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En la presente investigación analizo el comportamiento marcadamente racista de amplios sectores de la sociedad dominicana, haciendo especial énfasis en las particularidades de la provincia de La Romana, una zona donde el cultivo intensivo de caña de azúcar ha hecho de la inmigración haitiana su fuente de mano de obra barata por excelencia.

Este hecho implica que la cuestión racial en República Dominicana abarque dos vertientes bien diferenciadas, una que asocia de manera preponderante color de piel y clase, y otra que asocia afrodescendencia con haitiano-descendencia, generando una profunda xenofobia hacia el país vecino.

La mixtura entre los prejuicios raciales de origen colonial junto con las últimas oleadas migratorias en el país, hacen de la República Dominicana un caldo de cultivo cromático, concebido como indigno para una sociedad moderna, postulada como polo de atracción turístico a nivel mundial.

Nos encontramos ante una sociedad que, a pesar de ser de abrumadora mayoría afrodescendiente, no duda en clasificar negativamente, y de forma tanto sistemática como estructural, a aquellas personas con fenotipos más afro. Una sociedad donde todavía hoy en día, el color de la piel puede ser decisivo a la hora de proporcionar privilegios, asimismo perpetuar la subalternidad de las personas que no gozan de fenotipos más eurodescendientes.

Introducción

Racismo sistémico, xenofobia y afrodescendència[1] en la República Dominicana: Particularidades de la provincia de La Romana, es una investigación que responde a ciertas particularidades de mi bagaje de vida. Mi trayectoria personal y profesional guardan una estrecha relación tanto con el continente africano como con la región del Caribe, donde he vivido de manera intermitente las últimas tres décadas.

A lo largo de este considerable espacio de tiempo, he generado fuertes vínculos relacionales en múltiples estratos de la sociedad dominicana, y debido a las peculiaridades históricas de la isla Ayiti-Kiskeya[2], también de la haitiana, que me han permitido vislumbrar comportamientos xenófobos y racistas, no sólo respecto a la inmigración haitiana, sino también entre la propia población autóctona. Esta inmersión cultural, que a priori fue involuntaria, se ha ido traduciendo paulatinamente en un punto de inflexión vital trascendental, suscitándome una clara motivación por el conocimiento de las sociedades africanas, tanto en su origen en el continente africano como su diáspora.

La cuestión racial es una paradoja de la vida dominicana que penetra en todas las capas de la sociedad. Podemos ejemplificarlo con algunos datos estadísticos que nos deben llevar a la reflexión. Si bien es cierto que el censo dominicano, afirma que los afrodescendientes son poco más del 4% del total de habitantes del país, y que la población, de manera preponderante se autodenomina «india[3]» en referencia a su color de piel, con el fin de alejarse de la africanidad, ni la observación participante, ni las narrativas de vida contadas por los propios informantes, pueden corroborar estos datos.

Cabe decir que, en las cédulas de identidad dominicanas, hasta la última década, ha existido una casilla para identificar el color de la piel o etnicidad (a gusto del consumidor), de su portador, donde la nomenclatura era B (blanco), N (negro) y I (indio), implicando que todo aquel que no se sentía negro se adscribiese a la nomenclatura de indio, mucho más neutra en su imaginario. Un artículo del año 2011 del «Listín Diario», de quien no se dice la autoría, nos acerca a esta peculiaridad dominicana:

 «Aquí nos hemos inventadas un color, el «indio», que no suele aparezco en el polícromo universal. Tal es su categoría o relevancia que se ha considerado necesario insertarlo como un indicador de color de piel en la cédula de identidad y electoral desde tiempos inmemoriales (…) Tal vez el «indio» fue un color que nos inventamos para no creernos negros, un ancestral reflejo de discriminación con el que muchos parecían sentirse tranquilos y, por lo demás, amparados en el consuelo de aceptar que el «negro» solo lo llevan invisible detrás de la oreja” (Listín diario: De «indio» a «mulato», 2011).

