Esta serie de artículos pretende analizar las características estéticas de la arquitectura franquista del Madrid de la posguerra. En este segundo artículo se analizarán algunos de los monumentos más emblemáticos, como el Valle de los Caídos, el Ministerio del Aire y la Ciudad Universitaria. En el próximo número se cerrará la serie con el tercer y último artículo, donde se continuará con el análisis de otros monumentos característicos de la época, así como con una reflexión a modo de conclusión.

Algunos hitos de la arquitectonia franquista madrileña

 

Presentada ya la base ideológica sobre la que se fraguó el arte franquista, en los siguientes apartados se tratará de analizar la estética de algunos de los hitos más representativos de lo que era considerado como el supremo arte del Estado: la Arquitectonia. La Arquitectonia era arte, función y esencia del Estado. La primacía del Estado era la primacía de lo arquitectónico.

Los edificios presentados en este trabajo se encuentran ordenados cronológicamente en base a la fecha en la que fueron comenzados a construir. Su diseño y significado simbólico fueron definidos en clara sintonía con las etapas por las que transitó el franquismo durante la posguerra, pasando desde un cerrado inmovilismo nacionalista hasta un aperturismo acorde con la situación política internacional:

  1. Preponderancia falangista: 1939-1942
  2. Predominio de los valores “iglesia y familia”: 1943-1945
  3. Aislamiento internacional: 1945-1948
  4. Ayuda americana: 1949-1952

El valle de los caídos: máxima expresión del nacionalcatolicismo

 

“La arquitectura es la voluntad de una época traducida en espacio”

Ludwig Mies van der Rohe

 

El Valle de los Caídos es básicamente una obra personal de Francisco Franco. Él tuvo la idea original, seleccionó el lugar de ubicación y realizó un seguimiento del proyecto. Ya en 1939 expresó su deseo de construirlo, comenzando las obras en 1941 y finalizando en 1959.

El monumento es esencialmente romántico, contrastando radicalmente con el cercano edificio de El Escorial. Al contrario de éste, que permanecía insensible al paisaje, el Valle de los Caídos es un conjunto disperso de elementos arquitectónicos subordinado al entorno paisajístico de Cuelgamuros, en la Sierra de Guadarrama. La finalidad de la obra era ser escuela, monasterio y santuario para recordar siempre la guerra, el dolor y la sangre derramada. Según las palabras del dictador: “El Escorial es el monumento de nuestra grandeza pasada, y la basílica y anejos del Valle de los Caídos, el jalón y base de partida de nuestro futuro”.

Emblema del colosalismo, es el símbolo por antonomasia de la unión de los mitos: Unidad, Orden, Nación, Jerarquía, Iglesia, Religión, etc. y sepulcro de Franco y de José Antonio Primo de Rivera, así como de los reconocidos como caídos del bando sublevado. Obviados y no reconocidos se encuentran allí enterrados miles de combatientes que dieron su vida en defensa de la República, englobados dentro del lema “Caídos por Dios y por España”, como reza en los dinteles de las puertas de acceso a la cripta dentro de la basílica. Se contempló la opción de poner los nombres de los sepultados, pero finalmente esto no se llevó a efecto. De esta forma, al no dar reconocimiento a una parte de las víctimas incluyéndolas a todas de una manera uniforme y mezclada, sepultadas en los flancos de la estructura, con las tumbas de los jerarcas bajo el suelo del altar mayor, y todo dominado por una cruz de 200.000 toneladas de peso, con brazos de 40 metros de longitud y 150 metros de altura desde su base en el exterior, parece proyectarse no una idea de paz, sino de sometimiento y dominación eternos. El sentido cristiano del monumento es la paz, pero entendida como alianza que durante aquellos años mantuvieron en España la religión y el poder.

En el conjunto arquitectónico se hacen no pocas referencias al esplendor de la España imperial del siglo XVI: los cuatro juanelos que dan acceso por la carretera al monumento, tallados en época de los Austrias; la gran reja en el interior de la basílica inspirada en las grandes obras de este género del siglo XVI en España, las cinco capillas basadas en el estilo arquitectónico de Felipe II y, por supuesto, el lugar estratégico donde está ubicado el monumento: las inmediaciones del Monasterio de El Escorial.

Esta obra de Pedro Muguruza y Diego Méndez se llevó a cabo en unos años muy difíciles debido al estado del país tras la Guerra Civil, la Segunda Guerra Mundial y los problemas derivados del aislamiento al término de ésta. Las empresas empleaban como trabajadores a aquellos presos de guerra que optaban por acogerse al sistema de “redención de penas por el trabajo”.

