frialdad y sensualidad y la vistió a su antojo en las películas para que pareciera como una figura de porcelana intocable.

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Tippi Hedren. Fue la protagonista de “Los pájaros”. Fue la que más acuso “el sádico comportamiento” del realizador, que no dudo en someterla al ataque real de las temibles aves o exigirle que “estuviera sexualmente disponible para él donde y siempre que él quisiera”, recuerda la actriz en un fragmento del libro de Stopo.

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Janet Leigh. También pareció el comportamiento sádico del realizador. Fue obligada a rodar desnuda la famosa secuencia de la ducha de “Psicosis”. Llego a confesar el director tenía una mente retorcida.

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Kim Novak. Rodó con el director “Vértigo”. Quiso transformarla en su ideal femenino, pero la trato despreciativamente durante el rodaje. La modelo desde el peinado pasando por el maquillaje y el vestuario.

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Marlene Dietrich. Rodó con Hitchcock “Pánico en la escena”. A ella no pudo moldearla ni guiarla en la filmación. Solo se dejaba guiar por un varón, su astrologo. El realizador dijo luego de ella: “Marlene no movió un dedo en el rodaje sin consultarlo antes con su astrólogo; tendrían que haberlo puesto en los títulos de crédito”.

Fueron también actrices: Vera Miles, Caroll Lombard y Julie Andrews.

Lo que se puede deducir de todo esto es que en Hitchcock se percibía una mezcla de profunda fascinación con una vena sádica que al parecer también mostraba en la vida real, al menos en lo referente a su retorcido sentido del humor. En su cine las mujeres solían ser extremadamente pasivas y vulnerable, lo que invito a muchos a especular sobre el deseo del hombre por conquistar la sexualidad oculta de estas mujeres inaccesibles. Hay otros que, por el contrario, encuentran en sus películas un atisbo de feminismo, como declara el director James Gray en el documental Truffaut/Hitchcock. Se ha exagerado ciertos rasgos o se ha pretendido psicoanalizar al director, señalando su obsesión con las mujeres de cabello rubio y con un físico refinado y elegante. O el que su cine contuviese altas dosis de sexualidad, que no de sexo, transmitidas con maestría. Según Hitchcock, mujeres como las de sus películas – refinadas, altivas – escondían su sexualidad bajo un velo de sofisticación, y él quería que el espectador descubriese esa sexualidad durante la película y que no la diese por hecho antes como si sucedía con actrices con fama de ser más “carnales”. O dicho en sus propias palabras, “quería mujeres con aspecto de maniquí, autenticas damas que se convierten en verdaderas putas cuando están en la alcoba”. Esta explotación de una fantasía masculina bastante básica – conquistar la sexualidad oculta de una mujer aparentemente inaccesible – hizo que muchos quisieran trazar paralelismos entre las películas de Hitchcock y su propia sexualidad, aunque esto, claro está, es terreno especulativo.

También decir que todas estas interpretaciones se hacen sobre el conjunto de toda su obra porque, como en todo, hay excepciones y matices.

                                                                                    Amaia Castresana Palma

Referencias

  1. Muller, M. (2009). Estudios de género(s) cinematográficos.
  2. Las mujeres de Hitchcock, vogue.es
  3. Las rubias musas de Alfred Hitchcock, abc.es. 2012
  4. Arranz, F.(dic). Aguilar, P. Callejo, J., Pardo, P., París, I., Roquero, E. (2010). Cine y genero en España. Una investigación empírica. Editorial Cátedra, Madrid
  5. Lema Trillo, E.V. (2003). Los modelos de género masculino y femenino en el cine de Hollywood.
  6. Spoto, D. (2009). Las damas de Hitchcock. Editorial Lumien.
  7. Documental Hitchcock/Truffaut. Basado en el libro El cine según Hitchcock. Francois Truffaut. 1962

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