Este alejamiento de la ascendencia africana viene influenciado por una educación institucional que impulsa desde la infancia a interiorizar un discurso de indigenismo, en oposición a una africanidad que los acercaría a la sociedad haitiana, la cual sí se reconoce abiertamente afrodescendiente. Hay que tener en cuenta que el término mulato[4] lleva implícita la ascendencia africana, por lo tanto, raramente es empleado, y autodenominarse blanco está básicamente restringido a aquellas personas con fenotipos más claros, muy minoritarios en República Dominicana. La combinación entre el anhelo de ser «diferentes» a los haitianos, junto con los prejuicios raciales de raíz colonial, constatan la complejidad del objeto de estudio.

La relevancia de esta distorsión numérica radica en una idea heredada del colonialismo, el concepto de blanquear la raza[5], generando confusión y conflicto social. Hay que remarcar que, tanto en tiempos pretéritos como en la actualidad, el tono de la piel y el tipo de cabello puede ser decisivo a la hora de lograr un derecho tan fundamental como el de tener acceso a un trabajo digno.

¿Pero, porque seguimos inmersos en esta situación anacrónica? Y, sobre todo, ¿porque se ha perpetuado el racismo sistémico o estructural dentro de una sociedad que debería reconocerse mayoritariamente afrodescendiente? ¿Cómo es posible que, aún hoy en día, sea provechoso tener (o aparentar) un fenotipo occidental (u occidentalizado) para disfrutar de una mejor calidad de vida?

El racismo entre los propios afrodescendientes en República Dominicana es un racismo que aumenta de manera exponencial si la persona racializada es de origen haitiano. El racismo sistémico hacia todo aquello que no se parezca a los estereotipos occidentales, en un país con una abrumadora mayoría de población con ascendencia africana, nos obliga a hacer una epistemología que nos aclare esta aparente contradicción.

Joan López Alterachs

Antropólogo africasnista

[email protected]

Referencias

Allende, I. (2009). La Isla Bajo el Mar. Barcelona: Plaza & Janes.Bordieu, P. (2012). Intelectuales politica y poder. Buenos Aires: Coedición Eudeba. Cassá, R. (1983). Historia social y económica de la República Dominicana. Santo Domingo: Alfa y Omega.Fanon, F. (2009). Piel negra, máscares blancas. Madrid: Akal.Hopenhayn, M. i Bello, A. (2001). Discriminación étnico-racial y xenofobia en América Latina y el Caribe. CEPAL, Naciones Unidas,  División de Desarrollo Social. Santiago de Chile, Maig de 2001.Mateo, L. A. (2018). La afrodescendencia en la sociedad dominicana. Entre la blancofilia y la negrofobia (tesi doctoral). Universidad Complutense de Madrid, Madrid, Espanya.

Moya, F. (2010). Historia de la República Dominicana. SantoDomingo: Doce Calles.

Moya, F. (2008). Historia del Caribe. Azúcar y plantacions en el mundo atlántico. Santo Domingo: Ferilibro.

https://listindiario.com/editorial/2011/11/11/210567/deindioamulato (Consulta: 31/05/2021)

[1] Personas descendientes de los pueblos africanos llegados a el continente americano en la época colonial a partir del tráfico de personas esclavizadas, que históricamente han sido víctimas de racismo, discriminación racial, pobreza y exclusión, con la consecuente negación reiterada de sus derechos humanos (https://www.aecid.es 10/05/25021).

[2] Denominación indígena de la isla que comprende las naciones de Haití y República Dominicana, que los

españoles, durante la conquista, rebautizaron con el nombre de La Española.

[3] En el formulario para levantar el último padrón electoral (2010), aparecía un espacio destinado a registrar la raza y / o el color. Los ciudadanos, en el momento de realizar su registro, se declararon, o aceptaron ser clasificados por las personas que llenaban los formularios, de la siguiente manera: población «india» 82,05%, negra 4,13%, blanca 7,55% y amarilla 0,8% (Moya, 2010).

[4] Hijo de una persona blanca y de otra negra (https://www.enciclopedia.cat/ 05/31/2021).

[5] El blanqueamiento de la piel es una práctica social, política y económica utilizada en muchos países postcoloniales: «mejorar la raza» hacia un supuesto ideal de blancura

(https://www.losmulatos.com/2018/06/mejorar-la-raza-traves-del.html 02/28/2021).

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