«El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en ese claroscuro surgen los monstruos» – Antonio Gramsci

Ayer fuimos testigos de lo impensable. Ayer volvió a rimar la historia. Ayer, 9 de noviembre, era el Día Internacional contra el fascismo y el racismo; era el 27º aniversario de la caída del Muro de Berlín; era el día que, 78 años antes, comenzaba el Holocausto con la Noche de los Cristales Rotos. Ya puede añadirse otro acontecimiento más a la lista. Un acontecimiento nefasto para las minorías y para el medio ambiente. Todavía sentimos la resaca de un día tan polémico y agitado como el de ayer. Un día en el que una sola persona, a más de 6000 km de distancia, monopolizaba las redes sociales y conseguía distraer a la mayor parte del mundo. EEUU tiene ese poder sobre el resto. Si EEUU estornuda, el mundo se resfría. Y se ha elegido a un presidente que estornuda demasiado. Un presidente que, durante su campaña electoral, no ha tenido ni la decencia ni la inteligencia de ocultar su misoginia, xenofobia, clasismo, sexismo y racismo. Lo más triste de todo es que ha salido electo, con su indecencia y su falta de inteligencia, con su no saber estar, con su impulsividad, con su falta de competencia. Y algunos esperan que, ahora que se va a sentar en el despacho oval, no ponga en práctica sus políticas agresivas y antisociales. Bendita ingenuidad. Es cierto, Hillary Clinton no era una buena opción a elegir tampoco. Una candidata (mujer, hay que decirlo) que representa la corrupción, los interminables conflictos bélicos, las políticas neoliberales que tanto criticamos pero que todos nos resistimos a abandonar, etc. Muchos dicen que se trataba de elegir entre lo malo y lo peor. Y se comprueba que el bipartidismo es un cáncer con metástasis en el mundo. Y que el resto de partidos no existen, aunque los haya. Y se comprueba que la población no hace absolutamente nada por cambiar la mentalidad, ni las políticas agresivas, ni la economía depredadora, ni mueve un dedo por el cambio climático. Este es el mundo que dejaremos a nuestros hijos. Un entrevistado dijo que había votado a Trump porque prefería a un loco que a una corrupta. Este es el mundo que estamos creando. Noam Chomsky tiene razón cuando dice que “Trump es el resultado del miedo y de una sociedad quebrada por el neoliberalismo”. Y mientras se celebra el aniversario de la caída del Muro de Berlín, hoy se levantan otros tantos muros a este y al otro lado del Atlántico; muros que no nos protegerán de nosotros mismos; muros que seguirán dividiendo nuestro mundo y destruyéndolo.

Susana Callizo

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