El interior de la basílica horadada en la roca, de 260 metros de longitud, emana un simbolismo militar-religioso que queda evidenciado en los tapices del Apocalipsis, las esculturas alegóricas de piedra de las Fuerzas Armadas, los arcángeles vigilantes, las pinturas policromadas de santos, entre ellos Santiago a caballo rodeado de ángeles; los bajorrelieves de diferentes Vírgenes patronas de ejércitos, etc.

El monumento es un símbolo del poder político y la religión católica, defendidos y protegidos con uñas y dientes por el ejército: la cruz y la espada, empuñada por la patria. La totalidad del conjunto está construida en granito. La piedra era un bien de lujo en aquella época y símbolo de prestigio, nobleza y poder. Piedra como símbolo de eternidad: la petrificación de la ideología franquista.

La escultura de la Piedad, de Juan de Ávalos, situada sobre la puerta principal de acceso y bajo la colosal cruz, obra del mismo autor, muestra asimismo esa unión de religión y política, incluyendo a la familia, otro de los mitos del nacionalcatolicismo. La mujer, la Madre Patria, llora la muerte del herido en batalla, del hijo del Estado, de su hijo, igual que la Virgen María lloró la muerte de Jesús.

 

Autoridad castrense: el ministerio del aire

 

“Toda arquitectura es un refugio, toda gran arquitectura es el diseño del espacio que contiene, exalta, abraza o estimula a las personas en ese espacio”

Philip Johnson

 

“La autoridad no se entiende sin prestigio, ni el prestigio sin el distanciamiento”

Charles de Gaulle

 

Construido entre 1943 y 1951, es obra del arquitecto estrella de la posguerra, Luis Gutiérrez Soto, quien le dio al edificio un aire escurialense que marcó las pautas de la arquitectura oficial del régimen, una arquitectura “genuinamente nacional”. El primer proyecto diseñado para tal edificio tenía una estética plenamente nazi, pero al ser derrotado el Tercer Reich en 1945, se produjo un cambio de orientación y el proyecto fue modificado. El contexto internacional y el devenir de los acontecimientos marcaron las decisiones estéticas de la arquitectura franquista en no pocas ocasiones.

El Ministerio del Aire fue la primera y más monumental obra de una arquitectura fascista netamente española, en la que se producía una síntesis grandilocuente de la obra de Juan de Herrera y Juan Villanueva. Nacía el concepto “neoherreriano” y se consagraba como estilo oficial. El Ministerio del Aire suponía un refugio para la negación de la historia.

Su influencia es fundamental y define el uso de materiales característicos de la estética franquista: piedra, ladrillo y pizarra. La disposición de estos materiales indica su voluntad simbólica: el ladrillo debía ir enmarcado por la piedra, granito o caliza de Colmenar. El uso de la piedra ennoblecía la construcción, pero además había una lectura social y política: el ladrillo debía aparecer “sometido”, ya que representaba al pueblo llano, al vulgo, la plebe, el populacho. Debía cuadrarse ante los que mandan y someterse a ellos. Estas singularidades provenían del intelectual Ernesto Giménez Caballero, consejero nacional de Falange, que identificaba la piedra con el estilo romano, elemento matriz de nuestra cultura. La pizarra, usada por los Habsburgo en los tejados madrileños, la relacionaba con las raíces germánicas. Y el ladrillo, utilizado por moros y judíos, era el pariente pobre: lo identificaba con el pueblo llano al ser “tierra, polvo, marga, pueblo en su lucha contra la piedra dominadora, aria”. La piedra tenía que contener y enmarcar el ladrillo. Esa era su función simbólica: “encuadramiento, jerarquización, ennoblecimiento, falangización de la masa roja ladrillar”. Una “masa roja” en el sentido estricto de los términos, en un contexto de total recelo hacia un pueblo que opuso resistencia feroz al golpe de sus militares más reaccionarios contra el gobierno legítimo de la Segunda República. La pizarra, elemento germánico y ario, según Giménez Caballero, se reservaba para los tejados, convirtiéndose en uno de los rasgos visuales del nuevo Madrid de posguerra (Pallol, 2016:38). Usados en tejados abuhardillados y chapiteles austríacos, se retorna a lo escurialense, donde se comprueba de nuevo la influencia de las construcciones de Felipe II en el estilo arquitectónico franquista.

El monumento expresa cierto elitismo sometiendo a la ciudad que lo rodea. El edificio no está aislado. Lo acompaña una gran plaza de construcciones del mismo estilo pero sin las torres, atributo de autoridad. Torres que recuerdan la distancia entre el pueblo y el poder. Torres que se elevan hacia el cielo por encima de los mortales. La apariencia exterior del edificio y la función para la que se había construido volvían a unir los mitos de Estado y religión, aglutinados por la figura del ejército. Su gran parecido al monasterio de El Escorial hizo que se ganara el apodo de “el monasterio del aire” por parte del pueblo madrileño.

La ciudad universitaria de Madrid: la reforma universitaria

 

“Nada necesita tanto una reforma como las costumbres ajenas”

Mark Twain

 

Al final de la guerra, el 40% del recinto había sido arrasado y todos los edificios mostraban daños importantes. El proyecto de “embellecimiento” de la Ciudad Universitaria estuvo preparado en 1943, aunque la reconstrucción total duraría unos cuantos años.

Comprobamos que se repiten el ladrillo, la piedra y la pizarra utilizados en la construcción del Ministerio del Aire. Estos materiales se dejan ver en las edificaciones de la Ciudad Universitaria: el Museo de América, el Antiguo Instituto de Cultura Hispánica, el Colegio Mayor San Pablo-CEU (imagen anterior), el Colegio Mayor Nª Sra. De Guadalupe, la Casa del SEU (el sindicato estudiantil de Falange), el Colegio Mayor José Antonio, etc. Los edificios de estilo imperial tienen elementos en común: pináculos, pórticos de columnas, frontones, portadas de estilo herreriano, chapiteles, etc.

Se introdujeron capillas en todas las facultades, celebrando una misa con cada inauguración, en parte para bendecir, en parte para exorcizar a los demonios del librepensamiento. Las facultades se encuentran comunicadas mediante terrazas, puentes y jardines, donde podía distinguirse también un monumento a los Héroes Caídos (a los suyos) y un Arco del Triunfo, conocido también como el Arco de la Victoria, que da acceso a la Ciudad.

Los estudiantes no debían olvidar que aquello, además de universidad, era santuario.

Este arco ensalza el triunfo bélico de Franco, a pesar de que, por su aspecto clasicista parece rememorar las hazañas de la civilización romana. Sin embargo, se aprecia una acusada verticalidad (40 metros de altura), que corresponde a la estilización “espiritualista” de la época.

Se pretendía con él rendir el homenaje de España y de la Ciudad Universitaria a su reconstructor, Franco, y homenajear también al ejército y a la juventud universitaria militar, que colaboró en la victoria definitiva contra la vieja Universidad, donde se había fraguado la Revolución marxista (Ortiz, en Cirici, 1977:132).

De nuevo hay una fusión de mitos, ahora unidos al saber: rezuma severidad castrense, con figuras austeras, arcaicas; figuras de ángeles andróginos, inscripciones que hacen alusión a la victoria, al conocimiento y a Dios; y una cuádriga con Minerva en lo alto, la diosa de la Sabiduría y armada diosa militar. Se aprecia cierta inspiración nazi que nos recuerda a la neoclásica Puerta de Brandeburgo.

(Continuará)

Susana Callizo Fernández

Referencias

CASSIRER, E. (1975). Esencia y efecto de símbolo. México: Fondo de Cultura Económica.

CIRICI, A. (1977). La estética del franquismo. Barcelona: Editorial Gustavo Gili, S.A.

CLARAMONTE, J. (2010). La República de los Fines. Contribución a una crítica del arte y la sensibilidad. Murcia: Cendeac.

PALLOL, D. (2016). Construyendo imperio. Guía de la arquitectura franquista en el Madrid de la posguerra. Madrid: Ediciones La Librería.

PARDO, J.L. (2016). Estudios del malestar. Políticas de la autenticidad en las sociedades contemporáneas. Barcelona: Editorial Anagrama.

SANCHO, J.L. (2018). Santa Cruz del Valle de los Caídos (Guía). Madrid: Patrimonio Nacional.

VELASCO, H. (2007). Cuerpo y espacio. Símbolos y metáforas, representación y expresividad en las culturas. Madrid: Editorial Universitaria Ramón Areces.

VILAR, S. (1977). La naturaleza del franquismo. Barcelona: Ediciones Península.

http://jordiclaramonte.blogspot.com/2011/11/esteticas-fascistas.html

http://www.seccion.es/arquitectura/las-cuatro-etapas-de-la-arquitectura-sovietica-3/

https://hisour.com/es/stalinist-architecture-28603/

Imagen del Valle de los Caídos: Susana Callizo Fernández

Imagen del Ministerio del Aire: https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Cuartel_General_del_Ej%C3%A9rcito_del_Aire_de_Espa%C3%B1a_-_02.jpg

Imagen del Colegio Mayor San Pablo-CEU: https://www.verpueblos.com/comunidad+de+madrid/madrid/madrid/foto/1022725/

Imagen del Arco de la Victoria: https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Arco_de_la_Victoria,_Arco_del_Triunfo,_Ciudad_Universitaria_de_Madrid.JPG

 

 

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